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La apoteosis mediocre- narcisista


No solo las enfermedades provocadas por patógenos virulentos pueden llegar a establecerse como desgracias masivas en un país. La soberbia, la ignorancia, la cobardía y los complejos irracionales también pueden dar pie al surgimiento de perniciosas epidemias: las de la mente y del espíritu. Estas no se pueden curar con simples medicamentos ni vacunas y toman mucho más tiempo, esfuerzos y penurias colectivas el poder verlas erradicadas. En nuestro país estos fenómenos parecen haber dado un vuelco mutacional particular: presenciamos la aparición y propagación de un vicioso híbrido, el "Mediocre-Narcisista".
Decía José Ingenieros: "Hay épocas en que el equilibrio social se rompe a favor de la mediocridad. El ambiente se torna refractario a todo afán de perfección, los ideales se debilitan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida...". Probablemente sea ésta una de esas épocas transitorias y negras, en donde pareciéramos haber entrado en un invierno de ideas y de principios y viésemos el regodeo abusivo de los mediocres y de los narcisos panameños.
Oscar Puiggrós, ex ministro de Salud de Argentina, en un artículo reciente publicado en La Nación, rememoraba a Ingenieros y se preguntaba: ¿Qué es un mediocre? Y se respondía a sí mismo diciendo que "...Ingenieros dice que el mediocre es un equilibrista. Equilibrista, por cierto, no significa equilibrado...". Puiggrós continuó su análisis afirmando que: "...El mediocre ignora qué es el "justo medio (aristotélico)", nunca hace un juicio sobre sí, desconoce la autocrítica, está condenado a permanecer en su módico refugio... El mediocre rechaza el diálogo, no se atreve a confrontar con el que piensa distinto. Esa es una de sus características: es fundamentalmente inseguro y busca excusas que siempre se apoyan en la descalificación del otro. Carece de coraje para expresar o debatir públicamente sus ideas, propósitos y proyectos. Esta es una actitud fundamentalista (del mediocre), que lo encierra en la convicción de que él posee la verdad, la luz, y su adversario el error, la oscuridad. Quienes piensan y actúan así integran una comunidad enferma y, más grave aún, la dirigen, o pretenden hacerlo... El mediocre no logra liberarse de sus resentimientos... se siente libre de culpa y serena su conciencia si disposiciones legales lo liberan de las sanciones por las faltas que cometió. La impunidad lo tranquiliza...".
Por otro lado, el escritor inglés Jeremy Laurance, en un artículo publicado hace poco en The Independent, de Londres, disecciona la naturaleza y esencia de los narcisos. Sin quererlo ha descrito con mucha agudeza y fidelidad a muchos personajes de la fauna entomológica local. Dice Laurance que: "... quienes sufren del trastorno de personalidad narcisista desarrollan un pernicioso hábito de grandiosidad y se obsesionan con una fantasía de su éxito, su poder y su capacidad... A la vez, estas personas pueden ser extremadamente sensibles a las críticas o a cualquier derrota. Ante un fracaso que ponga en duda la alta opinión que tienen de sí mismas, es fácil que se enfurezcan y caigan en severa depresión...".
Laurance continúa diciendo que "...las personas con trastornos de personalidad (narcisista) son tan rígidas que no pueden adaptarse a la realidad; no están conscientes de que su pauta de conducta es inapropiada y a menudo creen que es normal y correcta... (el) narcisista es muy egoísta, siente tener derecho a que lo elogien y le concedan cosas y a ser tratado casi como rey la mayor parte del tiempo..". Yo añadiría que todo narciso es rotundamente envidioso, intolerante y rencoroso.
Últimamente, he encontrado evidencias de que la casta mediocre-narcisista está más extendida de lo que yo creía. Cualquiera lo puede constatar con solo abrir bien los ojos. Lo vemos todos los días en algunos periódicos, en mamotretos bochornosos escritos por gacetilleros tránsfugas y mercenarios, oportunistas dedicados a atacar a quienes les señalan sus amos. Lo escuchamos en decenas de espacios radiales, dedicados a promover las loas de alquiler o a ejecutar la difamación por encargo. Lo vemos a diario en la televisión, que cada día nos muestra las perlas salidas de la boca del bestiario criollo: polítiqueros, altos funcionarios o magistrados mintiendo desfachatadamente, defendiendo bribonadas, lanzando vejámenes y amenazas o cocinando persecuciones absurdas en contra de quienes se atrevan a cuestionarlos o a desafiarlos. Por eso, sirva este escrito como una advertencia a los ciudadanos cuerdos. Todos somos o podemos ser víctimas potenciales de los mediocre-narcisistas. Personas muy valiosas (desde académicos meritorios hasta periodistas valientes), son ahora mismo víctimas del hostigamiento y del encono delirante de sujetos cobardes, ebrios de esa efímera, mundana y patética cosa que es el poder, del que usan y abusan hoy, pero que no es eterno ni infinito. Ya vendrán mejores mañanitas para Panamá, porque la oscuridad y la miseria moral pasarán. La perversidad de los mediocre-narcisos criollos quedará atrás, como decía Allende: "más temprano que tarde".

101 años de Panamá América

 
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