La basura es un negocio
Mientras no cambiemos de mentalidad sobre el destino final de los desechos sólidos, seguiremos enfrentando los problemas que la recolección de la basura implica para la ciudad capital y para todas las comunidades del país.
Al asumir como Alcalde de Panamá tras la invasión de 1989 la competencia de esa atribución municipal estaba en manos de una institución: la Dirección Metropolitana de Aseo (DIMA). Politizada como la mayoría de las entidades del Estado, se trató inicialmente que bajo la dirección del Arquitecto Julio Rovi se convirtiera en lo que en muchas partes es la basura: un negocio rentable, una fuente de riquezas para la población y, sobre todo, en una operación amigable para el ambiente, propiciando el reciclaje.
Se pensaba dar en concesión esta actividad, quizás sin tener que pagar nada a quien asumiera la recolección de estos desechos, a cambio de darle los beneficios que pudiera utilizar en el procesamiento de los mismos: reciclaje, fuentes de energía, etc. El país ganaría con un mejor ambiente ya que se eliminarían los problemáticos crematorios y los negocios de aparejarlos y compactarlos que siempre asumen los municipios, se mejoraría la calidad del ambiente porque al tratarse científicamente la basura habría menos posibilidad de contaminación, sobretodo en los pepenadotes que viven de rebuscar la basura y quienes residen cerca de estos sitios, usualmente llenos de humo tóxico. También se minimizarían las amenazas a la salud pública.
En mi condición de Alcalde pude enterarme de cómo se hace en ciudades como Madrid o Houston y cómo se aprovechan estos desechos que hoy para nosotros constituyen un múltiple problema. Se que las administraciones que me precedieron, así como las que tuvieron en sus manos la responsabilidad de hacer el trabajo directamente, recibieron infinidad de ofertas en ese sentido.
Ahora que se reúnen para ver que se hace con este problema, hago ciertas recomendaciones:
1. El problema de la basura no se puede seguir viendo como un asunto propio para que lo manejen políticos. Es un asunto técnico donde no hay que inventar nada: sólo basta con aprender como lo han resuelto el problema ciudades con hasta más gente que nosotros.
2. Debemos tener presente que la basura es una fuente de riquezas. Para ello debemos enseñar a todos a reciclar. Lo han hecho otras ciudades ¿por qué no lo podemos hacer nosotros?
3. Hemos estado malacostumbrados con la recolección de la basura. En ciudades como Washington se recoge una sola vez por semana: eso sí, a una hora y día determinado y con la basura dividida para facilitar su reciclaje.
El problema no es tan complicado como se quiere ver. Despoliticemos la recolección al mismo tiempo que la tecnificamos. Desde ese momento se acabarán las coimas en la compra de camiones, el oneroso alquiler de camiones adicionales, los negocios de acomodar los crematorios. Todos saldríamos ganando.