La apariencia de la oposición
"Las apariencias engañan, no hay que creer en ellas...", dijo Menalco Solís a una televisora local al referirse a la publicitada reunión que se dio esta semana entre reconocidos líderes de la oposición panameña. Con estas palabras, Solís pretendía minimizar el incordio nacional que produjo ante la opinión pública los rostros felices de la dirigencia opositora, pues no entendía a qué se debía el renacer de viejas amistades tras años de insultos públicos. Pero lo que no parece enterarse, ni Solís o el resto de los políticos que asistieron, es que precisamente el punto más vulnerable de la oposición es la imagen que dan.
No son pocos los que opinan que el encuentro de la oposición volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad o la irracionalidad de ciertas alianzas, la precariedad de sus acuerdos y el desorden político de sus discursos. Pero lo que resulta aún peor es su alarmante dependencia de la brújula que marca el oficialista PRD, pues lo que haga o deje de hacer el partido gobernante parece definir el rumbo que asumen en sus encuentros en términos de pactos y posibles alianzas.
Con la excepción de escasos comentarios marginales que algunos dieron para justificar la "reconciliación" entre Mireya Moscoso y Guillermo Endara, la reunión no fue utilizada para producir ninguna declaración de fondo. Ambos ex mandatarios desestimaron referirse a los grandes problemas que afectan al país. La oposición desaprovechó el coyuntural espacio público para enviar un mensaje más acorde con las necesidades de los panameños que la de los partidos políticos.
La impresión es que la reconciliación puede ser sólo temporal, como ha ocurrido en otros tiempos, pues la "apariencia" que dieron (en las presentes circunstancias) es que los animaba un inocultable interés electoral. Y aunque es deseable que la oposición logre un mejor acercamiento, antes sus miembros deben fortalecer sus liderazgos y estabilizarse entre ellos para que la apariencia que demuestren no sea coyuntural, superficial y pasajera.
Al final, esa aparente reconciliación no logró convencer a un público cansado de tantas frivolidades políticas.
No son pocos los que opinan que el encuentro de la oposición volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad o la irracionalidad de ciertas alianzas, la precariedad de sus acuerdos y el desorden político de sus discursos. Pero lo que resulta aún peor es su alarmante dependencia de la brújula que marca el oficialista PRD, pues lo que haga o deje de hacer el partido gobernante parece definir el rumbo que asumen en sus encuentros en términos de pactos y posibles alianzas.
Con la excepción de escasos comentarios marginales que algunos dieron para justificar la "reconciliación" entre Mireya Moscoso y Guillermo Endara, la reunión no fue utilizada para producir ninguna declaración de fondo. Ambos ex mandatarios desestimaron referirse a los grandes problemas que afectan al país. La oposición desaprovechó el coyuntural espacio público para enviar un mensaje más acorde con las necesidades de los panameños que la de los partidos políticos.
La impresión es que la reconciliación puede ser sólo temporal, como ha ocurrido en otros tiempos, pues la "apariencia" que dieron (en las presentes circunstancias) es que los animaba un inocultable interés electoral. Y aunque es deseable que la oposición logre un mejor acercamiento, antes sus miembros deben fortalecer sus liderazgos y estabilizarse entre ellos para que la apariencia que demuestren no sea coyuntural, superficial y pasajera.
Al final, esa aparente reconciliación no logró convencer a un público cansado de tantas frivolidades políticas.