La Banca y los casinos “On line”
Si bien la nueva reglamentación que mediante resolución del pleno de la Junta de Control de Juegos fue aprobada en octubre de 2002, para establecer un registro de empresas dedicadas a la Operación de Juegos de Suerte y Azar y demás actividades que originan apuestas por medio de sistemas de juegos de comunicación a distancia, podría ser calificada como una buena iniciativa del gobierno para promover el desarrollo de una actividad que ha probado ya en otros países ser un excelente medio de generación de empleo y fuente de apreciables ingresos para el fisco, ésta no podrá tener los resultados esperados si no logramos que Panamá pueda extraerla real ventaja a sus tradicionales y reconocidas fortalezas.
Convertir las fortalezas en oportunidades sólo es posible cuando se tiene clara conciencia de la eficacia de ellas. Y eso, a su vez, se logra cuando quienes están a la caza de oportunidades de inversión ven favorecida su iniciativa de invertir en una determinada actividad y plaza, por la capacidad de aprovechar las ventajas comparativas que ofrece el modelo económico y el entorno de ese país donde se pretende desarrollar ese volitivo acto empresarial.
El Reglamento que sienta las bases para que Panamá sea observada como un destino útil para el asentamiento de empresas que administran y operan juegos on line, que es como se conocen los famosos casinos virtuales y las agencias de apuestas o sportbooks, fue la consecuencia de un esfuerzo de los funcionarios involucrados en su creación, los cuales tuvieron la laudable visión de contratar, con la intermediación de la OEA, los servicios de experimentadas firmas de consultoría de Las Vegas, precisamente para alcanzar un resultado final que fuera el producto de las experiencias del sector, de los nuevos requerimientos de la actividad y de las exigencias de seguridad en materia de prevención de delitos relacionados.
Sin que dejemos de reconocer que el Reglamento puede ser susceptible de modificaciones para mejorarlo, cuando su aplicación práctica así lo sugiriese, este marco jurídico es hoy por hoy una singular herramienta que, eficazmente divulgada y objetivamente aplicada, se debe traducir en un importante motor de generación de oportunidades para Panamá, que en asocio con el aprovechamiento de otras ventajas, tales como su moderno sistema de telecomunicaciones, su concentricidad geográfica, su creciente población bilingüe, su eficiente plataforma tecnológica, la libertad económica y estabilidad política de que goza el país y, sin duda alguna, su centro financiero internacional que exhibe más de 110 bancos situados en esta nación, de seguro que pueden convertirnos en una importante base para el desarrollo de estos negocios soportados en la tecnología de la información.
No es posible dejar de reconocer el sorprendente crecimiento global que ha tenido la industria del juego, cuyo surgimiento se remonta a los albores de la civilización humana, y su origen y existencia misma responde a la esencia de la incertidumbre, creadora de la ilusión que se incrementa con el destino. Su práctica ha prevalecido a través de los siglos, pese a las transformaciones que ha sufrido la humanidad; la pasión por jugar, desafiar lo inevitable y ganar son el secreto de su permanencia.
222La banca panameña, lejos de aprovechar las innumerables ventajas comparativas que poseemos, se ha convertido en una caja de resonancia de las políticas restrictivas...
El juego es una pasión misteriosa formada por una mezcla de ilusiones y transgresión. Tal como decía Quevedo. “En la vida y en el amor, vale más perder que nunca haber jugado”. Finalmente, quien no arriesga no gana.
Cada cultura se entrega a la suerte de una manera singular o diversa. En Roma, hacia el siglo II d. C., cuando surgen las primeras loterías públicas, tenían significados eminentemente distintos a los que movían a la lúdida corte del siglo de Oro Español en sus entremeses de naipes y oca. Responde, pues, a la naturaleza del ser humano de aceptar los retos y desafiar al destino. Ahora bien, a pesar de las expresiones contenidas en el párrafo anterior que evocan los fundamentos de esa práctica lúdida tan extendida, nada sería más desacertado que interpretar de esas ideas que quien las expone es un prosélito de su ejercicio, pues nunca me he inclinado por someter el resultado de mis acciones a las aleatorias circunstancias del azar y la casualidad, los que por ser exógenos factores dejan muy poco al mérito de las habilidades propias. Pero eso, en nada hace cambiar el hecho de que estemos frente a una gran oportunidad de negocios que el país no debe dejar de aprovechar.
Recientemente, por iniciativa propia en mi calidad de abogado que ha venido siguiendo la evolución de este tema, viajé a Costa Rica para entrevistarme con colegas que prestan servicios a empresas de la industria del juego que desde hace algunos años se han establecido en ese hermano país, con el objeto de explicar las bondades del Reglamento recién aprobado, promover el interés en Panamá y presentar, además, las capacidades de nuestro despacho para atender eventuales operadores interesados. Fue entonces cuando pude conocer que la Banca de ese país estaba cerrando las operaciones que mantenían las empresas del juego on line en sus diversas instituciones. Esto, al parecer, ocurría por la presión que la banca norteamericana estaba ejerciendo sobre la de Costa Rica. En ese momento pensé que tal circunstancia debía ser aprovechada por Panamá, que además de que había creado una base legal para operar los juegos electrónicos con lo que se permitía, previo el cumplimiento de unos rigurosos requisitos, registrar empresas y expedir licencias de juego, también poseía un sólido sistema bancario que podría ir rápidamente al encuentro de llenar ese vacío que, seguramente, afectaría sensiblemente el desarrollo de este tipo de operaciones en ese país centroamericano. En virtud de ello, me dispuse a investigar la oferta bancaria que en tal sentido existía en la plaza. Sin embargo, el resultado fue decepcionante. Un país que se precia de ser una gigantesca finca de servicios internacionales, ha perdido, si es que algún día lo tuvo, la agilidad, agresividad y avance que deben caracterizar a un centro internacional de negocios off-shore y actividades conexas. La banca panameña, lejos de aprovechar las innumerables ventajas comparativas que poseemos, se ha convertido en una caja de resonancia de las políticas restrictivas, de atosigamiento y extorsión de Washington, los países G, la OCDE y oros tantos colosos, en fin un astro sin luz propia que sólo entiende la soberanía como un concepto intramurado en el rectángulo de la bandera que ondea en el Cerro Ancón.
No es posible desarrollar el país con esa tímida actitud que rodea al banquero panameño. Serán estériles los esfuerzos tanto del gobierno como del resto de los que formamos el sector privado por destacar las ventajas de Panamá y tratar de que sean aprovechadas otras fortalezas que hacen del país una envidiable plaza competitiva. Si los responsables de esta digna iniciativa gubernamental quieren ver coronadas las expectativas que con tanta ilusión impulsaron la creación de este Reglamento, tendrán que hacer algo al respecto. Por ahora se me ocurre sugerir la necesidad de que el gobierno, mediante los competentes funcionarios de la Junta de Control de Juegos, haga una presentación formal y objetiva de las bondades del Reglamento recién aprobado ante la Asociación Bancaria de Panamá, en la cual destaque las seguridades que ofrecen la aplicación de este estatuto legal para la industria de la Banca en nuestro país, o preparémonos para enterrar el bebé en la cuna.
Convertir las fortalezas en oportunidades sólo es posible cuando se tiene clara conciencia de la eficacia de ellas. Y eso, a su vez, se logra cuando quienes están a la caza de oportunidades de inversión ven favorecida su iniciativa de invertir en una determinada actividad y plaza, por la capacidad de aprovechar las ventajas comparativas que ofrece el modelo económico y el entorno de ese país donde se pretende desarrollar ese volitivo acto empresarial.
El Reglamento que sienta las bases para que Panamá sea observada como un destino útil para el asentamiento de empresas que administran y operan juegos on line, que es como se conocen los famosos casinos virtuales y las agencias de apuestas o sportbooks, fue la consecuencia de un esfuerzo de los funcionarios involucrados en su creación, los cuales tuvieron la laudable visión de contratar, con la intermediación de la OEA, los servicios de experimentadas firmas de consultoría de Las Vegas, precisamente para alcanzar un resultado final que fuera el producto de las experiencias del sector, de los nuevos requerimientos de la actividad y de las exigencias de seguridad en materia de prevención de delitos relacionados.
Sin que dejemos de reconocer que el Reglamento puede ser susceptible de modificaciones para mejorarlo, cuando su aplicación práctica así lo sugiriese, este marco jurídico es hoy por hoy una singular herramienta que, eficazmente divulgada y objetivamente aplicada, se debe traducir en un importante motor de generación de oportunidades para Panamá, que en asocio con el aprovechamiento de otras ventajas, tales como su moderno sistema de telecomunicaciones, su concentricidad geográfica, su creciente población bilingüe, su eficiente plataforma tecnológica, la libertad económica y estabilidad política de que goza el país y, sin duda alguna, su centro financiero internacional que exhibe más de 110 bancos situados en esta nación, de seguro que pueden convertirnos en una importante base para el desarrollo de estos negocios soportados en la tecnología de la información.
No es posible dejar de reconocer el sorprendente crecimiento global que ha tenido la industria del juego, cuyo surgimiento se remonta a los albores de la civilización humana, y su origen y existencia misma responde a la esencia de la incertidumbre, creadora de la ilusión que se incrementa con el destino. Su práctica ha prevalecido a través de los siglos, pese a las transformaciones que ha sufrido la humanidad; la pasión por jugar, desafiar lo inevitable y ganar son el secreto de su permanencia.
222La banca panameña, lejos de aprovechar las innumerables ventajas comparativas que poseemos, se ha convertido en una caja de resonancia de las políticas restrictivas...
El juego es una pasión misteriosa formada por una mezcla de ilusiones y transgresión. Tal como decía Quevedo. “En la vida y en el amor, vale más perder que nunca haber jugado”. Finalmente, quien no arriesga no gana.
Cada cultura se entrega a la suerte de una manera singular o diversa. En Roma, hacia el siglo II d. C., cuando surgen las primeras loterías públicas, tenían significados eminentemente distintos a los que movían a la lúdida corte del siglo de Oro Español en sus entremeses de naipes y oca. Responde, pues, a la naturaleza del ser humano de aceptar los retos y desafiar al destino. Ahora bien, a pesar de las expresiones contenidas en el párrafo anterior que evocan los fundamentos de esa práctica lúdida tan extendida, nada sería más desacertado que interpretar de esas ideas que quien las expone es un prosélito de su ejercicio, pues nunca me he inclinado por someter el resultado de mis acciones a las aleatorias circunstancias del azar y la casualidad, los que por ser exógenos factores dejan muy poco al mérito de las habilidades propias. Pero eso, en nada hace cambiar el hecho de que estemos frente a una gran oportunidad de negocios que el país no debe dejar de aprovechar.
Recientemente, por iniciativa propia en mi calidad de abogado que ha venido siguiendo la evolución de este tema, viajé a Costa Rica para entrevistarme con colegas que prestan servicios a empresas de la industria del juego que desde hace algunos años se han establecido en ese hermano país, con el objeto de explicar las bondades del Reglamento recién aprobado, promover el interés en Panamá y presentar, además, las capacidades de nuestro despacho para atender eventuales operadores interesados. Fue entonces cuando pude conocer que la Banca de ese país estaba cerrando las operaciones que mantenían las empresas del juego on line en sus diversas instituciones. Esto, al parecer, ocurría por la presión que la banca norteamericana estaba ejerciendo sobre la de Costa Rica. En ese momento pensé que tal circunstancia debía ser aprovechada por Panamá, que además de que había creado una base legal para operar los juegos electrónicos con lo que se permitía, previo el cumplimiento de unos rigurosos requisitos, registrar empresas y expedir licencias de juego, también poseía un sólido sistema bancario que podría ir rápidamente al encuentro de llenar ese vacío que, seguramente, afectaría sensiblemente el desarrollo de este tipo de operaciones en ese país centroamericano. En virtud de ello, me dispuse a investigar la oferta bancaria que en tal sentido existía en la plaza. Sin embargo, el resultado fue decepcionante. Un país que se precia de ser una gigantesca finca de servicios internacionales, ha perdido, si es que algún día lo tuvo, la agilidad, agresividad y avance que deben caracterizar a un centro internacional de negocios off-shore y actividades conexas. La banca panameña, lejos de aprovechar las innumerables ventajas comparativas que poseemos, se ha convertido en una caja de resonancia de las políticas restrictivas, de atosigamiento y extorsión de Washington, los países G, la OCDE y oros tantos colosos, en fin un astro sin luz propia que sólo entiende la soberanía como un concepto intramurado en el rectángulo de la bandera que ondea en el Cerro Ancón.
No es posible desarrollar el país con esa tímida actitud que rodea al banquero panameño. Serán estériles los esfuerzos tanto del gobierno como del resto de los que formamos el sector privado por destacar las ventajas de Panamá y tratar de que sean aprovechadas otras fortalezas que hacen del país una envidiable plaza competitiva. Si los responsables de esta digna iniciativa gubernamental quieren ver coronadas las expectativas que con tanta ilusión impulsaron la creación de este Reglamento, tendrán que hacer algo al respecto. Por ahora se me ocurre sugerir la necesidad de que el gobierno, mediante los competentes funcionarios de la Junta de Control de Juegos, haga una presentación formal y objetiva de las bondades del Reglamento recién aprobado ante la Asociación Bancaria de Panamá, en la cual destaque las seguridades que ofrecen la aplicación de este estatuto legal para la industria de la Banca en nuestro país, o preparémonos para enterrar el bebé en la cuna.