La administración de la Caja de Seguro Social
Las cosas no van bien en la Caja de Seguro Social (CSS). Nadie podrá poner en duda el interés que ha puesto su director por resolver los innumerables problemas que enfrenta la institución pero, lamentablemente, los resultados obtenidos en los últimos dos años no son nada halagadores. En un informe publicado recientemente por el Ministerio de Economía y Finanzas sobre la situación económica de la CSS se muestra un grave deterioro en las finanzas de la institución durante la actual administración.
Las cifras no solamente revelan un déficit de algo más de 10 millones de balboas en el primer trimestre de 2002, sino también una acelerada tendencia negativa que pronostica situaciones críticas en el futuro próximo de no tomar drásticos correctivos en el manejo administrativo de sus recursos.
Por una parte, los ingresos han caído en el presente año debido fundamentalmente a la baja en el número de personas empleadas, y por la otra, los gastos han aumentado principalmente como resultado de un incremento desproporcionado en el número de empleados y en el monto de la planilla. Más de la mitad del aumento en la cantidad de trabajadores de todo el sector público durante el último año se produjo en la Caja de Seguro Social que de esta forma marcha a contrapelo de lo que exige su precaria situación económica.
A todo lo anterior se une la inconformidad de sus empleados que reclaman mejoras salariales y de los médicos que denuncian un desabastecimiento en el cuadro de medicinas ofrecidas a los asegurados, creando un clima de conflicto interno que no favorece la adopción de las necesarias medidas de ajuste para salir de la difícil situación actual.
Además, el diálogo con las fuerzas sociales externas a la CSS, convocado para encontrar solución a sus principales problemas, no está dando señales de éxito principalmente porque un grupo de líderes radicales vinculados a la administración han dedicado sus energías a la tarea de provocar confrontaciones con el sector empresarial que genera empleo en lugar de invertirlas en buscar fórmulas que ayuden a salvar la institución.
Los resultados que revelan los datos del MEF confirman la preocupación de algunos sectores de la sociedad que advertían sobre la importancia de contar, en este momento, con criterios administrativos modernos al frente de la empresa social más grande del país.
Las buenas intenciones no son suficientes para garantizar la estabilidad financiera en tiempos de crisis, cuando los principios de solidaridad tienen que convivir con los de una sana administración que asegure la permanencia de la obra.
Aún las empresas que buscan el bien común tienen que justificar sus programas desde el punto de vista financiero porque de lo contrario podemos perder lo que tanto trabajo nos ha costado construir a través del tiempo.
Las cifras no solamente revelan un déficit de algo más de 10 millones de balboas en el primer trimestre de 2002, sino también una acelerada tendencia negativa que pronostica situaciones críticas en el futuro próximo de no tomar drásticos correctivos en el manejo administrativo de sus recursos.
Por una parte, los ingresos han caído en el presente año debido fundamentalmente a la baja en el número de personas empleadas, y por la otra, los gastos han aumentado principalmente como resultado de un incremento desproporcionado en el número de empleados y en el monto de la planilla. Más de la mitad del aumento en la cantidad de trabajadores de todo el sector público durante el último año se produjo en la Caja de Seguro Social que de esta forma marcha a contrapelo de lo que exige su precaria situación económica.
A todo lo anterior se une la inconformidad de sus empleados que reclaman mejoras salariales y de los médicos que denuncian un desabastecimiento en el cuadro de medicinas ofrecidas a los asegurados, creando un clima de conflicto interno que no favorece la adopción de las necesarias medidas de ajuste para salir de la difícil situación actual.
Además, el diálogo con las fuerzas sociales externas a la CSS, convocado para encontrar solución a sus principales problemas, no está dando señales de éxito principalmente porque un grupo de líderes radicales vinculados a la administración han dedicado sus energías a la tarea de provocar confrontaciones con el sector empresarial que genera empleo en lugar de invertirlas en buscar fórmulas que ayuden a salvar la institución.
Los resultados que revelan los datos del MEF confirman la preocupación de algunos sectores de la sociedad que advertían sobre la importancia de contar, en este momento, con criterios administrativos modernos al frente de la empresa social más grande del país.
Las buenas intenciones no son suficientes para garantizar la estabilidad financiera en tiempos de crisis, cuando los principios de solidaridad tienen que convivir con los de una sana administración que asegure la permanencia de la obra.
Aún las empresas que buscan el bien común tienen que justificar sus programas desde el punto de vista financiero porque de lo contrario podemos perder lo que tanto trabajo nos ha costado construir a través del tiempo.