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La administración Bush frente al Senado de los EE.UU.


En los Estados Unidos la decisión del senador de Vermont, James Jeffords, de abandonar las filas del Partido Republicano, se considera un terremoto político que ha estremecido a la Casa Blanca y que ha causado impacto en todo el mundo.
La dramática decisión del senador Jeffords motivada por el rechazo de la Administración Bush de su programa educativo de asistencia a los niños impedidos, le transfiere a los demócratas el control del Senado y virtualmente descarrila el agresivo Plan de Gobierno del presidente George W. Bush. Su programa legislativo, que parecía marchar sobre rieles, queda evidentemente desfasado. Dentro del régimen constitucional de los Estados Unidos son las Comisiones del Senado, que ahora serán presididas por los demócratas, las que deciden de modo inapelable cuáles asuntos, sujetos a acción legislativa, podrán pasar a ser considerados por el Senado.
Tiene mucha significación para la política nacional de los Estados Unidos que el senador Tom Daschle, demócrata de Dakota del Sur, desplace como líder de la mayoría del Senado al senador Trent Lott, republicano de Massachussets; pero tiene aún mayor significación para la política exterior de ese país que el senador Joseph R. Biden, demócrata de Delaware, tome la posición de Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores en reemplazo del senador Jesse Helms, republicano de Carolina del Norte, quien cesa en esa influyente posición en la cual creó incontables obstáculos en las relaciones de la Nación Norteamericana con los países de este hemisferio y con la Organización de las Naciones Unidas.
Jesse Helms es ampliamente conocido. Su personalidad ha sido suficientemente descrita. Se trata de un político de muy particulares quilates y experiencia. Los analistas políticos se habituaron al acento de mordacidad, de causticidad y de acrimonia que habitualmente le ponía a sus declaraciones a la prensa. También los periodistas dan cuenta de la experiencia que siempre han tenido de salir de una entrevista con Jesse Helms, con algo más que su permanente insistencia en que lo único importante en la política exterior de los Estados Unidos es servir a los intereses de esa nación.
En la memoria de los periodistas internacionales, Jesse Helms es un político americano imbuido de la idea de que la única nación que cuenta es la norteamericana. Esa idea fija, inalterable, obsesiva, convirtió a Jesse Helms en un presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores conocido en todo el mundo, como uno de los parlamentarios más ultraconservadores del planeta, con sus consecuentes derivaciones autoritarias, dado el poder del Senado y dada la potencia de los Estados Unidos.
Mi propósito no es referirme a la sofisticación de una visión según la cual, después de la caída del muro de Berlín, el mundo debía ser incondicionalmente pro-americano, pro-occidental, pro-capitalista. Mi propósito es expresar la esperanza de que la sustitución de Helms por Biden auspicie un cambio positivo en la Presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos.
El ascenso del Senador Biden a esa alta posición es motivo de complacencia para la comunidad internacional y singularmente para el pueblo panameño, que tiene inscrito en la memoria de la Patria el hecho de que Joseph R. Biden fue uno de los miembros del Senado de los Estados Unidos que aprobó los Tratados Torrijos-Carter.
El senador Biden aporta a la Presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores su experiencia legislativa que data desde su ingreso al Senado de los Estados Unidos en enero de 1973. Tiene una bien ganada reputación internacional como innovador de políticas, legislador certero y personero de su partido en la sustentación de cuestiones que alcanzan desde las relaciones internacionales y el control de armamentos, hasta la prevención de la delincuencia y el control de drogas prohibidas.
El senador Biden se ha destacado en el campo de la política internacional. En enero de 1997, Biden vino a ser el demócrata de mayor jerarquía en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. Biden es ampliamente reconocido como uno de los más autorizados expertos en política exterior del Senado. Fue uno de los primeros en predecir el colapso del comunismo y en trabajar para que se hiciera una redefinición de la política exterior americana que encuadrara en el mundo de la post-guerra fría.
Para los países que como Panamá han sufrido los daños de la contaminación ambiental causados por las operaciones de las fuerzas armadas norteamericanas, el senador Biden proyecta una aureola positiva, ya que fue él quien dirigió con éxito las gestiones para que el Senado aprobara la Convención de Armas Químicas y en 1998 dirigió, igualmente, el esfuerzo para ampliar el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) con el ingreso de países de Europa Oriental. También se le atribuye al senador Biden el mérito de haber abogado enérgicamente en favor de la aprobación de los Tratados de Control de Armamentos y de haber propuesto la legislación para prevenir la proliferación de armas de destrucción en masa.
Los atributos que conforman la personalidad de Biden como abogado, político y legislador adquieren una dimensión de humana simpatía por el hecho de que ha dedicado parte de su tiempo a la enseñanza de la juventud de su país. Desde 1991 ofrece anualmente, como profesor, un Seminario de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de "Widener University".
Hacemos votos para que la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado bajo la Presidencia del senador Biden sea un factor positivo en la promoción de la paz y la armonía en las relaciones entre los Estados Unidos y los demás Estados del mundo. Hay razones para esperar que será una fuerza moderadora y de equilibrio para prevenir que se lleven adelante determinadas acciones de gobierno y ciertos proyectos del programa de la Administración Bush, dirigidos a echar atrás acuerdos y entendimientos ya concertados. Me refiero a la conservación y resguardo del medio ambiente; a los progresos logrados en la reducción de las armas nucleares, en particular la reducción de las armas estratégicas; el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares; el compromiso de los Estados poseedores de armas nucleares de conseguir la total eliminación de su arsenal de armas nucleares; el fortalecimiento de las normas sobre el uso de la energía nuclear con fines pacíficos; la universalización de la Convención sobre las Armas Químicas; la negociación de un protocolo para fortalecer la Convención sobre las Armas Biológicas; las medidas para facilitar la entrada en vigor del Tratado sobre la prohibición total de los ensayos de armas nucleares; los peligros que plantea el desarrollo y la puesta a prueba de misiles de largo alcance y los peligros que se derivan de los planes de desplegar defensas de misiles nacionales.
La presidencia del senador Biden abre un horizonte esperanzador para que el Senado de los Estados Unidos pudiera contribuir a que se le dé efectividad a la Declaración del Milenio aprobada por la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno congregados en la Asamblea General de las Naciones Unidas el 8 de septiembre de 2000.

101 años de Panamá América

 
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