default

La agonía sin fin de la educación en Panamá (II)


Una substancial cantidad de docentes universitarios han trabajado o sirven actualmente como asesores en el MEDUCA y otros pocos, en diferentes momentos de la historia política del país, han llegado a ejercer como ministros del ramo.

Un mal educador hace más daño a la sociedad que un mal médico ya que los errores del médico se entierran y pasan desapercibidos, en cambio los de un mal educador se multiplican a través de los años. Entonces, ¿por qué son tan diferentes las exigencias que se tienen en las universidades con un estudiante de medicina y uno de educación? Esta discordancia de requerimientos aunada a actitudes flexibles que podemos calificar de paternalistas por parte de las autoridades, como es rebajar la puntuación mínima requerida para el ingreso, incide profundamente en la calidad de los egresados y como corolario en los peldaños inferiores del sistema educativo. A ningún padre de familia le interesa que sus hijos estén en manos de educadores con deficiencias: la formación de los maestros y profesores debe ser sólida y exigente debido al papel que desempeñan en el proceso de transmisión del conocimiento.

El bajo rendimiento en las pruebas de ingreso de los que aspiran a entrar en la Universidad es la consecuencia de un sistema perimido y desfasado que se podrá truncar en los centros de educación superior mediante la estructuración de cursos propedéuticos de nivelación, cuya duración se tendrá que determinar en base a los objetivos seleccionados, con el debido reconocimiento de los créditos correspondientes que posibiliten la adquisición del perfil de ingreso establecido. Estos cursos podrían darse en la propia universidad o en otros establecimientos bajo estricta fiscalización de ésta.

Un tema escasamente tratado en el sempiterno enfrentamiento entre las distintas esferas del sistema educativo, es el de la necesidad de jerarquizar la formación de los docentes lo cual implica además de una formación más exigente, condiciones de trabajo adecuadas, reconocimientos e incentivos (en especial a los que laboran en áreas de difícil acceso) y mejores ingresos que aseguren al educador (a) un nivel de vida decente conforme con el apostolado y sacrificios que la sociedad suele demandarle.

La meta sería el logro de una educación estatal de calidad, libre, laica y gratuita. Por ello, la educación debe forjarse como parte de un proyecto de Nación. No obstante, ante la crisis que nos aqueja debemos analizar si efectivamente hay una voluntad entre los distintos sectores políticos para el mejoramiento de la educación. Un pueblo educado llegado el momento, sabrá distinguir a los gobernantes honestos y competentes y servirá de cortapisa a la corrupción.

*Profesor Titular, Universidad de Panamá.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América