La ampliación y los vendedores de ilusiones
SEGÚN la propaganda oficialista, a la que hacen eco sus conocidos "gurúes económicos" oficiosos, con la ampliación del Canal, en Panamá, y para la maravilla del mundo entero, la pobreza desaparecerá por arte de magia.
Aseguran los "cantamañanas" de la "patria nueva", que en los barrios paupérrimos y los campos empobrecidos, donde un millón doscientos mil de nuestros niños, mujeres y hombres (y me quedo corto), apenas si subsisten, comerán hasta reventar, se construirán hospitales, escuelas modernas, parques y viviendas propias y decentes y los desempleados serán una especie extinguida.
No habíamos terminado de asimilar tan portentosos anuncios, cuando apareció en escena el subadministrador del Canal, para asegurar que la ampliación producirá doscientos cuarenta mil (240,000) nuevos empleos (ver el Panamá América del 19 de abril, pasado). Como me pareció que la cifra anunciada por el "flamante profeta canalero" era alucinante, la confronté con un artículo producido por la BBC de Londres, y divulgado mundialmente el pasado 7 de abril, en el que se dice que el proyecto de ampliación podría tomar unos 7 años y emplear hasta ocho mil personas ("up to 8,000 people"). Resulta, pues, que entre la cifra pronosticada por el Sr. Benítez y la estimada por la BBC hay "la insignificante diferencia de 232,000 empleos".
Pero los caballeros de marras no sólo hacen pronósticos absurdos sobre empleos que sólo existen en su imaginación; también nos aseguran que el proyecto sólo costará unos tres mil (3,000) millones de dólares, que serán pagados en su totalidad por los usuarios de la vía, mediante un aumento en los peajes. Después de la burrada sobre los empleos, ¿cómo pueden pensar los señores de la ACP que tomaremos en serio sus cifras?
En el mismo artículo que ya cité, la BBC de Londres dice que, según el Fondo Monetario Internacional, la obra podría costar 4,3 billones de libras esterlinas. Tal vez los sabios de la ACP no saben que las libras valen más que los dólares y que, por tanto, el estimado "preliminar" del FMI es superior a los 7,500 millones de dólares.
Después de comprobar el desparpajo con que mienten los "padres putativos" de la ampliación ¿con qué derecho se permiten demonizar a quienes sólo reclamamos dos cosas muy sencillas: Que digan la verdad y que estén dispuestos a confrontar sus cantos de sirenas con las argumentaciones, muy serias, que ya se han puesto sobre el tapete para cuestionar, entre otras cosas, la rentabilidad del proyecto, sus impactos ambientales y los retos que para el Canal representan otras alternativas, tanto de rutas como de nuevas modalidades de transporte.
Volvamos sobre el costo de la ampliación. Por experiencia sabemos que ninguna obra pública cuesta menos de lo presupuestado. Una y mil veces, hemos comprobado que siempre cuestan mucho más. Cuando la "patria vieja (léase el PRD parido por los cuarteles)" todavía no había reencarnado en la "patria nueva", nos dijeron que el nuevo aeropuerto de Tocumen costaría 38 millones. Finalmente costó 80 y ahora se están gastando otros 40, más, para modernizar el que nos prometieron iba a ser la envidia de todos los aeropuertos del mundo. Ese es un solo caso, pero hay ejemplos sin cuenta.
En principio no suena mal que nos digan que los usuarios aportarán el costo de la ampliación, mediante un incremento a los peajes que pagan sus barcos por atravesar el Canal, pues se evitaría que los cuatro reales que recibe el Estado panameño de la ganancia que produce la operación del Canal se comprometan para financiar la obra.
Sin embargo, cuesta creer que las empresas navieras, que no son organizaciones inspiradas por el ideario de la madre Teresa de Calcuta, sino maquinarias comerciales creadas para producir ganancias a sus dueños, acepten, de manera altruista y desprendida, aumentar sus costos y sacrificar ganancias sin pedir nada a cambio. En estas épocas, hasta los niños de pecho saben que no existen las pajaritas preñadas.
En primer lugar, dudo que las navieras y los gobiernos que en el pasado han movido cielo y tierra para oponerse a los aumentos de los peajes, ahora los acepten tan tranquilamente. Si éstos llegaran a aceptar un aumento de los peajes, algo tendrá que ofrecérseles como contrapartida, y esa es otra carta que no debe permanecer tapada sino que debe ser divulgada en todos sus detalles.
En cuanto a las fabulosas cifras sobre los miles de empleos que generará la ampliación, que es el señuelo con el que se pretende engatusar a la ciudadanía para que vote SI en el referendo, hacen falta más aclaraciones. Para comenzar, si el subadministrador, por iniciativa propia no desmiente la burrada que lanzó a los cuatro vientos, alguien con jerarquía dentro del gobierno o la ACP debe hacerlo. Es obsceno que se juegue de esa manera con la esperanza de las decenas de miles de panameños que desesperadamente buscan un empleo que les permita llevar el sustento a sus hogares.
En vez de engañar al pueblo con falsas promesas, de empleos que nunca se materializarán, es ya hora de que se diga la verdad. Nunca habrá los empleos que se han anunciado. En una obra cuya construcción duraría siete años los empleos serán escalonados y temporales, de acuerdo a la etapa que esté realizándose. Es como cuando se construye un edificio: los que trabajan en las fundaciones, no son los que vacían las losas, y tampoco los que hacen las instalaciones sanitarias o eléctricas, o los que pegan los mosaicos.
Por otra parte, debe aclararse, cuáles son los empleos a los que podrá aspirar nuestra enorme masa de desempleados.
Sin escarbar mucho, es fácil suponer que las empresas que realizarán los trabajos técnicos más especializados traerán sus propios empleados y, también, que los salarios más jugosos, siempre acompañados de prebendas como vivienda y otras compensaciones monetarias y en especie estarán reservados para elementos foráneos. Ello, sin contar con que las técnicas de construcción serán muy distintas a las que, en su día, se utilizaron para la construcción del Canal.
Como este artículo debí entregarlo antes del mediodía de ayer, al momento de escribirlo todavía no se había producido "el gran anuncio". Por tanto, el próximo martes me ocuparé de sus bemoles. Por lo pronto, espero, aunque lo dudo, que su contenido haya justificado la larga espera, pero, sobre todo, que, por lo menos, haya marcado el inicio para el debate, sereno, objetivo y sin distorsiones que merece el pueblo panameño, y que le debemos a quienes, hasta con el sacrificio de sus vidas, materializaron nuestra verdadera independencia.
Aseguran los "cantamañanas" de la "patria nueva", que en los barrios paupérrimos y los campos empobrecidos, donde un millón doscientos mil de nuestros niños, mujeres y hombres (y me quedo corto), apenas si subsisten, comerán hasta reventar, se construirán hospitales, escuelas modernas, parques y viviendas propias y decentes y los desempleados serán una especie extinguida.
No habíamos terminado de asimilar tan portentosos anuncios, cuando apareció en escena el subadministrador del Canal, para asegurar que la ampliación producirá doscientos cuarenta mil (240,000) nuevos empleos (ver el Panamá América del 19 de abril, pasado). Como me pareció que la cifra anunciada por el "flamante profeta canalero" era alucinante, la confronté con un artículo producido por la BBC de Londres, y divulgado mundialmente el pasado 7 de abril, en el que se dice que el proyecto de ampliación podría tomar unos 7 años y emplear hasta ocho mil personas ("up to 8,000 people"). Resulta, pues, que entre la cifra pronosticada por el Sr. Benítez y la estimada por la BBC hay "la insignificante diferencia de 232,000 empleos".
Pero los caballeros de marras no sólo hacen pronósticos absurdos sobre empleos que sólo existen en su imaginación; también nos aseguran que el proyecto sólo costará unos tres mil (3,000) millones de dólares, que serán pagados en su totalidad por los usuarios de la vía, mediante un aumento en los peajes. Después de la burrada sobre los empleos, ¿cómo pueden pensar los señores de la ACP que tomaremos en serio sus cifras?
En el mismo artículo que ya cité, la BBC de Londres dice que, según el Fondo Monetario Internacional, la obra podría costar 4,3 billones de libras esterlinas. Tal vez los sabios de la ACP no saben que las libras valen más que los dólares y que, por tanto, el estimado "preliminar" del FMI es superior a los 7,500 millones de dólares.
Después de comprobar el desparpajo con que mienten los "padres putativos" de la ampliación ¿con qué derecho se permiten demonizar a quienes sólo reclamamos dos cosas muy sencillas: Que digan la verdad y que estén dispuestos a confrontar sus cantos de sirenas con las argumentaciones, muy serias, que ya se han puesto sobre el tapete para cuestionar, entre otras cosas, la rentabilidad del proyecto, sus impactos ambientales y los retos que para el Canal representan otras alternativas, tanto de rutas como de nuevas modalidades de transporte.
Volvamos sobre el costo de la ampliación. Por experiencia sabemos que ninguna obra pública cuesta menos de lo presupuestado. Una y mil veces, hemos comprobado que siempre cuestan mucho más. Cuando la "patria vieja (léase el PRD parido por los cuarteles)" todavía no había reencarnado en la "patria nueva", nos dijeron que el nuevo aeropuerto de Tocumen costaría 38 millones. Finalmente costó 80 y ahora se están gastando otros 40, más, para modernizar el que nos prometieron iba a ser la envidia de todos los aeropuertos del mundo. Ese es un solo caso, pero hay ejemplos sin cuenta.
En principio no suena mal que nos digan que los usuarios aportarán el costo de la ampliación, mediante un incremento a los peajes que pagan sus barcos por atravesar el Canal, pues se evitaría que los cuatro reales que recibe el Estado panameño de la ganancia que produce la operación del Canal se comprometan para financiar la obra.
Sin embargo, cuesta creer que las empresas navieras, que no son organizaciones inspiradas por el ideario de la madre Teresa de Calcuta, sino maquinarias comerciales creadas para producir ganancias a sus dueños, acepten, de manera altruista y desprendida, aumentar sus costos y sacrificar ganancias sin pedir nada a cambio. En estas épocas, hasta los niños de pecho saben que no existen las pajaritas preñadas.
En primer lugar, dudo que las navieras y los gobiernos que en el pasado han movido cielo y tierra para oponerse a los aumentos de los peajes, ahora los acepten tan tranquilamente. Si éstos llegaran a aceptar un aumento de los peajes, algo tendrá que ofrecérseles como contrapartida, y esa es otra carta que no debe permanecer tapada sino que debe ser divulgada en todos sus detalles.
En cuanto a las fabulosas cifras sobre los miles de empleos que generará la ampliación, que es el señuelo con el que se pretende engatusar a la ciudadanía para que vote SI en el referendo, hacen falta más aclaraciones. Para comenzar, si el subadministrador, por iniciativa propia no desmiente la burrada que lanzó a los cuatro vientos, alguien con jerarquía dentro del gobierno o la ACP debe hacerlo. Es obsceno que se juegue de esa manera con la esperanza de las decenas de miles de panameños que desesperadamente buscan un empleo que les permita llevar el sustento a sus hogares.
En vez de engañar al pueblo con falsas promesas, de empleos que nunca se materializarán, es ya hora de que se diga la verdad. Nunca habrá los empleos que se han anunciado. En una obra cuya construcción duraría siete años los empleos serán escalonados y temporales, de acuerdo a la etapa que esté realizándose. Es como cuando se construye un edificio: los que trabajan en las fundaciones, no son los que vacían las losas, y tampoco los que hacen las instalaciones sanitarias o eléctricas, o los que pegan los mosaicos.
Por otra parte, debe aclararse, cuáles son los empleos a los que podrá aspirar nuestra enorme masa de desempleados.
Sin escarbar mucho, es fácil suponer que las empresas que realizarán los trabajos técnicos más especializados traerán sus propios empleados y, también, que los salarios más jugosos, siempre acompañados de prebendas como vivienda y otras compensaciones monetarias y en especie estarán reservados para elementos foráneos. Ello, sin contar con que las técnicas de construcción serán muy distintas a las que, en su día, se utilizaron para la construcción del Canal.
Como este artículo debí entregarlo antes del mediodía de ayer, al momento de escribirlo todavía no se había producido "el gran anuncio". Por tanto, el próximo martes me ocuparé de sus bemoles. Por lo pronto, espero, aunque lo dudo, que su contenido haya justificado la larga espera, pero, sobre todo, que, por lo menos, haya marcado el inicio para el debate, sereno, objetivo y sin distorsiones que merece el pueblo panameño, y que le debemos a quienes, hasta con el sacrificio de sus vidas, materializaron nuestra verdadera independencia.