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La Asamblea y la ACP


El martes de la semana pasada, la ciudadanía se enteró de una publicación que en forma de aviso apareció en el diario "La Prensa", transcribiendo una Resolución fechada el 3 de octubre de 2002, "Por la cual la Comisión de Asuntos del Canal de la Asamblea Legislativa de Panamá, apoya la implementación de la nueva estructura de peajes cónsona con las nuevas exigencias económicas según los costos de operación y expansión del Canal de Panamá".
Para la ubicación de responsabilidades históricas es justo señalar que la Comisión se reunió con un quórum muy precario. Asistieron a la reunión cuatro de los siete miembros que integran la Comisión, acompañados de dos altos funcionarios de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). Los miembros presentes fueron el Presidente de la Comisión, el legislador chiricano Julio César Castillo del Partido Arnulfista, la Secretaria de la Comisión, la legisladora darienita Haydeé Milanés de Lay del Partido Solidaridad, el legislador de Panamá Arturo Araúz del Partido Liberal Nacional y el legislador chiricano José Ismael Herrera del PRD.
Los funcionarios de la Autoridad del Canal presentes en el proceso de adopción de la resolución fueron el Sub Administrador del Canal, Ricaurte Vásquez y el ingeniero Rodolfo R. Sabonge Ch., Director de Planificación Corporativa y Mercadeo. No asistieron los otros tres comisionados los legisladores Tomas Gabriel Altamirano Mantovani, Omar Chen Chang, ambos del PRD y Héctor Aparicio del MOLIRENA.
La Comisión de Asuntos del Canal es una Comisión Permanente del Órgano Legislativo y como tal, de acuerdo con la Constitución y la ley sobre su régimen interior, sólo está facultada para examinar los asuntos de interés público que le competan "para que informen al pleno a fin de que dicten las medidas que considere apropiadas" (Artículo 155 - Numeral 6, Constitución Política). En la esfera legal la Ley No.49 que dictó el Reglamento Orgánico del Régimen Interno establece claramente en su Artículo 52 (ahora numerado 58), que la Comisión de Asuntos del Canal tendrá como funciones estudiar y proponer proyectos de ley y emitir conceptos mediante informe que será presentado al pleno.
La Resolución del 3 de octubre concertada por la Comisión de Asuntos del Canal, con la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), representada por el Sub Administrador Ricaurte Vásquez y por el Director de Planificación Corporativa y Mercadeo, ingeniero Rodolfo R. Sabonge Ch. actuó fuera del ordenamiento Constitucional y legal incurriendo en extralimitación de funciones e invadiendo esferas de competencia privativas de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Legislativa y del propio Ministerio de Relaciones Exteriores.
Aunque es evidente que la Comisión de Asuntos del Canal no está facultada para hacer pronunciamientos ante instancias distintas al Pleno de la Asamblea Legislativa, basta hacer un examen objetivo de la parte resolutiva para percatarse de las incongruencias y de las contradicciones en que se incurre en cada uno de los tres párrafos resolutivos.
En el primer párrafo, la Comisión señala que respalda el aumento en los peajes, atribuyendo como justificación el propósito de realizar "programas de mejoramiento y expansión de la capacidad del Canal". Se incluye la expansión mediante un tercer juego de esclusas, lo cual, como es de conocimiento público y singularmente de los legisladores sólo es posible mediante la aprobación legislativa y la celebración de un referéndum nacional. En el segundo párrafo resolutivo los cuatro legisladores, que son la mayoría de la Comisión, y los únicos que asistieron, le confieren a la ACP el status de una República dentro de otra República. Llegan al extremo de expresar que la Autoridad del Canal de Panamá tiene el derecho de administrar "su recurso natural", significando increíblemente que el Canal es un recurso natural de la Autoridad del Canal y no del Estado panameño, se niega en esta forma la proclamación consagrada en el Artículo 309 de la Constitución que dice que "el Canal de Panamá constituye un patrimonio inalienable de la nación panameña".
El colmo del desatino se consigna en el tercer párrafo resolutivo cuando, con el mismo concepto de una República dentro de otra República, los cuatro legisladores deciden "enviar copia de esta Resolución a la Autoridad del Canal de Panamá, a fin de que ésta, si así lo considera conveniente, le haga llegar copia al Secretario General de las Naciones Unidas y al Secretario General de la Organización de Estados Americanos". Aquí pareciera que se pretende reconocer a la Autoridad del Canal de Panamá como un Estado aparte; se desconoce que la República de Panamá tiene un Ministerio de Relaciones Exteriores, y lo que es más grave, se comete el dislate de acudir sin justificación alguna a la ONU y a la OEA.
A pesar de que el Administrador del Canal, Ing. Alberto Alemán Zubieta, admite que "el nuevo presupuesto del Canal no contempla los ingresos adicionales por el aumento de peajes" (La Prensa, junio 5 del 2002), fuentes vinculadas a la Autoridad del Canal no reparan en dar señales de que esos dineros estimados en US$80,000,000.00 no ingresarán al Tesoro Nacional. No esconden el propósito de lograr que sean destinados a fines ligados a inversiones iniciales para la ampliación del Canal, para la construcción de un tercer juego de esclusas, sin cumplir con la exigencia constitucional de la aprobación legislativa y del referéndum nacional. Por otra parte, la recaudación adicional de peajes no presupuestada constituye un excedente que el Artículo 41 de la Ley 19 de 1997, Orgánica de la ACP, ordena que sea remitida al Tesoro Nacional. No hacerlo constituye una infracción de los deberes de funcionarios públicos que podría conducir a una lesión patrimonial en perjuicio del estado panameño con las consiguientes responsabilidades para sus autores.
Es conveniente dejar claro que el hecho de que el nuevo presupuesto del Canal no contemple los ingresos adicionales por el aumento de peajes, en modo alguno le permite al Administrador destinar esos recursos a sufragar obras o programas que tengan que ver directa o indirectamente con la ampliación del Canal y el tercer juego de esclusas. El Artículo 314 de nuestra Constitución dispone que en materia de presupuesto la Autoridad del Canal de Panamá tiene que sujetarse también a lo establecido en el Capítulo 2° Título 9° de la Constitución que se refiere al presupuesto general del Estado. Este título constitucional contiene dos normas de obligante cumplimiento: La primera estatuye que "No podrá hacerse ningún gasto público que no haya sido autorizado de acuerdo con la constitución y la ley". (Artículo 273). La Segunda determina que: "Todas las entradas y salidas de los tesoros públicos deben estar incluidas y autorizadas en el respectivo presupuesto": (Artículo 274).
Alemán Zubieta registra como un desarrollo positivo la omisión presupuestaria ya mencionada, lo que, a su juicio, "significa que la posición financiera de la vía acuática mejorará significativamente" (La Prensa, 5/6/02). Imbuida de esta filosofía la Administración de la ACP, según ha revelado Alemán Zubieta, se ha dedicado a "preparar la documentación necesaria para entregarla a la calificadora de riesgo, con el fin de obtener el grado de inversión", que es la medida que se utiliza por las empresas calificadoras internacionales para definir un alto nivel de solvencia crediticia de un país o empresa. Naturalmente, como lo explican los técnicos de la calificadora Arden & Price, al obtener el grado de inversión, la ACP puede incursionar en el mercado internacional para tener acceso a las necesidades futuras de financiamiento.
Según documento de la ACP, en el aspecto de financiamiento la Administración del Canal desde hace un par de años ha estado tanteando a los bancos internacionales, agentes multilaterales, agentes de crédito de exportación y calificadoras de riesgo. La acción tomada ahora por Alemán Zubieta tiene como antecedente que en el año 2000, la Administración del Canal presentó los resultados financieros de la operación a los mercados de capital. Al respecto al decir del Sub Administrador, Ricaurte Vásquez, la Autoridad aspira a una calificación de grado de inversión o, mejor dicho, "varios escalones por encima del mínimo de inversión". En opinión del Sub Administrador Vásquez "esta calificación de riesgo permitirá que al ir a buscar financiamiento para la ampliación del Canal, los créditos se puedan solicitar como un ente independiente de la República de Panamá" (División de Capacitación y Desarrollo Departamento de Recursos Humanos ACP Curso: Nuestro Negocio, Su Entorno y Su Futuro)
La tesis de la Administración en cuanto a obtener financiamiento como un ente independiente de la República de Panamá es financieramente irreal y políticamente inaceptable. Está fuera de la realidad pretender que un banco u otra entidad financiera pudiera otorgar a la ACP créditos multimillonarios sin el aval del gobierno de la República de Panamá. A lo anterior se suma en el escenario político la debilidad de la personería internacional del Administrador y del Sub Administrador del Canal, cuyos cargos son de libre nombramiento y remoción por la Junta Directiva de la Autoridad del Canal, integrada por 11 directores, 9 de los cuales son nombrados por el Presidente de la República con acuerdo del Consejo de Gabinete y ratificados por el Órgano Legislativo (Artículos 313 - Numeral 1 y 312 de la Constitución Política).
Lo acontecido en la Comisión de Asuntos del Canal con la participación de altos funcionarios de la ACP no debe pasar inadvertido a la conciencia civil del país. Virtualmente se ha producido una usurpación de la función constitucional de la Asamblea Legislativa como órgano del poder público y es de esperar que su presidente el Dr. Carlos Alvarado y los partidos políticos allí representados le expliquen a la ciudadanía si la Resolución del 3 de octubre de 2002, a que se ha hecho referencia, representa el criterio del pleno de la Cámara Legislativa, o si por el contrario se trata de un acto injustificado e inconsulto que carece de la sanción del Organo Legislativo.
"Los nenes" por su parte, son admirados como hombres atractivos por las mujeres que frecuentan la disco. Siempre salen con alguien colgado del brazo y al día siguiente, borrón y cuenta nueva.
Sus vidas son iguales a las de cualquier joven. Asisten a la universidad y manejan un modesto auto, con la diferencia de que una vez se suben al escenario comienza un papel de artistas a punto de caer en "stripers".
Es la 1:45 de la madrugada y el ambiente no es diferente al de otros sitios de diversión: música estridente, luces de colores intermitentes, un humo invasor que llega a los pulmones desde la primera inhalación y cuerpos humanos que se contornean al son de los diferentes ritmos musicales.
De repente, cesan las luces "flasheantes" y se encienden los focos claros. Un tipo sube a la tarima y con su habitual "grito de guerra" saluda a los presentes y les indica que los más caliente de la noche está por comenzar.
De la pista de baile, las barras del bar y de las sillas o taburetes, una estampida humana se abalanza con rumbo a la tarima y se coloca frente a ella con el afán de lograr el mejor lugar que le permita observar cada detalle del espectáculo.
Tres parejas de jóvenes suben al estrado invitados por el animador y una vez se dictan las instrucciones empieza el destape: los actores de la noche inician el juego con movimientos pélvicos, gemidos casi orgásmicos, caricias que invaden las partes más íntimas de la anatomía y, en los casos extremos, desvistes que pueden dejar al más osado solo con su ropa interior, si no es que desnudo.
Son las nuevas noches de diversión en Panamá, cada vez más comunes en las distintas discotecas del país y que tienen como protagonistas no a actores o desnudistas, sino a jóvenes comunes que por el afán de ganarse una jarra de cerveza, una botella de licor o, en el mejor de los casos, una estadía en un hotel playero del país o del exterior, son capaces de quedar "en pelotas" frente a cientos de personas.
Estos espectáculos son cada vez más frecuentes y pueden lograr que un lunes o martes de disco, parezca fin de semana coincidente con pago de la quincena.
¿Pero qué es lo más curioso de estos "shows"? Que están dirigidos en la mayoría de los casos para las chicas, por lo que no es de extrañar que sean éstas quienes de lunes a lunes abarroten las discotecas.
Según lo observado por El Panamá América, cuando el espectáculo es para hombres y mujeres, los juegos suelen ser más amplios y no se concentran únicamente en aspectos eróticos. Pruebas de resistencia entre géneros, mediante bebedera de cervezas o tragos, y competencias de bailes al ritmo del disco de moda, son sólo algunos de los juegos en los que intervienen los más osados de la noche.
No es lo mismo ir a una discoteca a bailar que ver a los demás bailando. Y en ese proceso de observación se confirmó un detalle que viene dándose con mucha frecuencia: A diferencia de tiempos pasados, cuando las personas llegaban a un lugar de diversión y bailaban toda la noche, ahora ¡la gente no va a la "disco" a bailar, sino a ver!
En los casos más optimistas pareciera que el placer de la danza, que en el pasado era disfrutado conjuntamente por el hombre y la mujer, se ha convertido en un desafío de sexos donde cada uno hace gala, por separado, de sus mejores dotes.
Por ello, no fue nada extraño observar en las discotecas a las chicas de un lado de la pista bailando entre ellas, y del otro a los muchachos tirando sus pasos y coreando la canción. No faltaron las parejas, siempre del mismo género, que en medio de la pista bailan entre sí haciendo denotar que una pieza de baile puede ser disfrutada tanto de manera individual o colectiva.
Aún así, las discotecas, dependiendo de sus respectivos ambientes, no pierden el encanto que siempre las ha caracterizado como sitios por excelencia para hacer ligues de pareja. Y la atenuante de esta época es que el galanteo no se circunscribe a la tradicional búsqueda, por parte de los hombres, de mujeres solitarias y solícitas.
Porque a diferencia de tiempos pasados, ahora son las mujeres quienes toman la iniciativa al momento de "levantarse" al chico que es de su agrado. Esto, utilizando frases como "sácame a bailar" o el "déjame pedir tu trago". Por supuesto que estas actitudes no incomodan para nada a los miembros del llamado sexo fuerte.
Verificar si se da o no la venta y consumo de drogas en las discotecas panameñas fue otro de los objetivos del equipo de periodistas de El Panamá América. Por ello, el trabajo también incluyó una amplia observación dentro de los locales visitados para ver si el ilícito se está cometiendo.
De acuerdo con lo observado, muchas discotecas han aplicado medidas para prevenir que sus locales sean utilizados para la venta de estupefacientes. Ello a raíz de que las autoridades policiales han arreciado con operativos de infiltrados para determinar si se da la anomalía y si ésta es aupada por los propietarios del negocio.
Los baños casi siempre están escoltados por agentes de seguridad, los que no sólo evitarían la posible compra-venta de narcóticos, sino que también evitan que las parejas utilicen los baños como cubículos románticos.
Aún así, hay quienes aseguran que en ciertos casos los miembros de la seguridad actúan en contubernio con los vendedores de droga para facilitarles la tarea. Durante los días de observación y en los sitios visitados no se pudo determinar si esto es así.
Era temprano, las 10:00 de la noche y aún no empezaba "la tanda de la ponchera", que en la jerga discotequera se traduce en reggae o "plena". Los ánimos aún no se encendían y la calma reinaba al compás de una que otra salsa y merengue.
Los minutos transcurrían y poco a poco las mesas, curiosamente identificadas con un visible letrero de gran tamaño con la denominación de "reservada", empezaban a escasear, a pesar de que la condición para ocuparlas es la compra de una botella de licor y que para aquellos días, la quincena sonaba distante... lejana. La fecha: un jueves 10 de octubre.
Una visita por un sitio que parece llevar implícito el sello de "sala de reuniones"; el baño de damas, permitió presenciar una conversación que atrajo a cada una de las que entró en ese momento. Cada cual tenía su punto de vista.
"Dayra", de 22 años, como decidimos llamarla de manera ficticia, propició el tema. Mientras se miraba al espejo, presionaba sus senos, uno contra el otro con el consentimiento de la abertura de su blusa que lo sugería sin recato, al tiempo que decía en voz alta: "a veces pienso que tengo muchas, creo que me las debería operar... ¿ustedes qué creen?"...
"No, ni se te ocurra", respondió pronto una vendedora de cajetillas de chicle, estratégicamente ubicada en su silla, a un lado del lavamanos y de una canasta de "propinas". "¿Tú no sabes cuántas quisieran tenerlas así?".
Le siguieron varias jóvenes que entraban por un retoque del labial, después de varios sorbos del trago de su predilección o para verificar que cada cabello estuviera en su sitio. Impecable y regia, ese es el truco.
La noche avanzaba y pasada las 12:00 se hizo el anuncio: "el show está por empezar". Una primera ronda de "shot" de tequila para medir fuerzas, reunió a tres muchachos frente a una mesa en una tarima rodeada de un público considerable, aunque resultó imposible obtener la taquilla a pesar de múltiples esfuerzos. La prueba consistía en calificar su rapidez. Un empate produjo otra ronda. Esta vez fueron tres, pero la situación se repitió. No había jurados. La decisión de quién resultara ganador recayó en los aplausos y gritos de la audiencia que ahora pedía otra vuelta. Finalmente uno se alza con la victoria y se lleva a la mesa una botella de whisky, que esa noche se vendía en B/. 30.00
Ahora les tocaba a ellas. La selección de las participantes era voluntaria, igual que la anterior, pero tardó un poco más. Sólo una subió al instante, "Dayra".
"Que suba, que suba", repetían a coro un grupo de amigos instando a una, pero ella se negó. En medio de la insistencia, otra concursante se enlistó en la aventura.
"Una, dos, tres" y el tequila empezó a correr por sus gargantas. "Dayra" y otra joven se convierten en finalistas, pero empatan a cuatro tragos.
Sus rostros se compungían, sin embargo, levantaban sus brazos indicando: "que siga la cosa". A la segunda etapa se bebieron cuatro tragos más y nada.
El animador del certamen decide entonces que la decisión salomónica se daría según el contorneo de las curvas de "Dayra y su rival", al ritmo de "pica, pa" que piques".
La voluptuosa chica, de cabello rizado a media espalda, que no le teme al licor, demostró que, además de libar, sabía bailar. Sólo bastó la pregunta del animador "ésta o ésta", con sus manos sobre la cabeza de ambas, para que en coro se escuchara "Dayra, Dayra".
Curiosamente el anfitrión del evento se atrevió a preguntarle a la protagonista de nuestra historia, previo al inicio de la reñida competencia: "¿tú mamá sabe que estás aquí?" y ella, muy segura respondió: "sí... claro".
Después de su ardua tarea frente a la barra improvisada, "Daira" no perdió un segundo para moverse incesante en la pista, merengue tras merengue, en una "tanda retro" como la denominó el "dj".
No obstante, uno de los tres participantes que antecedieron al evento de las damas, no corrió la misma suerte. Sentado en una mesa colindante a la pista, luchaba en el borde de una silla por no irse al piso, en el que ya se dejaban ver las primeras muestras de los estragos del alcohol que había salido del estómago por su boca.
Sus amigos luchaban porque no se cayera, pero cada vez la lucha se tornaba más titánica. Al punto que poco después no les quedó más remedio que retirarse de la disco.
Un miembro del equipo de este medio logró infiltrarse en un grupo de jóvenes que tenía planeado divertirse en una de las discotecas.
Un contacto sirvió de puente para llegar al grupo. Una vez en él, se detectó que sus miembros pretendían "entonarse" antes de entrar a la disco, pues allí es difícil introducir droga, debido a que se sabe que hay agentes infiltrados en estos centros, además de que cada cliente es revisado al entrar.
La residencia de uno de los muchachos sirvió de escenario para la "entrada en calor".
De manera indolente, uno de ellos sacó un paquete con marihuana y procedió a confeccionar los cigarrillos de esta droga. Sin más, él y sus amigos la fumaron con placer.
Ese momento fue aprovechado para, sigilosamente, fotografiar la acción con una diminuta cámara digital. Una vez cumplido su cometido, el grupo se dirigió a la discoteca.
Detrás de un ritmo pegajoso, el humo y una noche de fantasía en una discoteca, podría estar el peligro latente. Los jóvenes que hoy día asisten a estos centros nocturnos del país, en lo que menos piensan es que podrían corren un gran peligro, por lo menos en las que pudo visitar El Panamá América.
Y es que la diversión que buscan los jóvenes hoy día debe ir acompañada con la seguridad que garantice la integridad personal en caso de desastre, incendios u otro evento que pueda causar el pánico entre las personas.
Por ejemplo, en el caso de las cuatro visitadas por este medio, sólo una tiene dos puertas, mientras que tres cuentan con una puerta, de dimensiones muy estrechas para la cantidad de gente que las frecuenta. Y lo que es peor: En dos de ellas se accede a sus instalaciones por un estrecho pasillo, y en otra es necesario subir dos pisos por estrechas escaleras.
De llegar a ocurrir algún tipo de emergencia en un local como éstos, habría pánico, y las personas que allí se encuentren embriagadas y en una semi oscuridad no podrían evacuar el local a tiempo.
Generalmente, según pudo constatar este medio, los concurrentes a estos centros de diversión no tienen presente el factor seguridad. Sólo les interesa la diversión y el desenfreno.
Una irregularidad latente dentro de una de las discotecas fue la presencia de tanques de gas para la venta de tacos, a un costado de la pista, sin tener las medidas de seguridad como los extintores.
Unicamente una de ellas tiene un extintor de incendios visible, pese a que en el local en que menos clientes se observó había unas 200 personas. El que presentaba mayor número de clientes era visitado por unas 500 personas.
Por otro lado, internamente existen agentes de seguridad privados que laboran para las discotecas, y esporádicamente se aparecen policías de menores a primeras horas de la madrugada para hacer sus rondas.
Un agente de seguridad de una de las discotecas, que prefirió permanecer en el anonimato, informó que "sí asisten menores de edad a las discotecas", pero por lo general "la competencia", es decir, propietarios de otras discotecas cercanas, denuncian la situación a la policía mediante una simple llamada telefónica.
Según la seguridad de este establecimiento, a pesar de que se solicita la cédula en la entrada, los menores de edad que conocen y tienen algún tipo de confianza en el lugar pueden ingresar, especialmente a los denominados "saraos" universitarios de los viernes.
Una de las noches de la investigación periodística, la Policía de Menores ingresó a una discoteca pasada la media noche, pero no encontró menores de edad, por lo menos dentro del local. Sin embargo, en los alrededores del establecimiento, la policía detuvo a una menor.

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