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Karol


Corren todo tipo de apuestas sobre el futuro de la Iglesia. Al próximo Papa, le quedará muy difícil llenar la camisa de Karol.
PARA MÍ, y mis contemporáneos, Juan Pablo II (Karol, en adelante), es el único Papa que hemos conocido o podemos recordar claramente. Atesoro con nostalgia, el día que llegó a mi casa el primer televisor a color. Encendí el aparato y lo primero que vi fue la misa de Gallo, celebrada por él en 1981. Dos años después, pasaba frente a mí en la intersección de Vía España y Vía Fernández de Córdoba, en su "Papa-Móvil". "¿Por qué es tan rosado?", pregunté a mi mamá, cándidamente.
A Karol le tocó llevar a la Iglesia Católica al tercer milenio. Fue el Papa, que más viajó, el que a más personas ha visto y escuchado, el que más ha utilizado los medios de comunicación en los ocho idiomas que habla, el que más escribió y el primero en visitar una sinagoga, una iglesia protestante y una mezquita.
De origen polaco, Karol siempre se proclamó defensor de la libertad de las personas. Nunca ocultó su animadversión contra los países del Este y la Unión Soviética. Sostuvo una tensa relación que con los regímenes comunistas. Por ello, en materia económica, fue tajante al declarar que para solucionar la denominada "injusta distribución de las riquezas", los socialistas instigan a las pobres al odio contra los ricos y tratan de acabar con la propiedad privada, estimando que todos los bienes sean comunes. Insistía en que esta teoría, incluso, llega a perjudicar a las propias clases obreras.
En otros temas, la Iglesia fue menos sensata. La cantidad de católicos viene en descenso, especialmente en Latinoamérica donde vive la mitad del billón de seguidores del catolicismo. La gente se siente ajena a una Iglesia que censura el divorcio, no está dispuesta a escuchar, autoritaria, que habla contra el uso del preservativo y que no se adapta a las necesidades naturales de las personas. Los escándalos por abusos a menores, por parte de sacerdotes, no ayudan demasiado.
Si no hace cambios en sus estructuras centralizadas y en sus mensajes autoritarios, el catolicismo puede sufrir un colapso antes de la mitad del siglo XXI, con millones de feligreses matriculándose en las iglesias evangélicas.
En 1978, a la muerte Pablo VI, es elegido nuevo Papa, el Cardenal Albino Luciani de 65 años, quien tomó el nombre de Juan Pablo I. Éste fallece un mes después de su nombramiento y el 15 de octubre de 1978, Karol Wojtyla es elegido como su sucesor, rompiendo con cuatro siglos de Papas Italianos. La historia lo registrará como un hombre que tuvo el raro privilegio de consagrarse a una misión e influenciar profundamente la historia.
Ahora, corren todo tipo de apuestas sobre el futuro de la Iglesia.
Al próximo Papa, le quedará muy difícil llenar la camisa de Karol, no sólo por su rol en los logros alcanzados y los retos pendientes, sino además, por la simpatía y afecto que sembró y cosechó.

101 años de Panamá América

 
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