La agenda de Moscoso
Ganar, definitivamente, no quiere o no puede. Pero en política, como en otras cosas, todo es relativo; y hay que ver primero qué se entiende para ella ganar. Si se trata de que su partido o la alianza que encabeza resulte victorioso en las próximas elecciones, también depende. Nada hay sencillo en estos tiempos, ni siquiera manipular un televisor, un equipo de sonido o llevar una agenda electrónica.
Si ganar es repetir en la presidencia de la República, a juzgar por las encuestas, es difícil, por decir lo menos. Si lo es, en cambio, sacar un número apreciable de legisladores, retener el control del partido y facilitar la derrota de su enemigo, también sería una victoria, más significativa incluso que la primera. La cuestión es fácil: Si su partido gana y pone en la presidencia a quien no es enteramente suyo, nada impediría que se debilitara el control que ejerce sobre su partido a favor del nuevo mandatario, control que es la base de la permanencia de su poder, no la primera magistratura que es un cargo temporal que, al final se erosiona.
Otra vez, ¿Qué quiere Mireya Moscoso? No tenemos dudas. Es cuestión de prelaciones. Lo primero es conservar fuerza y vigencia después de las elecciones, cualquiera sea su resultado. Para ella, ganar la presidencia no es una prioridad y, es más, ni siquiera es importante. ¿Cómo logrará conservar vigencia? Ya lo dijimos, sacando una buena cuota de legisladores de la que dependa la gobernabilidad del país bajo la próxima presidencia. Y, fuera de eso, hacer que su enemigo pierda. ¿Quién es su enemigo? ¿Torrijos? No, en lo absoluto. Mucho menos lo es Martinelli, ni su propio candidato, Alemán. Su enemigo es Endara. ¿Por qué Endara? Porque él ha prometido que cuando sea presidente rescatará al arnulfismo de sus secuestradores, esto es de Moscoso y su séquito de advenedizos. Y por los vientos que soplan, va por buen camino. Para Moscoso, entonces, un triunfo de Torrijos no le representa complicación alguna, pues más que su propia derrota personal, será la derrota de Endara, que es su victoria, esto es, de Moscoso. En fin, a Moscoso le conviene que Torrijos gane. Un triunfo de Alemán, para ella, sería más que una incomodidad, una verdadera complicación; puesto que no tiene plan alguno para esa eventualidad.
Si ganar es repetir en la presidencia de la República, a juzgar por las encuestas, es difícil, por decir lo menos. Si lo es, en cambio, sacar un número apreciable de legisladores, retener el control del partido y facilitar la derrota de su enemigo, también sería una victoria, más significativa incluso que la primera. La cuestión es fácil: Si su partido gana y pone en la presidencia a quien no es enteramente suyo, nada impediría que se debilitara el control que ejerce sobre su partido a favor del nuevo mandatario, control que es la base de la permanencia de su poder, no la primera magistratura que es un cargo temporal que, al final se erosiona.
Otra vez, ¿Qué quiere Mireya Moscoso? No tenemos dudas. Es cuestión de prelaciones. Lo primero es conservar fuerza y vigencia después de las elecciones, cualquiera sea su resultado. Para ella, ganar la presidencia no es una prioridad y, es más, ni siquiera es importante. ¿Cómo logrará conservar vigencia? Ya lo dijimos, sacando una buena cuota de legisladores de la que dependa la gobernabilidad del país bajo la próxima presidencia. Y, fuera de eso, hacer que su enemigo pierda. ¿Quién es su enemigo? ¿Torrijos? No, en lo absoluto. Mucho menos lo es Martinelli, ni su propio candidato, Alemán. Su enemigo es Endara. ¿Por qué Endara? Porque él ha prometido que cuando sea presidente rescatará al arnulfismo de sus secuestradores, esto es de Moscoso y su séquito de advenedizos. Y por los vientos que soplan, va por buen camino. Para Moscoso, entonces, un triunfo de Torrijos no le representa complicación alguna, pues más que su propia derrota personal, será la derrota de Endara, que es su victoria, esto es, de Moscoso. En fin, a Moscoso le conviene que Torrijos gane. Un triunfo de Alemán, para ella, sería más que una incomodidad, una verdadera complicación; puesto que no tiene plan alguno para esa eventualidad.