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La ACP nos extirpará un pulmón y ¡nadie protesta!


Después de escuchar al caballeroso y esquivo director de la ACP, Ing. Alberto Alemán Zubieta, funcionario que tras reiteradas invitaciones, ¡al fin! aceptó brindar una entrevista para el beneficio de la comunidad, radiada por KW Continente y realizada por el veterano periodista de viejas espuela, pero siempre amoladas, Don Mario Velásquez, donde el entrevistado visto más por su acostumbrada actitud indiferente y fría, sorprende a los radioescuchas con inexplicables superficialismos, los que llamaron la atención como los que siguen... "Que la ACP puede prohibir el trasiego de basura radioactiva por el Canal. Sin embargo, él no lo hace porque en el futuro otros grupos podrían presionar hasta el extremo, para que no transiten por la vía barcos transportando petróleo". (Comparación absurda) Y dijo más... "Estos desechos radioactivos letales, antes de pasar por nuestro Canal, fueron transportados por carreteras y ferrocarriles, atravesando pueblos y ciudades de Francia, Inglaterra y Japón, hasta estibarse en las naves". (Quizás para convencernos, si en aquellas ciudades más desarrolladas no hubo alarmas ni protestas, ¿cuál es la bulla de los panameños?)
Lógicamente nuestro sentido común ripostó: A los países con plantas termonucleares, no les queda otra alternativa que afrontar el riesgo de "botar su propia basura". Panamá, ni otro país en la región latinoamericana, utiliza ni produce desechos radioactivos. Por consiguiente, nada nos obliga a compartir el mismo.
Lo cierto es que inmediatamente terminó más que la entrevista, el primer examen público al señor director de la ACP con calificaciones apenas modestas, quizás por el rigor del periodista examinador, perplejo aún crecieron mis viejas dudas sobre los planes que adelantan los de la ACP, para transformar casi 500km2 de bosques vírgenes y toda su biodiversidad, incluyendo a campesinos y costeños, en un inmenso lago tan grande como la isla de Coiba, donde además cabría tres veces el distrito de San Miguelito. Lo que equivaldría extirparle a la ciudad capital, Colón, San Miguelito y La Chorrera, éste su insustituible "bosque pulmón" oxigenador, situado a sólo 60 kilómetros de distancia, del eje poblacional transístmico con 1,4 millón de panameños y 275 mil vehículos que transitan diariamente por el mismo, con sus emanaciones de gases venenosos.
Con tamaña preocupación, tuve que arribar a la conclusión de que este trascendental tema de interés nacional, debe ser sometido, y pronto, a un saludable debate público y abierto a todas las ideas, a través de mesas redondas televisadas y radiadas desde los diferentes paraninfos de nuestras universidades. Y lo concibo de esta manera, porque al analizar el resultado de esta entrevista con el #1 de la ACP, nadie puede asegurar hoy de manera indudable y convincente, que la alternativa que tutelan y acarician los directivos de la ACP, de sustituir este "pulmón verde" vital para la capital, por otro lago tan grande como el viejo Gatún, no sea también producto de improvizaciones o superficialismos.
En otras palabras, el resultado de una imposición caprichosa sobre la sensatez y bienestar común. De todo esto se desprende además, que los estudios contratados sobre la cuenca ya en plena ejecución (por cierto fuera de concurso), no van dirigidos a la búsqueda de una factibilidad pura y real del embalse, sino quizás más bien adornar y ponerle un vestido atractivo a la propuesta, hasta convertirla en exclusiva e imprescindible para la modernización del Canal.
En otro orden de acontecimientos afines, la confrontación pública reciente entre los profesionales Ing. Thomas Drohan Ruíz, ex director y jefe de ingeniería del Canal, ya jubilado y el Ing. Agustín Alberto Arias, director de la Oficina de Proyectos de Capacidad del Canal, divulgada en el diario "El Panamá América", es oportuna y saludable, ya que de manera espontánea comienzan a producirse "los topes" iniciales entre los profesionales y especialistas, para que desemboquemos finalmente en los necesarios debates a la luz de toda la Nación, los que a manera de sugerencia debe incluirse, la conveniencia de incorporar y sincronizar dentro del "Plan Maestro Sobre la Estrategia para el Desarrollo Nacional", el impacto importante en nuestra economía, las operaciones del Canal, puertos, política naviera y ferroviaria del país, claro es, sin pretender violentar el Título Constitucional XIV, el que abriga y ampara el Canal.
En adición importante a este tema, asimilamos los escritos del director de la ACP, Dr. Adolfo Ahumada, lúcido compañero de aquel extraordinario gabinete del comandante Omar Torrijos, como su apoyo frontal y decidido del embalse, ya que es lo que subyace sin espacio a dudas. Sin embargo, aunque sus conceptos fueron emitidos dentro del marco de su verdad íntima, los cuales aunque no comparto respeto, los considero frágiles y eufemísticos, los que a mi juicio apuntan a lubricar y mitigar desde hoy, el choque traumático que desmejorará la calidad de vida de 1,4 millón de ciudadanos.
Al expresar los términos frágiles y eufemísticos, deseo sugerir a los amables lectores que saquen sus propias conclusiones como sigue... ¿Al pasar los años, dónde irán a parar los hijos y nietos de las familias campesinas que el embalse expulsaría de la cuenca? Serían reubicados en poblados con alta promiscuidad, con indemnizaciones lisonjeras y volátiles. Otros engrosarían los cordones de miseria y turbas de protestas, cierre de vías por reclamos de los servicios básicos, los cuales hoy ya son insuficientes. Incrementándose la delincuencia, asaltos, desempleo, drogadicción, policía insuficiente, etc., etc. Según "Panamá en Cifras" de octubre de 2000, en la cuenca y desembocadura de los tres ríos que afectarían el embalse, viven 20 mil campesinos y costeños, de manera modesta y segura. Son casi autosuficientes, pues es muy poco lo que demandan de los gobiernos, como educación básica y salud. Producen sus propios alimentos en un hábitat saludable y sin fronteras.
Según el mismo documento oficial, el índice de mortalidad en la cuenca es menor que en los barrios pobres de las ciudades del país. Preguntaríamos: ¿Quién es más feliz y vive en un ambiente superior, el ciudadano de los apartamentos tipo gaveta de los multifamiliares Chucunaque, Tuira, San Joaquín, Chorrillo, con vehículo, cable y todas las facilidades que ofrece la ciudad, o el campesino en aquel entorno natural verde rodeado de árboles, ríos, mar, aire puro, donde pesca y caza sus proteínas, donde se desplaza a caballo o piragua con acceso a educación y salud básica?.
Finalmente, la modernización de nuestro Canal ¡claro que debe darse!, empero sin más sacrificios, desarraigos drásticos, ni la destrucción del medio ambiente. ¿Por qué razón los capitalinos y los campesinos, tenemos que tolerar impasibles y como decisión final, que la ACP nos mutile el pulmón más importante, el que le brinda buena calidad de aire y salud a la capital y Colón, con la excusa simplista de que el Canal lo necesita para su modernización? ¿Debe sacrificar el pueblo panameño su salud y permitir que disminuya su esperanza de vida, a cambio de 226 millones de dólares anuales?.
Concluyendo, es cierto que "El Canal no es ni podrá ser la tabla de salvación de la subsistencia nacional", como lo afirma la ACP. En esto todos estamos de acuerdo..." Pero, más cierto es que hoy siendo el Canal una de las instituciones más valiosas e importantes del Estado, nuestra República no puede seguir aislada de este bien y seguir jugando el ofensivo rol de una "servidumbre colonizada" con toda su población, al servicio incondicional, obediente y sometida a la vía interoceánica, como si aún existiera la figura de un "Mr. Gobernor y US. ARMY". Vale agregar entonces, "Que no podemos seguir acondicionando el desarrollo de nuestra República, ¡cogidos de la cola! y siempre detrás de las prioridades del Canal.

101 años de Panamá América

 
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