La angustia del ahogamiento
"Sentí que se me iba la vida! No podía pedir ayuda y por mucho que luché y resistí no aguanté más y sólo quedó dejarme ir. Mientras me hundía, vi alejarse el cielo azul, luego el borde del agua, luego vi un destello y luego vi todo negro?". Esto es, en resumen, lo que declaran quienes han sobrevivido a un episodio de ahogamiento, entre ellos, mi hermano Isaac, al que casi pierdo hace como unos diez años.
Lamentablemente, Jaime Blandón, ahogado en Alcalde Díaz; Isaías Díaz Rivera, ahogado en Torrijos Carter; José M. Villar, ahogado en FUCER; Alejandra E. Barría, ahogada en Cerro Silvestre; Luz G. Ortiz, ahogada en el Parque Acuático de Las Cumbres; María L. Hurtado, ahogada en el Camping Resort; y otros más, no tuvieron la suerte de sobrevivir.
La angustia del ahogamiento la viven quienes han perdido a un ser querido, en muchos casos, en lugares que se cree debieron estar vigilados, pero ahora existe una norma que obliga a todas las instalaciones a contratar los servicios de personas entrenadas en salvamento acuático. La Asociación de Guardavidas de Panamá propuso lo que hoy es la Ley N° 19 de 5 de junio de 2007, que regula el salvamento acuático como profesión en el país, y le da cabida a este grupo de profesionales que llevaban poco más 40 años de existencia formal sin que nadie se preocupara por normar esta actividad y nos granjeara un espacio jurídico.