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La alimentación en Chiriquí


La alimentación es un elemento esencial del bienestar humano. El hombre no sólo come para nutrirse y mantener la salud. El hombre come también, porque el alimento representa un medio de placer, una expresión de su cultura y en algunas lugares se come ciertos alimentos porque éstos le dan prestigio. Es por eso que a menudo oímos hablar de "comida de pobre" y "comida de rico". En la actualidad, en nuestro país la alimentación de una familia mide el status socio económico de la misma.
Cómo ha variado esta alimentación con el paso de los años en nuestra provincia y talvés en el resto del país, es un tema de profundo análisis, ya que la forma como las familias distribuyen el gasto destinado a su alimentación está determinado por factores sociales, factores culturales, por el grado de dependencia al autoconsumo, por el mercado, pero principalmente por su capacidad adquisitiva. Dentro de los límites de esta capacidad, la familia chiricana decide sobre una gama de combinaciones de alimentos, dependiendo de las cualidades, percepción, prestigio y conocimiento que de los productos alimenticios tengan. Cuando la capacidad adquisitiva real de las familias disminuye, la familia chiricana establece criterios para seleccionar con menor gasto, aquellos alimentos que les permiten satisfacer sus necesidades de energía (calorías) y satisfacer el hambre. Esto ocasiona cambios en el patrón alimentario que pueden afectar la calidad nutricional de la dieta de muchas familias.
El efecto en la nutrición, no es igual en todos los miembros de la familia, pues se ven más afectadas aquellas personas que por su edad o condición fisiológica tienen mayores necesidades nutricionales. Nos referimos a los niños pequeños, a las madres embarazadas, a las madres lactantes y a cualquier persona enferma que exista en la familia.
En Chiriquí, el patrón de alimentación de la mayoría de la población rural y urbana, hasta hace algunos años, se centraba en un consumo diario de arroz, frijol, azúcar y aceite, complementado con pequeñas cantidades de otros alimentos de origen animales como huevos, carnes, lácteos y otros productos de origen vegetal como verduras y frutas.
En los últimos años, casi sin temor a equivorcamos, podemos decir que el consumo de frijol, en vez de diariamente, se ha reducido a 3 ó 2 veces a la semana; mientras que para los productores animales y vegetales el consumo es más eventual aún. Es posible que sea de una vez a la semana. A todo esto debemos agregar que el proceso de transculturación acelerada que sufre nuestra sociedad chiricana está provocando cambios en los estilos de vida de la población, principalmente, en cuanto a los hábitos alimentarios y a la actividad física.
La alimentación fuera del hogar, las comidas rápidas, el "burundangueo", la publicidad alimentaria de productos de "fácil preparación" y consumo, así como el deterioro en el ingreso real de las familias tanto rural como urbano, está haciendo vertiginoso en cambio de costumbres alimentarias. Obviamente, todo esto, está afectando la calidad nutricional de la dieta y por ende, el estado nutricional de los más vulnerables de la familia.
La familia chiricana depende del mercado para satisfacer sus necesidades alimentarias y existen familias rurales que ahora están dependiendo del "supermercado" para la compra de productos que aveces ni saben que están en el patio de sus casas. En la dieta chiricana se está aumentando el uso de alimentos con mayor densidad energética (azúcares y grasas), y de esta forma se está satisfaciendo el hambre, pero lo que se está realmente haciendo es aumentar el riesgo de enfermedades crónicas en los adultos, tales como diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Consideramos que quizá este no es problema alimentario, netamente chiricano.
Pueda ser un problema nacional que debe ser abordado de manera integral con verdaderas estrategias, tanto en el sector salud, como en el sector educación y en los programas de todas aquellas instancias que de una u otra manera tocan educativamente a la población para así lograr que las familias puedan accesar de una mejor manera a una alimentación equilibrada y económica, que les permita vivir con mejor calidad.

101 años de Panamá América

 
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