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La advertencia argentina


Cuando arde Argentina, como aún lo hace, no es la casa del vecino la que se incendia, sino el primer piso del edificio del neoliberalismo. Creo que lo sucedido allí debería servirnos de alerta y permitirnos encontrar formas imaginativas de ayudar a los desempleados más pobres si no con un trabajo, por lo menos con alimento mientras dure la crisis porque la situación se hace insostenible para muchos. Leyendo un diario chileno sobre la crisis argentina nos topamos con el siguiente editorial en el que se da cuenta del "argentinazo":
"Mientras el movimiento mundial que reaflora en Seattle, Davos, Praga, Quebec, Genova y otros principales centros de la economía y la ciencia para señalar el colapso del neoliberalismo y proclamar que otro mundo es posible, los países de nuestra región se han visto estremecidos por la crisis argentina, expresión palmaria de las consecuencias dramáticas del modelo para millones de personas, que se han visto forzadas por las circunstancias a salir a las calles para procurar por cualquier medio el mínimo sustento. "El hecho es innegable, y por más que se pretenda señalar que en el colapso argentino incidieron determinados factores locales, lo cierto es que lo que allí se produjo fue un estallido político y social provocado por los llamados procesos de ajuste, las privatizaciones, el desempleo estructural, la sostenida desigualdad en la distribución de la riqueza, la corrupción y la subordinación a las operaciones especulativas del capital financiero y el otorgamiento de máximas garantías a las transnacionales en detrimento de los productores locales."
"Lo que hoy ocurre en Argentina, lejos de ser un caso aislado, irrumpe como el anticipo de la suerte de todos los países de la región sometidos a las nuevas reglas del juego impuestas por el orden imperial. Argentina es sólo la punta del iceberg, y si bien tiene las particularidades propias de todo proceso, nada sustantivo permite señalar con seriedad que semejantes hechos no se puedan reeditar en los demás países del Tercer Mundo que son regidos por los mismos parámetros estructurales."
A pesar de esta palpable situación que describe el aludido editorial, las autoridades de Panamá, apoyadas por un amplio despliegue de prensa, han copado los espacios para difundir que aunque en Panamá se esté aplicando el mismo modelo, nuestra economía está a resguardo de los efectos de la crisis argentina y cuando pretenden justificar la evidente enfermiza situación que denota nuestra economía, entonces se disculpan aduciendo que no es un problema exclusivo de Panamá, es un fenómeno mundial al que no podemos escapar. ¿Quién los entiende?
Pareciera oportuno recordar que lo mismo se dijo ante la llamada crisis asiática: "Se destacó la necesidad de profundizar los consensos para enfrentar la situación con una postura conjunta de todos, tras la cual se encuentra implícita la convicción de que los sectores más golpeados por el modelo adoptado deberían deponer sus justas e impostergables demandas en favor de una nueva reedición del discurso que los ha sumergido de manera sostenida y que la base para satisfacer sus demandas radica en el crecimiento, los consensos y la denominada paz social. Según esta lógica, pedir más salarios, derechos sociales y respeto a las normas internacionales del trabajo, equivale a desincentivar y encarecer el empleo y la inversión. "Agradezcan que no estamos como ellos", ha sido la frase recurrente ante aquellos que trabajan por el salario mínimo. "Los cesantes y los trabajadores precarios debieran estar agradecidos de verse enfrentados al mal menor."
En la base de estas afirmaciones neoliberales se encuentra la afirmación dogmática de que no existe otro modo de organizar la sociedad, y que se trata de administrar el modelo de la manera más eficiente para evitar que Panamá siga por el mismo camino de Argentina; mientras lo que se confirma por los hechos es la necesidad de cambiar estructuralmente de modelo, que es el que origina las situaciones de crisis, no sólo en Argentina.
La protesta del pueblo argentino, que todavía está efervescente y de muchas otras cosas más es capaz, es evidencia de una capacidad cívica, poco antes no observada, lo que resulta obvio pues no existe mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. El mensaje ha sido claro: no a la sustitución del ser humano por la utilidad económica. Los Estados deben regular la actividad económica y no la economía ser regente del Estado.
La globalización, contrario a lo que dicen sus abanderados, es un proceso reversible. Ella no es más que el producto de la bellaquería de una elite mundial que desea trazar el destino del mundo con base a sus deshumanizantes principios: el imperio de la riqueza sobre el bienestar humano. Es menester recalcar que el neoliberalismo, con su globalización, no es un sistema económico democrático ya que no proviene de consensos sociales, además de que la soberanía de los Estados es violentada.
La única posibilidad de garantizar que nuestro país no sufra el rigor de una crisis como la que padece el país hermano, es que se abra paso una alternativa real frente al modelo neoliberal y antidemocrático que estos mismos sectores han aplicado en Argentina.

101 años de Panamá América

 
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