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La 5ª: sí se puede


Mi buen amigo Ezequiel ‘Chichilingo’ Rodríguez, suele recordarme -con mucha sabiduría- que “las cosas que por sabidas se callan, por calladas se olvidan”. Y esto es lo que parece estar ocurriendo con la propuesta democrática, pacífica y participativa de alcanzar una Asamblea Constituyente por la vía de la quinta papeleta. El acto sencillo, pero histórico, de entrega de las más de 94 mil firmas ciudadanas a favor de una consulta para decidir, si el pueblo panameño quiere o no una nueva Constitución por la vía Constituyente, ha querido ser opacado por el engreimiento y avaricia de unos, así como por el sectarismo y el miedo a la democracia de otros.
Los medios a los cuales han recurrido, para intentar demeritar y ocultar el clamor ciudadano por un cambio, varían según los deshauciados personajes de nuestro acontecer político partidista. Sin embargo, me preocupa más lo que callan que lo que dicen, dado que buscan con ello arremeter con sus antidemocráticos mecanismos de querer hacernos olvidar hechos elementales.
En efecto, empiezan por pretender que olvidemos que la actual Constitución es un texto impuesto, de matriz antidemocrática, emparchado y que sólo sirve de camisa de fuerza para impedir el desarrollo social, económico y político de la formación social panameña. No les gusta que les recordemos que, únicamente por sus orígenes espúreos, la actual constitución militarista necesita ser cambiada y que esta vez tiene que ser con la participación de todos los hombres y mujeres de este país y no por decisión de cuatro gamonales y sus notables, proclives a la genuflexión y no a la participación.
Nos insisten en que “la Constituyente no es una prioridad” y que “la Constitución sólo se puede cambiar por la vía establecida”, o bien “ese es un tema que corresponderá al próximo Gobierno...”; para no mencionar las afirmaciones apocalípticas tipo: “nadie sabe qué va a pasar” con la quinta papeleta y la Constituyente”; o bien las preguntas que bajo la etiqueta de ‘inocentes’ conllevan la perversidad de la ignorancia inexcusable, como aquella de “¿quién nos asegura que la nueva Constitución va a ser mejor que la de ahora?” En pocas palabras: excusas para no hacer nada, siempre ha habido y habrá; pero para evitar que el pueblo sea actor y no espectador, todo parece indicar que en Panamá -contrariamente al resto del mundo- se han unido para tal propósito los más extraños y disímiles personajes e intereses, ligados por un solo cordón umbilical: evitar que Panamá cambie, que los panameños cambiemos, que aprendamos a ser mejores y a superarnos. Nos recuerdan aquel diputado de la Asamblea francesa de 1791 que insistía: “Debemos hacer todo por el pueblo, pero no permitir que el pueblo haga nada por sí mismo”.
Y, en esa posición se colocan los tres magistrados del Tribunal Electoral al pregonar a los cuatro vientos su sermón de que el pueblo panameño no tiene derecho a ejercer su poder soberano “porque no está preparado” y “podría confundirse”, si se incluye la quinta papeleta. Claro, para ellos, como dogmatizadores, siempre ha sido más fácil sermonear que discutir. En otras palabras, coherentes con su tradicional sumisión a las cúpulas de los partidos políticos, los “prohombres” del Tribunal Electoral desprecian al poder ciudadano y se convierten en espoliques de los intereses políticos partidistas, cuyos privilegios defienden a ultranza. (v.gr. Decreto 20 de junio de 2003, entre muchos otros).
Negarse a incluir la quinta papeleta en los comicios del 2 de mayo, como lo hacen las dirigencias de los partidos y otras, en contubernio con los magistrados del Tribunal Electoral, es algo más que el fusilamiento de la esperanza, anhelos y ejercicio del derecho de petición de cambio de la mayoría de los ciudadanos panameños, es un gravísimo error político que no tardarán en pagar todos y cada uno de los que, por acción u omisión, han participado en el mismo. Ello es así porque sabemos bien que la quinta papeleta, como consulta popular, es necesaria para evitarnos que el rosario de engaños electorales prosiga sin freno.
De igual manera, sabemos los panameños que lo que no se puede es hablarnos de “visión de futuro”, de “patria nueva”, de “cero corrupción”, de “menos desempleo” o de la cadena sin fin de falacias que divulgan los unos y los otros si, al mismo tiempo le niegan a la ciudadanía el derecho inalienable a ser consultada si quiere o no una nueva Constitución vía constituyente. La quinta papeleta sí se puede, lo que no hay es memoria; lo cual nos confirma que en Panamá, más que en muchísimos otros sitios, “la memoria es evidentemente una de las prófugas de la política”.

101 años de Panamá América

 
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