Kenneth Starr: El investigador parcializado
Kenneth Starr fue impuesto por la mayoría congresional del Partido Republicano para investigar el caso Whitewater, sobre unos préstamos recibidos por el entonces Gobernador de Arkansas, allá por los años ochenta. Se enfrascó en una persecución incesante, llamó a testigos, los presionó más allá de sus facultades legales para que prestaran testimonio contra el Presidente. Hasta la fecha, Starr no pudo envolver en la tela de araña de su estrategia acusadora, al Presidente ni a su esposa. Posee una oficina que se paga con cargo al presupuesto de la Secretaría de Justicia y dispone de agentes que trabajan para él, husmeando papeles, recopilando chismes a diestra y siniestra.
No hace falta agregar nada más al curriculum del "independiente" señor Starr que es miembro de la mafia de abogados y dirigentes retirados que realizan los dirty jobs (trabajos sucios) del Partido Republicano.
La derrota de Bush dejó a los republicanos sin candidatos; era imperativo destruir la nueva imagen emergente, Clinton y su esposa Hillary.
La primera tarea: sabotear el programa de reformas sustanciales a la seguridad social, enfrentando los altos costos que perciben las compañías de seguros y las tarifas prohibitivas de la American Medial Association (AMA).
Los grupos de derecha preocupados por el retorno del Partido Demócrata a la Casa Blanca, aportaron en conjunto 500 millones de dólares para sufragar una campaña de descrédito contra la Primera Dama, mediante cuñas y entrevistas preparadas para transmitirlas por los tres grandes canales, NBC, ABC y la CBS.
Lograron su propósito: la inexperiencia del joven exgobernador y su esposa, dedicada al ejercicio de la abogacía, sucumbieron ante la difamación, porque se había echado a rodar, la especie de, que Hillary Clinton sería la presidenta de Estados Unidos cuando finalizaran los dos períodos que se agotan en el año dos mil.
Vino entonces la ofensiva de las elecciones de medio tiempo y con el Contrato para América, que barría con todas las conquistas sociales plasmadas por Franklin Delano Roosevelt en sus 3 períodos consecutivos (12 años) le pusieron la etiqueta de liberales muy peligrosos a la joven pareja. Los republicanos acumulan la votación necesaria para consolidar su mayoría en ambas cámaras... Clinton asimiló el golpe y sin pérdida de tiempo montó su campaña de reelección y no les permitió la victoria presidencial.
La tarea inmediata: hostigarlo con la mayoría congresional y no dejarlo llevar adelante ninguno de sus programas socio-económicos.
Starr no puede concretar cargos de malversación o de préstamos ilegales contra los Clinton, tampoco puede formular cargos concretos de ningún tipo. Ese expediente ya no les sirve y Starr, saliéndose del marco investigativo, por medio de Linda Tripp prepara una conversación telefónica con otra exbecaria Mónica Lewinsky, en la que la joven californiana repite su historia de las aventuras sexuales con el Presidente. Linda Tripp llevó la grabación a Starr, los medios de comunicación se encargaran de lo demás.
No hace falta agregar nada más al curriculum del "independiente" señor Starr que es miembro de la mafia de abogados y dirigentes retirados que realizan los dirty jobs (trabajos sucios) del Partido Republicano.
La derrota de Bush dejó a los republicanos sin candidatos; era imperativo destruir la nueva imagen emergente, Clinton y su esposa Hillary.
La primera tarea: sabotear el programa de reformas sustanciales a la seguridad social, enfrentando los altos costos que perciben las compañías de seguros y las tarifas prohibitivas de la American Medial Association (AMA).
Los grupos de derecha preocupados por el retorno del Partido Demócrata a la Casa Blanca, aportaron en conjunto 500 millones de dólares para sufragar una campaña de descrédito contra la Primera Dama, mediante cuñas y entrevistas preparadas para transmitirlas por los tres grandes canales, NBC, ABC y la CBS.
Lograron su propósito: la inexperiencia del joven exgobernador y su esposa, dedicada al ejercicio de la abogacía, sucumbieron ante la difamación, porque se había echado a rodar, la especie de, que Hillary Clinton sería la presidenta de Estados Unidos cuando finalizaran los dos períodos que se agotan en el año dos mil.
Vino entonces la ofensiva de las elecciones de medio tiempo y con el Contrato para América, que barría con todas las conquistas sociales plasmadas por Franklin Delano Roosevelt en sus 3 períodos consecutivos (12 años) le pusieron la etiqueta de liberales muy peligrosos a la joven pareja. Los republicanos acumulan la votación necesaria para consolidar su mayoría en ambas cámaras... Clinton asimiló el golpe y sin pérdida de tiempo montó su campaña de reelección y no les permitió la victoria presidencial.
La tarea inmediata: hostigarlo con la mayoría congresional y no dejarlo llevar adelante ninguno de sus programas socio-económicos.
Starr no puede concretar cargos de malversación o de préstamos ilegales contra los Clinton, tampoco puede formular cargos concretos de ningún tipo. Ese expediente ya no les sirve y Starr, saliéndose del marco investigativo, por medio de Linda Tripp prepara una conversación telefónica con otra exbecaria Mónica Lewinsky, en la que la joven californiana repite su historia de las aventuras sexuales con el Presidente. Linda Tripp llevó la grabación a Starr, los medios de comunicación se encargaran de lo demás.