La administración Clinton fracasó en Haití
Washington (AIPE)- La administración Clinton quizá tuvo buenas intenciones cuando intervino en Haití en 1994, pero a pesar de haber gastado 3 mil millones de dólares en ayuda y haber desplegado 20 mil soldados, las condiciones de la gente de Haití no han mejorado. Por el contrario, según recientes encuestas, casi la mitad de los haitianos viven hoy en peores condiciones que antes de que la llamada Operación Restauración de la Democracia retornara al presidente Jean-Bertrand Aristide al poder. Los problemas de pobreza extrema, analfabetismo, desempleo y pocas instituciones públicas que funcionan siguen azotando a la isla.
Evidentemente que las declaraciones de Washington sobre el éxito de su intervención en Haití son ficticias. En lugar de continuar apoyando a regímenes corruptos, Estados Unidos debe buscar otra vía que promueva un liderazgo responsable, respalde las instituciones públicas sin desperdiciar fondos inútilmente y ayude a educar a los haitianos para que ellos trabajen por su propio desarrollo.
Varios factores determinaron el fracaso de la intervención americana: falta de comprensión de los problemas, el deseo de obtener resultados instantáneos y excesiva confianza puesta en un líder que no la merecía. Cuando Estados Unidos intervino en 1994, no tomó en cuenta que en Haití no se habían experimentado períodos largos de democracia en 200 años. Y la administración Clinton limitó su objetivo a reestablecer a Aristide al palacio presidencial, frenar el éxodo de balseros a la Florida y pasarle la obligación de mantener la paz interna a las Naciones Unidas, en febrero de 1996. Es decir, Estados Unidos declaró victoria en reestablecer la democracia y se marchó. La democracia pronto se desmoronó.
Las reformas no dieron fruto. La Policía Nacional Haitiana, entrenada a un alto costo por las Naciones Unidas, Estados Unidos y otros, está desmoralizada y politizada, a la vez que el número de agentes ha disminuido de 6 mil a 4 mil. Hoy se dedica principalmente a proteger a los miembros del Partido Lavalas, a la vez que permite la impunidad de los ataques contra los opositores del gobierno y sus críticos.
En ausencia de jueces calificados, el sistema de justicia se limita a ser un retén para los acusados. Alrededor del 80 por ciento de los presos esperan ser juzgados. La ayuda económica es malgastada o termina en los bolsillos de los poderosos.
El problema surgió cuando Washington puso su esperanza en determinadas
personas en lugar de en fomentar la fortaleza de las instituciones.
La ayuda económica se ha debido concentrar en mejorar la educación básica
del pueblo haitiano, el cual sufre un analfabetismo de 65 por ciento y una
tasa de desempleo de 60 por ciento. Haitianos mejor educados serán capaces de
gobernarse mejor y tener ingresos por encima del mero sustento alimenticio.
(c) http://www.aipenet.com
Analista de asuntos latinoamericanos de Heritage Foundation.
Evidentemente que las declaraciones de Washington sobre el éxito de su intervención en Haití son ficticias. En lugar de continuar apoyando a regímenes corruptos, Estados Unidos debe buscar otra vía que promueva un liderazgo responsable, respalde las instituciones públicas sin desperdiciar fondos inútilmente y ayude a educar a los haitianos para que ellos trabajen por su propio desarrollo.
Varios factores determinaron el fracaso de la intervención americana: falta de comprensión de los problemas, el deseo de obtener resultados instantáneos y excesiva confianza puesta en un líder que no la merecía. Cuando Estados Unidos intervino en 1994, no tomó en cuenta que en Haití no se habían experimentado períodos largos de democracia en 200 años. Y la administración Clinton limitó su objetivo a reestablecer a Aristide al palacio presidencial, frenar el éxodo de balseros a la Florida y pasarle la obligación de mantener la paz interna a las Naciones Unidas, en febrero de 1996. Es decir, Estados Unidos declaró victoria en reestablecer la democracia y se marchó. La democracia pronto se desmoronó.
Las reformas no dieron fruto. La Policía Nacional Haitiana, entrenada a un alto costo por las Naciones Unidas, Estados Unidos y otros, está desmoralizada y politizada, a la vez que el número de agentes ha disminuido de 6 mil a 4 mil. Hoy se dedica principalmente a proteger a los miembros del Partido Lavalas, a la vez que permite la impunidad de los ataques contra los opositores del gobierno y sus críticos.
En ausencia de jueces calificados, el sistema de justicia se limita a ser un retén para los acusados. Alrededor del 80 por ciento de los presos esperan ser juzgados. La ayuda económica es malgastada o termina en los bolsillos de los poderosos.
El problema surgió cuando Washington puso su esperanza en determinadas
personas en lugar de en fomentar la fortaleza de las instituciones.
La ayuda económica se ha debido concentrar en mejorar la educación básica
del pueblo haitiano, el cual sufre un analfabetismo de 65 por ciento y una
tasa de desempleo de 60 por ciento. Haitianos mejor educados serán capaces de
gobernarse mejor y tener ingresos por encima del mero sustento alimenticio.
(c) http://www.aipenet.com
Analista de asuntos latinoamericanos de Heritage Foundation.