¿La Bahía todavía vive?
Es la interrogante que quizá muchos nos hacemos, pues la Bahía de Panamá está enferma y casi la mayoría pasamos inadvertida esta situación, mostrándole indiferencia y lamentablemente, así no sanará. Sé de ciertos panameños, amantes del ambiente como yo, que vienen sufriendo en carne propia este dolor que siente uno de los sitios más hermosos de nuestro país, donde lastimosamente sus aguas siguen condenadas a morir y formar parte de un "mar muerto", que no dé señales de vida, si no se atiende. Afortunadamente algunos compatriotas y extranjeros emprendedores han mostrado preocupación y están decididos a comenzar la misión de salvar la bahía.
Aún me pregunto: ¿La Bahía todavía vive? Rápidamente me respondo: sí, aún vive, me lo dice el vaivén de sus olas que reflejan la incansable lucha del mar panameño por no dejarse abatir por la contaminación que le traen los desechos industriales, basuras orgánicas e inorgánicas y aguas negras que vienen de los ríos, desahuciados por su mal uso y que otras veces ya traen en sus venas el sistema de alcantarillados, llevando como destino el entorno de la bahía y sitios adyacentes.
La Bahía de Panamá está a punto de recibir la "extrema unción" y pareciera que sólo un milagro la puede salvar; la mejor arma es la fe de quienes sentimos que todavía sus aguas pueden ser sanadas, sometiéndolas a radicales tratamientos de "desintoxicación", porque los fétidos olores que emanan de sus entrañas son el diagnóstico elocuente de que confronta una patología por todos conocida, producto de haberla alimentado con elementos contaminantes, que nunca deseó, y que a la fuerza ingirió, produciéndole un daño incalculable de millones de balboas para el costo de su tratamiento, porque existe la aspiración de salvarla si es tratada cuanto antes, para que siga viviendo y reciba de alta.
Ojalá que el esfuerzo de los municipios de Panamá y San Miguelito al convenir limpiar los ríos y quebradas para sanear la bahía no sea en vano, porque la batalla será desigual si la mayoría es la que ensucia y la minoría la que limpia. Sabemos que en estos casos el gobierno también ha dado su ayuda. La solución debe ser integral. Se pueden ir sumando no sólo estos municipios, sino otros más, a fin de que aporten su granito de arena, frente al grave problema que afronta la bahía. De lograrse este anhelado y ambicioso plan, será prolongarle la existencia sana, garantizada y feliz a la bahía panameña, cual enfermo al que le llegó la gran oportunidad de su vida de tener a alguien que lo diera todo, para lograrle el alivio y cura, ante tantos años de sufrimientos.
Aún me pregunto: ¿La Bahía todavía vive? Rápidamente me respondo: sí, aún vive, me lo dice el vaivén de sus olas que reflejan la incansable lucha del mar panameño por no dejarse abatir por la contaminación que le traen los desechos industriales, basuras orgánicas e inorgánicas y aguas negras que vienen de los ríos, desahuciados por su mal uso y que otras veces ya traen en sus venas el sistema de alcantarillados, llevando como destino el entorno de la bahía y sitios adyacentes.
La Bahía de Panamá está a punto de recibir la "extrema unción" y pareciera que sólo un milagro la puede salvar; la mejor arma es la fe de quienes sentimos que todavía sus aguas pueden ser sanadas, sometiéndolas a radicales tratamientos de "desintoxicación", porque los fétidos olores que emanan de sus entrañas son el diagnóstico elocuente de que confronta una patología por todos conocida, producto de haberla alimentado con elementos contaminantes, que nunca deseó, y que a la fuerza ingirió, produciéndole un daño incalculable de millones de balboas para el costo de su tratamiento, porque existe la aspiración de salvarla si es tratada cuanto antes, para que siga viviendo y reciba de alta.
Ojalá que el esfuerzo de los municipios de Panamá y San Miguelito al convenir limpiar los ríos y quebradas para sanear la bahía no sea en vano, porque la batalla será desigual si la mayoría es la que ensucia y la minoría la que limpia. Sabemos que en estos casos el gobierno también ha dado su ayuda. La solución debe ser integral. Se pueden ir sumando no sólo estos municipios, sino otros más, a fin de que aporten su granito de arena, frente al grave problema que afronta la bahía. De lograrse este anhelado y ambicioso plan, será prolongarle la existencia sana, garantizada y feliz a la bahía panameña, cual enfermo al que le llegó la gran oportunidad de su vida de tener a alguien que lo diera todo, para lograrle el alivio y cura, ante tantos años de sufrimientos.