La amenazada libertad de prensa
Son muchas las señales recibidas durante el presente período gubernamental, tendientes a interferir con el sano y libre ejercicio de la libertad de expresión. Varios han sido los (as) periodistas encauzados y enjuiciados con motivo de la labor que realizan. Basta conque la sensibilidad de un (a) alta ejecutivo de la administración se sienta afectada |para que caiga, cuando menos la amenaza y en los casos más desdichados, la sanción. Pero lo anterior no es un ingrediente novedoso en la cotidianidad de la sociedad panameña, tal como lo podemos comprobar releyendo el subtítulo de la página A7 de El Panamá América (4 de octubre de 2002). “La ofensiva persecutoria contra los periodistas se agudizó a partir del golpe militar!...De manera enjundiosa lo analizó, en su momento, la profesora Mélida Sepúlveda: “Una tendencia permanente a controlar y censurar los medios de comunicación caracteriza al Estado panameño desde la fundación de la República...revela una recopilación efectuada por la recordada periodista Mélida Sepúlveda...”
Ahora bien, de una u otra manera, con uno y otro pretexto, los diversos gobiernos han legislado medidas draconianas encaminadas no sólo a controlar los medios de comunicación social, sino a cercenar “a nombre de la moral y las buenas costumbres” la sagrada libertad de expresión que comprende el derecho que los ciudadanos (as) tenemos a la información, implícita en la libertad de prensa. “La información veraz y necesaria no es una concesión que el profesional hace a favor de la sociedad, sino un deber que en justicia tiene que cumplir” (L. Brajnovic, Deontología Periodística).
Es “La dolorosa libertad de prensa”, |como escribiese Ricardo Elvio Trotti, la que está en juego, por ello enfáticamente subraya la responsabilidad que tienen los regímenes democráticos en salvaguardar el acceso y las vías a la comunicación masiva y citando a Jesús González Bedoya, manifiesta que “uno de los deberes del Estado es facilitar a los ciudadanos los medios adecuados para participar de la democracia, ya que no puede haber auténtica participación sin previo conocimiento de la realidad estatal o social “(R.E. Trotti, La dolorosa libertad de prensa)
Es por lo antes expuesto que no se comprende cómo un gobierno que se precie de transparente y democrático; que no tiene nada que ocultar, pretenda por omisión o comisión prohijar un anteproyecto de ley (nos referimos a la propuesta del Legislador Ameglio), cuya impronta esencial es el sometimiento y la mordaza. Líbrenos Dios de un país en el que todos los poderes, incluidos la comunicación de masas, descansen en un solo puño.
Claro que existen algunos excesos que se dan en algunos medios de comunicación masiva, para ello existen normas y sanciones previamente establecidas que podrían ser fácilmente aplicables, resolviendo aquello a lo que metafóricamente se apunta, a título de cuidarle su moral y sus buenas costumbres. Pensamos que mirarlo de esa manera es obviar la raíz del problema, que ineludiblemente debe llevarnos a reflexionar sobre los valores, los gustos que satisfacen los excesos que se pretenden contener. Y es que acaso esos valores, esos gustos, esas preferencias no son el resultado de otros medios de socialización como los modelos parentales y gubernamentales (inclúyase los afudólares, el CEMIS, la ratificación de magistrados, los innumerables e inadmisibles privilegios de la clase política gobernante) Por qué no legislamos para contener los excesos de una cúspide que con sus actuaciones modela diariamente “el juega vivo”, la impunidad, etc., etc. No, es más fácil buscar la fiebre en la sábana que curar la enfermedad. Es harto más fácil buscar un chivo expiatorio que cargue con la culpa y sirva de pretexto, sin embargo, igual que es injusto privar al público de su derecho a la información. También lo es privarlo de su salud moral falseándosela con falaces argumentos.
Me temo que duras batallas nos esperan si no nos concienciamos de la amenaza que pende cual espada de Damocles sobre la libre expresión hablada o escrita. Si no manifestamos nuestro repudio a los anteproyectos que comprometen la sagrada libertad de información y de expresión.
“Esta mentira”, según Jované, de que había un contrato por el 20% de la demanda queda más clara cuando el reglamento del Centro de Conciliación y Arbitraje de Panamá, sólo reconoce los gastos de administración, el honorario de los árbitros, los gastos por la práctica de prueba y lo que tiene que ver con transporte, alojamiento de árbitros, secretarios y testigos.
Por otra parte, el ex miembro de la junta directiva de la CSS, Roberto Lombana, dijo que en esta situación no hay un error, sino algo que se presta a pensar que se está favoreciendo a una persona en particular, con el pase de una cuenta de B/.1.3 millón.
“Si uno está trabajando para una empresa o para una entidad como la Caja, uno está contratado para hacer el trabajo bajo el salario que recibió y no para cobrar por fuera”, destacó.
Indicó que el hecho que el abogado Pérez Lagomasino presentase la factura, siendo funcionario de la CSS, raya en lo ético y lo moral, y debe ser investigado por la junta directiva de la CSS.
Nos reunimos a las 8:30 como las mañanas anteriores y de inmediato nuestro expositor preguntó “¿alrededor de qué valor gira nuestra vida profesional?”.
La respuesta fue tomando fuerza poco a poco. Hasta que casi al unísono se escuchó: “la verdad”.
Para Restrepo, la misión del periodista no es transmitir lo que la gente dice, sino buscar la verdad. Y precisamente la información llega a ser verdadera cuando se ponen los filtros.
“Nosotros defendemos a los lectores contra la contaminación de la información”, así lo siente Restrepo.
Considera que hay Periodismo dirigido a la inteligencia, el impreso y el Periodismo dirigido a los sentidos, la televisión, por lo que las consideraciones, en término del público, deben ser vistas bajo esa visión.
La conferencia concluyó para la tarde, pero la profundidad de lo discutido hizo que el reloj corriera desapercibido, no había apuros, a pesar de que afuera los rayos del sol parecían gritar, como diría Osvaldo Ayala: “playa, brisa y mar”...
Restrepo, de 70 años, 47 de ellos dedicados al Periodismo, se despidió con la primicia de su primera novela que pronto saldrá a la venta, sin ahondar en el contenido, pero advirtiendo jocosamente: “disfruté muchísimo escribiéndola, pero no sé si vale la pena”...
Javier Darío Restrepo es ampliamente conocido en Colombia como reportero de televisión por su vinculación por largo tiempo al noticiero “24 Horas”.
Experto en ética periodística, catedrático de las universidades Javeriana y de Los Andes, y conferencista en temas de comunicación social.
Fue miembro fundador de la Comisión de Etica del Círculo de Periodistas de Bogotá y del Instituto de Estudios sobre Comunicación y Cultura -IECO-.
Dirige la sección del Defensor del Lector de El Colombiano de Medellín y El Espectador de Bogotá.
Recibió el premio nacional de Círculo de Periodistas de Bogotá en la categoría de prensa en 1993, así como, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en las modalidades de crónica e investigación en televisión en 1985 y 1986.
Además, recibió los premios San Gabriel del Episcopado Colombiano en 1994 y Germán Arciniegas de la Editorial Planeta en 1995.
Es autor de libros como Etica para periodistas (1991) en colaboración con María Teresa Herrán, Más allá del deber (1992), La revolución de las sotanas (1995), Testigo de seis guerras (1996) y Desde las orillas (1996), en colaboración con Germán Rey, entre otros.
En el marco del I Congreso Latinoamericano de Periodismo, realizado en Panamá en 1997, recibió el premio latinoamericano a la ética periodística otorgado por el Centro Latinoamericano de Periodismo -CELAP-, auspiciado por la Universidad Internacional de la Florida.
Ahora bien, de una u otra manera, con uno y otro pretexto, los diversos gobiernos han legislado medidas draconianas encaminadas no sólo a controlar los medios de comunicación social, sino a cercenar “a nombre de la moral y las buenas costumbres” la sagrada libertad de expresión que comprende el derecho que los ciudadanos (as) tenemos a la información, implícita en la libertad de prensa. “La información veraz y necesaria no es una concesión que el profesional hace a favor de la sociedad, sino un deber que en justicia tiene que cumplir” (L. Brajnovic, Deontología Periodística).
Es “La dolorosa libertad de prensa”, |como escribiese Ricardo Elvio Trotti, la que está en juego, por ello enfáticamente subraya la responsabilidad que tienen los regímenes democráticos en salvaguardar el acceso y las vías a la comunicación masiva y citando a Jesús González Bedoya, manifiesta que “uno de los deberes del Estado es facilitar a los ciudadanos los medios adecuados para participar de la democracia, ya que no puede haber auténtica participación sin previo conocimiento de la realidad estatal o social “(R.E. Trotti, La dolorosa libertad de prensa)
Es por lo antes expuesto que no se comprende cómo un gobierno que se precie de transparente y democrático; que no tiene nada que ocultar, pretenda por omisión o comisión prohijar un anteproyecto de ley (nos referimos a la propuesta del Legislador Ameglio), cuya impronta esencial es el sometimiento y la mordaza. Líbrenos Dios de un país en el que todos los poderes, incluidos la comunicación de masas, descansen en un solo puño.
Claro que existen algunos excesos que se dan en algunos medios de comunicación masiva, para ello existen normas y sanciones previamente establecidas que podrían ser fácilmente aplicables, resolviendo aquello a lo que metafóricamente se apunta, a título de cuidarle su moral y sus buenas costumbres. Pensamos que mirarlo de esa manera es obviar la raíz del problema, que ineludiblemente debe llevarnos a reflexionar sobre los valores, los gustos que satisfacen los excesos que se pretenden contener. Y es que acaso esos valores, esos gustos, esas preferencias no son el resultado de otros medios de socialización como los modelos parentales y gubernamentales (inclúyase los afudólares, el CEMIS, la ratificación de magistrados, los innumerables e inadmisibles privilegios de la clase política gobernante) Por qué no legislamos para contener los excesos de una cúspide que con sus actuaciones modela diariamente “el juega vivo”, la impunidad, etc., etc. No, es más fácil buscar la fiebre en la sábana que curar la enfermedad. Es harto más fácil buscar un chivo expiatorio que cargue con la culpa y sirva de pretexto, sin embargo, igual que es injusto privar al público de su derecho a la información. También lo es privarlo de su salud moral falseándosela con falaces argumentos.
Me temo que duras batallas nos esperan si no nos concienciamos de la amenaza que pende cual espada de Damocles sobre la libre expresión hablada o escrita. Si no manifestamos nuestro repudio a los anteproyectos que comprometen la sagrada libertad de información y de expresión.
“Esta mentira”, según Jované, de que había un contrato por el 20% de la demanda queda más clara cuando el reglamento del Centro de Conciliación y Arbitraje de Panamá, sólo reconoce los gastos de administración, el honorario de los árbitros, los gastos por la práctica de prueba y lo que tiene que ver con transporte, alojamiento de árbitros, secretarios y testigos.
Por otra parte, el ex miembro de la junta directiva de la CSS, Roberto Lombana, dijo que en esta situación no hay un error, sino algo que se presta a pensar que se está favoreciendo a una persona en particular, con el pase de una cuenta de B/.1.3 millón.
“Si uno está trabajando para una empresa o para una entidad como la Caja, uno está contratado para hacer el trabajo bajo el salario que recibió y no para cobrar por fuera”, destacó.
Indicó que el hecho que el abogado Pérez Lagomasino presentase la factura, siendo funcionario de la CSS, raya en lo ético y lo moral, y debe ser investigado por la junta directiva de la CSS.
Nos reunimos a las 8:30 como las mañanas anteriores y de inmediato nuestro expositor preguntó “¿alrededor de qué valor gira nuestra vida profesional?”.
La respuesta fue tomando fuerza poco a poco. Hasta que casi al unísono se escuchó: “la verdad”.
Para Restrepo, la misión del periodista no es transmitir lo que la gente dice, sino buscar la verdad. Y precisamente la información llega a ser verdadera cuando se ponen los filtros.
“Nosotros defendemos a los lectores contra la contaminación de la información”, así lo siente Restrepo.
Considera que hay Periodismo dirigido a la inteligencia, el impreso y el Periodismo dirigido a los sentidos, la televisión, por lo que las consideraciones, en término del público, deben ser vistas bajo esa visión.
La conferencia concluyó para la tarde, pero la profundidad de lo discutido hizo que el reloj corriera desapercibido, no había apuros, a pesar de que afuera los rayos del sol parecían gritar, como diría Osvaldo Ayala: “playa, brisa y mar”...
Restrepo, de 70 años, 47 de ellos dedicados al Periodismo, se despidió con la primicia de su primera novela que pronto saldrá a la venta, sin ahondar en el contenido, pero advirtiendo jocosamente: “disfruté muchísimo escribiéndola, pero no sé si vale la pena”...
Javier Darío Restrepo es ampliamente conocido en Colombia como reportero de televisión por su vinculación por largo tiempo al noticiero “24 Horas”.
Experto en ética periodística, catedrático de las universidades Javeriana y de Los Andes, y conferencista en temas de comunicación social.
Fue miembro fundador de la Comisión de Etica del Círculo de Periodistas de Bogotá y del Instituto de Estudios sobre Comunicación y Cultura -IECO-.
Dirige la sección del Defensor del Lector de El Colombiano de Medellín y El Espectador de Bogotá.
Recibió el premio nacional de Círculo de Periodistas de Bogotá en la categoría de prensa en 1993, así como, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en las modalidades de crónica e investigación en televisión en 1985 y 1986.
Además, recibió los premios San Gabriel del Episcopado Colombiano en 1994 y Germán Arciniegas de la Editorial Planeta en 1995.
Es autor de libros como Etica para periodistas (1991) en colaboración con María Teresa Herrán, Más allá del deber (1992), La revolución de las sotanas (1995), Testigo de seis guerras (1996) y Desde las orillas (1996), en colaboración con Germán Rey, entre otros.
En el marco del I Congreso Latinoamericano de Periodismo, realizado en Panamá en 1997, recibió el premio latinoamericano a la ética periodística otorgado por el Centro Latinoamericano de Periodismo -CELAP-, auspiciado por la Universidad Internacional de la Florida.