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La ampliación del Canal y una nueva cultura política


EN el segundo semestre de este año se realizará el referendo sobre el proyecto de ampliación del Canal. Con ese evento se cumplirá un nuevo capítulo dentro del proceso de consolidación de la recuperación plena de la vía interoceánica. Tras la firma de los tratados canaleros, el general Omar Torrijos selló el compromiso con las futuras generaciones para que, al entregarles la vía acuática recuperada, quienes lo sucedieran en el tiempo asumieran la responsabilidad de convertirla, junto con sus puertos y el ferrocarril transístmico, en una verdadera palanca del desarrollo nacional.
Al acercarse el momento para que los panameños tomen esta decisión histórica, semejante a la construcción de un nuevo canal, el gobierno nacional está creando las condiciones y garantizando que todos los sectores del país participen en un amplio debate sobre el proyecto de su ampliación. El primer paso ha sido las reuniones con líderes opositores, a la que seguirán encuentros con dirigentes sindicales, del sector privado y la sociedad organizada. Este es el momento para que, deponiendo las diferencias políticas y la visiones sesgadas sobre el tema, los sectores que tienen algo que aportar analicen con serenidad y desapasionamiento un asunto de tanta trascendencia.
Adicionalmente hay que dejar claramente establecido un hecho categórico. El proyecto de ampliación del Canal tiene como único objetivo el beneficio de los panameños. No se trata de un proyecto para beneficiar a otros países, ni a un grupo empresarial o consorcio nacional o internacional, ni a un partido político en particular. Son los panameños quienes habrán de obtener el máximo beneficio al abrirse nuevas oportunidades con el incremento de los servicios y el comercio internacional, el crecimiento económico y la generación de empleos. No puede distribuirse la riqueza que no existe. Primero hay que crearla. Alrededor del proyecto de ampliación del Canal, entonces, se cifran las esperanzas de un futuro promisorio para todos los panameños.
¿Qué significaría esa bonanza económica? Pueden ensayarse diferentes enfoques. Por el momento, basta tomar solamente el plano político. Contar con una economía desarrollada, tendría un impacto en los partidos políticos y promovería una nueva cultura política. El mejoramiento económico, reduciría el clientelismo, pues los partidarios de las agrupaciones políticas valorarían menos su militancia en base a las posiciones que pudieran ocupar en los gobiernos y estarían más fundamentados en los aportes que pudieran hacer a un determinado proyecto político. Las lealtades no estarían centradas en los individuos sino en la concepción de una agenda programática para la construcción de una nueva sociedad.
Sin duda que la democracia sigue siendo el mejor sistema político para garantizar la libertad y procurar la igualdad. Pero no debe caerse en la trampa de un pragmatismo fundamentalista capaz de convertirse en un relativismo que desconozca los valores absolutos y que más bien estimule el individualismo y entierre la solidaridad. Una sociedad más próspera en la que el ciudadano tenga resueltos sus servicios básicos, que disfrute del diseño de un humanismo moderno y responsable, en donde se promuevan los ideales y los valores permanentes, en la que se respeten las diferencias y se estimule una democracia de libertad e igualdad, es la concepción a la que apuntan los esfuerzos del gobierno nacional.
Para que eso sea posible se requiere del aporte de una oposición responsable. No aquella que busca simplemente cabalgar con astucia sobre la ilegalidad y las pasiones y trate de sacar provecho de cualquier acción u omisión del gobierno. Esa práctica política resulta contraproducente y finalmente se volverá en su contra. La política no es necesariamente agudizar las situaciones extremas, como una analogía de conflagraciones, sino buscar los matices propios de los acuerdos para lograr que el Estado administre, controle y prevenga con responsabilidad las distintas expectativas de sus ciudadanos.
No es tratando de sembrar semillas de desconfianza en los gobernantes, como se construye la Nación. El ideal de un Panamá democrático descansa, además de otros supuestos, en la confianza de los ciudadanos acerca de la responsabilidad de los actos del gobierno. Las acciones del gobierno, a su vez, deben demostrar y ser percibidas como el argumento capaz de generar certidumbre respecto a la claridad del camino por el que se está enrumbado el país. El proyecto de ampliación del canal es, definitivamente, uno de esos senderos.

101 años de Panamá América

 
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