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¿La Alcaldía de la mentira?


Me resisto como ciudadano a aceptarlo. Estas últimas semanas, la campaña electoral respecto de la alcaldía capitalina ha estado salpicada de escándalos varios que le atañen a dos de los candidatos. Uno, el del PRD, que ya no puede ocultar el sol con la mano en cuanto a la reiterada vinculación que se le hace con los dineros recibidos de Murcia, ahora confirmada por testigos que, a mi juicio, parecen bien hábiles. La otra, la de Bosco Vallarino, metida en un drama -entre cómico y ridículo- sobre su innegable doble ciudadanía que, por virtud de una decisión declinatoria de competencia, lo habilita para seguir en la campaña, pero le deja abierto el caso en la esfera administrativa. Fallo salomónico…un real piropo.

Me gustaría conocer la manera de pensar de los electores luego de estos días. ¿Podemos confiar semejante cargo en alguien que miente abiertamente? Porque los dos escenarios antes dichos circundan la mentira en distintos niveles. Es un momento álgido para la política y corresponde, creo yo, a los electores tomar decisiones serias que no contribuyan a demeritar más de lo que está el accionar político en Panamá.

Independientemente de la candidatura que propone nuestro partido, la del Dr. Miguel Antonio Bernal, sustentada en varias de mis entregas anteriores y por su propia trayectoria de decencia y sentido de patria, considero que cobra hoy una dimensión importante y que debe verse como una opción real de transparencia y de coherencia entre lo que se hace y se dice. Para mí resulta obvio hacer la diferencia. Para eso está el voto. No cabe duda, es el real cambio para la alcaldía.

No se trata en esto de apoyar a Bernal por apoyarlo o porque es el candidato de nuestro partido. Eso es simplista. Se trata, de verdad, en darle la oportunidad a un hombre honesto que no le ha mentido al país y que su discurso es el reflejo de su trayectoria prístina. Sencillo… Eso tiene un mérito, y bien grande a mi juicio. La frase de Ernesto Cardenal, “peca el que miente porque roba verdad a las palabras”, alcanza una dimensión y una profundidad únicas con respecto a los dos casos que me ocupan hoy. Y es así porque sino, ¿dónde queda la ética en la política? ¿O acaso ya llegamos a tan bajo nivel en donde esas cosas poco importan. Espero estar equivocado.

Faltan pocos días ya para el 3 de mayo. De ahora en adelante, se trata del voto a conciencia y no de la militancia partidista, independientemente de quién sea el candidato. Lo que está en juego hablará bien o mal de nuestra elección en la medida en que tomemos o no la buena decisión ese día y llevemos o no a la alcaldía capitalina a quien se lo merezca, por ser buen candidato y ciudadano o por haber mentido ante su electorado.

Aún pienso y creo que los electores sabrán hacer la diferencia.

101 años de Panamá América

 
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