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La automatización y la filosofía de Kellogg


En la portada de la edición No.271 de Martes Financiero del 6 de mayo de 2003, aparecen cuatro destacados ciudadanos panameños, considerados como "iconos empresariales", donde se destaca la filantropía de cada uno. Son empresarios que, guiados por la dimensión humana de sus empresas, hacen llegar a la comunidad algo de sus recursos, "más allá de los empleos que generan, los impuestos que pagan y los productos que venden".
En la página 16 de esa misma edición de Martes Financiero se presenta un interesante artículo de Andrés Thompson, director del Programa para América Latina y Caribe de la Fundación Kellogg, en el que se destaca la nueva variable que está sucediendo en el mundo de los negocios. La empresa, según Thompson, comienza a entenderse como mucho más que una institución simplemente productora de bienes y servicios que busca el lucro a toda costa. Ahora se percibe como un miembro de la sociedad, responsable por su entorno y del que depende y se nutre. Esta situación ha llevado a los grandes entendidos de lo económico a cuestionar muy seriamente las ventajas de la automatización.
Nuestra opinión es que la automatización se ha constituido en el peor enemigo del hombre. A cada momento todos somos sorprendidos por los adelantos tecnológicos que se dan en todos los sectores de la industria y nunca nos ponemos a pensar sobre las consecuencias humanas inmediatas que producen.
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Las máquinas, llamadas inteligentes, están reduciendo dramáticamente las plazas de trabajo del hombre convirtiéndolo en un sujeto pasivo en el desarrollo económico.
Los partidarios de la automatización suelen argumentar a su favor que "aunque los trabajadores queden sustituidos por la nueva tecnologías, el problema del desempleo se resolverá finalmente por sí solo. El creciente número de desempleados reducirá los niveles salariarles. Los salarios más bajos tentarán a los empresarios a contratar trabajadores adicionales en lugar de invertir en materiales más caros, moderando de esta forma el impacto de la tecnología sobre los puestos de trabajo". ¿Qué tal no? Ni más ni menos lo que estos señores plantean es el sometimiento del hombre a la máquina.
Un aspecto que aparentemente no han tomado en cuenta los partidarios de la automatización es que los adelantos tecnológicos, por su parte, igualmente cada día se abaratan más permitiendo su accesibilidad casi en forma masiva.
Como ejemplo podemos comparar el costo de un ordenador, hace cinco años, y su costo hoy día de una tercera parte con mayores avances tecnológicos.
W.K. Kellogg, industrial de la época ante la expansión de la automatización, expresó que si los Estados Unidos querían evitar el permanente desempleo, era necesario que la comunidad empresarial compartiera sus ganancias en la productividad con sus trabajadores en forma de reducción en las horas de trabajo. Kellogg razonaba que si aceptamos cuatro jornadas de seis horas, en vez de tres de ocho horas, ello daría trabajo y salarios a una gran cantidad de trabajadores que les garantizaba un adecuado poder de compra. Este argumentaba que sus trabajadores debían poder beneficiarse de los incrementos en productividad disfrutando de semanas laborales más cortas y salarios más altos. La empresa produjo informes en los que demostraba que la reducción en horas de trabajo mejoraba el entusiasmo y la eficacia en el mismo.
En 1953, la empresa publicó un detallado estudio en el que mostraba que después de cinco años trabajando seis horas al día, los costes unitarios estructurales o generales se habían reducido en un 25%, los costes de mano de obra se habían reducido en un 10%, los accidentes laborales habían disminuido en un 41% y el número de personas trabajando en Kellogg se había incrementado en un 30% con respecto a 1929. Decía la empresa que "en nuestro caso es algo más que teoría. Lo hemos demostrado con cinco años de experiencia. Hemos llegado a la conclusión de que, con la reducción en la jornada laboral, la eficacia y la moral de nuestros empleados se ha incrementado, los accidentes y las franquicias por seguros se ha mejorado y los costes unitarios de producción han disminuido tan considerablemente que podemos incluso, pagar por seis horas como si realmente fuesen ocho las trabajadas".
No existe hoy día quien pase agachado en esta triste y alarmante situación. La primera ola de la automatización afectó en forma más impactante a los trabajadores de más bajo nivel salarial, pero ahora no hay quien escape. Ya ha comenzado a afectar a los escalones medios, amenazando la estabilidad económica y seguridad de la clase media. Las nuevas víctimas son ahora también los que viven en barrios acomodados que se han quedado sin trabajo.
Cada vez más trabajadores de repente se encuentran sin trabajo. Algunos se han encerrado detrás de las puertas de sus casas, pasan la mayor parte del tiempo en sus habitaciones viendo novelas en la televisión. Algunos se refugian en el alcohol, otros comienzan a hacer tareas domésticas y a llevar y traer a sus hijos a la escuela, etc., que ha ocasionado lo que se ha tenido a bien llamar "la declinante clase media".
Los botados que tienen la fortuna de encontrar nuevamente trabajo lo hacen aceptando trabajos con beneficios inferiores a los que tenían. Por todos lados vemos apartamientos de vivienda con letreros que indican "se alquila", desocupados por centenares de familias que han tenido que reducirse a condiciones de vida inferiores a las que mantenían.
Ojalá que el Estado panameño realice esta situación y haga algo al respecto, y no se limite a justificarse. Sería interesante que el Gobierno Nacional dé a conocer a la comunidad qué medidas concretas ha implementado a objeto de hacer frente a esta realidad económica y los resultados obtenidos, porque además de la exasperación por la situación, lo que más enardece es que el gobierno se muestre imperturbable limitándose a observar el acontecer de los hechos.
Ojalá que los candidatos a puestos de elección, sobre todo los candidatos a la Presidencia de la República, pudieran percibir esta nueva dimensión de la empresa privada y en sus programas de gobierno se comprometan a trabajar en su consecución.

101 años de Panamá América

 
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