La ACP: visión del panameño
Somos afortunados de vivir en Panamá, por tener un potencial humano y estratégico indiscutible, por tener el liderazgo de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). Sin duda, a través de los años, el país ha ocupado un sitial prominente en los medios internacionales, a pesar de ser relativamente pequeña. A menudo, ha tenido el dudoso honor de ser considerada como el centro por excelencia de la corrupción; pero, por encima de todo, es el hogar del Canal y de los panameños. Me llama la atención, el interés que concita toda acción de la ACP. Para el observador imparcial, resulta intrigante que estas reacciones son, en muchos casos, negativas. Los criterios que se invocan en defensa de dichas opiniones son, muchas veces, subjetivos o parcializados, enfatizando tan sólo aspectos negativos. A todas luces, es el momento del gran reto para Panamá, la ACP y el panameño. O damos la cara con fortaleza, valor e inteligencia a este desafío histórico, a pesar de la tormenta y el sensacionalismo noticioso, o pasamos a la historia como enclenques, huérfanos de espíritu para enfrentar y vencer.
Si optamos por sucumbir a las críticas, diremos al mundo y a las generaciones futuras de panameños que no tuvimos las agallas ni la estatura histórica para realizar esta gran labor. Tendremos que dar cuenta de nuestra cobardía y negativismo. Si decidimos caminar en pos de la visión de Panamá y del panameño, hemos de apoyar a nuestra ACP. Aunque no sea todavía perfecta (¿y hay alguien que lo sea?), constituye nuestra mejor carta para dar un giro a la imagen distorsionada de Panamá, tan golpeada por décadas a nivel internacional. La ACP no es sólo un Canal; representa al panameño de hoy y del futuro.
Albert Einstein dijo: "No hay mayor signo de demencia que hacer la misma cosa una y otra vez, y esperar que los resultados sean distintos". En esa línea de pensamiento, la ACP se atreve a hacer cosas innovadoras con el fin de lograr los resultados anhelados para Panamá. Ese esfuerzo implica necesariamente el riesgo de equivocarnos; pero también la oportunidad de aprender y triunfar. Y el triunfo, no nos llamemos a engaño, inevitablemente conlleva "que le tiren piedras a los árboles con frutos". Nuestro deber es respaldarla, ofreciéndole confianza, nuestro aliento y comentarios constructivos con respeto y dignidad. A los que nos toca la oportunidad histórica de laborar activamente dentro de la ACP, nos corresponde luchar con nuestra creatividad, entusiasmo y talento, para sacarla adelante. No destruyamos lo nuestro, ni aceptemos que otros lo hagan. Sepamos captar la tergiversación de los hechos. Leamos para entender las intenciones ocultas. Tengamos visión para comprender que el papel histórico de la ACP es liderar el cambio de Panamá. Apoyemos a Panamá, apoyando a la ACP.
¿Por qué la ACP sometió a la Asamblea Legislativa, todo un Organo del Estado, hasta lograr que se archivara el Proyecto de Ley 58 que prohibía el trasiego de plutonio por el propio corazón de la República? ¿Cuántos parientes de políticos influyentes y legisladores, gozan de altos salarios en la ACP? ¿Estarán enterado los tres presidentes, lo que está ocurriendo en la República vecina?
Muchos de esos guías abandonan a los incautos jóvenes en las montañas, después de haber cobrado el dinero. ¿Consecuencia? Una muerte segura.
El experimentado caminante relató que en la trocha de Acandí a Tuquesa hay un punto que se llama "Adiós mi pueblo", que debe cruzarse introduciendo dedos y pies en la roca. Abajo, además del precipicio, le esperan a la persona árboles totalmente pelados, cual gigantescas espinas.
"El que cae, ¡no vuelve!", comentó. De ahí el nombre.
También hay la alternativa de cruzar el río, pero la debilidad de sus cuerpos adoloridos y agotados, los hace presas fáciles de las corrientes.
"Sólo hay dos caminos: llegar o morir", recalcó Mena.
Dijo haber visto cómo mujeres y hombres caminan con los pies desangrándose, porque sus zapatos no aguantan la caminata entre piedras, palos, monte y agua.
Muchos van dejando poco a poco los escasos utensilios y prendas de vestir por el camino, a fin de aminorar el peso.
Quienes se aventuran por esos caminos, deben enfrentarse a víboras X, Mapaná, Patoca o Verrugosa, así como a los tigres y al mosquito, que él denomina "Pito", pero que en realidad es el Flebotomo, que trasmite la leshmaniasis.
A Mena le tocó pasar 18 días en el hospital como consecuencia de la picada de "Pito".
Informó, como dato curioso, que hay expedicionarios que arriesgan su vida, sólo para escribir sobre los peligros de las trochas. Ellos hacen el recorrido, armados con mapas y brújulas, aun cuando cuentan con el recurso económico para viajar en avión a donde se les antoje.
Esos caminos también son usados por comerciantes que venden sus productos en poblaciones fronterizas colombianas, donde ganan más aunque tengan que arriesgar sus vidas.
El caminante, siempre dispuesto a hablar, aunque con mucha cautela y eligiendo las palabras, informó que había varias trochas más, pero que por la falta de uso, se han perdido en la espesura de la selva.
Ahora bien, se trata sólo de las trochas de Darién centro, pues también las hay en el sector Pacífico (para llegar a Jaqué) y en el Caribe (para llegar a Puerto Obaldía).
Allá en Yaviza quedó el intrépido aventurero, presto a seguir retando a la suerte transitando esos caminos de terror, uno de ellos recorrido parcialmente por El Panamá América.
Si optamos por sucumbir a las críticas, diremos al mundo y a las generaciones futuras de panameños que no tuvimos las agallas ni la estatura histórica para realizar esta gran labor. Tendremos que dar cuenta de nuestra cobardía y negativismo. Si decidimos caminar en pos de la visión de Panamá y del panameño, hemos de apoyar a nuestra ACP. Aunque no sea todavía perfecta (¿y hay alguien que lo sea?), constituye nuestra mejor carta para dar un giro a la imagen distorsionada de Panamá, tan golpeada por décadas a nivel internacional. La ACP no es sólo un Canal; representa al panameño de hoy y del futuro.
Albert Einstein dijo: "No hay mayor signo de demencia que hacer la misma cosa una y otra vez, y esperar que los resultados sean distintos". En esa línea de pensamiento, la ACP se atreve a hacer cosas innovadoras con el fin de lograr los resultados anhelados para Panamá. Ese esfuerzo implica necesariamente el riesgo de equivocarnos; pero también la oportunidad de aprender y triunfar. Y el triunfo, no nos llamemos a engaño, inevitablemente conlleva "que le tiren piedras a los árboles con frutos". Nuestro deber es respaldarla, ofreciéndole confianza, nuestro aliento y comentarios constructivos con respeto y dignidad. A los que nos toca la oportunidad histórica de laborar activamente dentro de la ACP, nos corresponde luchar con nuestra creatividad, entusiasmo y talento, para sacarla adelante. No destruyamos lo nuestro, ni aceptemos que otros lo hagan. Sepamos captar la tergiversación de los hechos. Leamos para entender las intenciones ocultas. Tengamos visión para comprender que el papel histórico de la ACP es liderar el cambio de Panamá. Apoyemos a Panamá, apoyando a la ACP.
¿Por qué la ACP sometió a la Asamblea Legislativa, todo un Organo del Estado, hasta lograr que se archivara el Proyecto de Ley 58 que prohibía el trasiego de plutonio por el propio corazón de la República? ¿Cuántos parientes de políticos influyentes y legisladores, gozan de altos salarios en la ACP? ¿Estarán enterado los tres presidentes, lo que está ocurriendo en la República vecina?
Muchos de esos guías abandonan a los incautos jóvenes en las montañas, después de haber cobrado el dinero. ¿Consecuencia? Una muerte segura.
El experimentado caminante relató que en la trocha de Acandí a Tuquesa hay un punto que se llama "Adiós mi pueblo", que debe cruzarse introduciendo dedos y pies en la roca. Abajo, además del precipicio, le esperan a la persona árboles totalmente pelados, cual gigantescas espinas.
"El que cae, ¡no vuelve!", comentó. De ahí el nombre.
También hay la alternativa de cruzar el río, pero la debilidad de sus cuerpos adoloridos y agotados, los hace presas fáciles de las corrientes.
"Sólo hay dos caminos: llegar o morir", recalcó Mena.
Dijo haber visto cómo mujeres y hombres caminan con los pies desangrándose, porque sus zapatos no aguantan la caminata entre piedras, palos, monte y agua.
Muchos van dejando poco a poco los escasos utensilios y prendas de vestir por el camino, a fin de aminorar el peso.
Quienes se aventuran por esos caminos, deben enfrentarse a víboras X, Mapaná, Patoca o Verrugosa, así como a los tigres y al mosquito, que él denomina "Pito", pero que en realidad es el Flebotomo, que trasmite la leshmaniasis.
A Mena le tocó pasar 18 días en el hospital como consecuencia de la picada de "Pito".
Informó, como dato curioso, que hay expedicionarios que arriesgan su vida, sólo para escribir sobre los peligros de las trochas. Ellos hacen el recorrido, armados con mapas y brújulas, aun cuando cuentan con el recurso económico para viajar en avión a donde se les antoje.
Esos caminos también son usados por comerciantes que venden sus productos en poblaciones fronterizas colombianas, donde ganan más aunque tengan que arriesgar sus vidas.
El caminante, siempre dispuesto a hablar, aunque con mucha cautela y eligiendo las palabras, informó que había varias trochas más, pero que por la falta de uso, se han perdido en la espesura de la selva.
Ahora bien, se trata sólo de las trochas de Darién centro, pues también las hay en el sector Pacífico (para llegar a Jaqué) y en el Caribe (para llegar a Puerto Obaldía).
Allá en Yaviza quedó el intrépido aventurero, presto a seguir retando a la suerte transitando esos caminos de terror, uno de ellos recorrido parcialmente por El Panamá América.