La amenaza de las masas irracionales y mudas
Hace unos días, en una columna que publicó este diario, me refería a la famosa frase de Ludwig Wittgenstein: "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo" que es, por cierto, una traducción mía del original en alemán: "Die Grenzen meiner Sprache sind die Grenzen meiner Welt" que es imposible de traducir al español porque "Grenzen" significa más usualmente "fronteras" y "Sprache" significa a la vez "habla", "idioma" y "lenguaje". En efecto, tuve que amoldarla un poco para citarla en mi libro "La degradación del español y el ocaso del hombre racional".
Hoy, quisiera indagar más sobre el significado de esa sentencia del gran pensador y gramático alemán, autor de una "Gramática filosófica", para ver si logro que lo que vengo diciendo desde hace más de dos décadas merece una acción radical inmediata del gobierno y de la empresa privada para reformar la educación de modo que los niños no puedan salir de la escuela primaria sin haber aprendido a hablar ni a escribir como suele ocurrir ahora.
Por cierto, desde hace casi diez años ando arrastrando una especial pesadumbre emanada del "loslasismo", ese increíble movimiento que pretende que la liberación de la mujer y su igualamiento con los hombres dependen de que se diga siempre "las niñas y los niños" cuando en todos los idiomas que tienen género gramatical el plural de hombres y mujeres es masculino, aunque el hombre sea uno y las mujeres seis. Me pregunto siempre por qué no ver que, además de perjudicar el desarrollo de la facultad del lenguaje, obstaculizan el acceso de niños y jóvenes a la tradición escrita. ¿Cómo es que no ven que esos disparates introducidos en la educación y en los documentos oficiales les están haciéndo un daño irreparable a sus hijos en la niñez?
Pero no es lo más importante valorar el plural masculino como género no marcado, como lo hizo la Académie Française al pronunciarse contra François Mitterand cuando éste pretendió introducir formas femeninas para los cargos, los oficios y las profesiones.
Si la facultad del lenguaje no se desarrolla debidamente entre los 6 y los 14 años, la mente del adulto no podrá analizar, juzgar, razonar, planificar ni pensar ni tampoco adoptar una moral propia o sentir respeto por las normas de convivencia social. ¿Qué podrían enseñar entonces las escuelas y la universidad?