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La belleza de la convertibilidad


Buenos Aires/AIPE- A medida que se acercan las elecciones presidenciales en la Argentina, los inversores extranjeros y los nacionales se preguntan cómo será su futuro económico. Como ambos tienen memoria de otras épocas, se preocupan por cualquier amenaza que pueda presentarse a la estabilidad alcanzada. Sin embargo, existen buenas razones para estar tranquilos. Y lo más curioso es que esas razones se deben más al "desconocimiento" que a otra cosa. ¿Qué se quiere decir con esto?
Pues la respuesta está en las palabras del ex presidente del Banco Central durante el gobierno de Raúl Alfonsín y probable ministro de Economía de la actual alianza opositora. En un reciente seminario titulado "Perspectivas Económicas" y ante una audiencia poblada de gerentes de las principales empresas del país, admitió que "hay una imposibilidad desde el punto de vista técnico" para dejar el actual régimen de convertibilidad y cerró su comentario diciendo: "No sé cómo mover el tipo de cambio".
Y ahora que un posible futuro ministro dice que no sabe cómo hacerlo, los argentinos podemos dormir en paz. No es que, en realidad, no se pueda salir del esquema de convertibilidad, pero lo cierto es que no se puede salir para el lado en que el ministro quisiera hacerlo, el que permitiera realizar "políticas monetarias", y sólo parece haber una salida por el lado que no desea, el de una mayor rigurosidad planteada por la dolarización.
Este desconcierto no es difícil de entender. El actual sistema que garantiza la paridad entre el peso argentino y el dólar fue establecido por ley del Congreso e impone al Banco Central la obligación de mantener un monto de reservas en esa divisa similar al total de la base monetaria. No obstante, una modificación posterior de la Carta Orgánica del Banco Central le permitió a éste computar como reservas bonos públicos en dólares hasta un tercio del monto total. En lenguaje simple quiere decir que el Central tiene ese margen de maniobra para emitir moneda local sin el correspondiente respaldo en dólares, pero igualmente no lo hace ya que la sanción del mercado si observara una desviación de la cobertura del 100% sería muy dura. El mercado es más riguroso que la misma ley.
Por cierto, si este gobierno, o cualquiera futuro, quisiera modificar esa paridad, tendría que enviar un proyecto de ley al Congreso. Y es también cierto que los proyectos de ley, por más urgentes que sean, no se aprueban en cuestión de minutos, mas no sea por el mero trámite de pasar de una cámara a otra.
Esto le daría tiempo suficiente a cualquier argentino para cambiar sus pesos por dólares, algo que todo argentino sabe bien cómo hacer: recurriendo a su casa de cambios o simplemente llamando por teléfono a su banco y pidiendo que transfieran sus fondos de una cuenta en pesos a una cuenta en dólares. Es más, ya 60% de los depósitos bancarios están dolarizados, por lo que el cambio sería menor: para los depósitos restantes, los billetes y monedas en circulación.
El resultado final de ese intento político sería que antes de que la ley fuera aprobada el peso argentino desaparecería: toda su existencia estaría en poder del Banco Central pero éste no podría colocárselos a nadie. Este mecanismo es la "trampa" que le hace decir a Machinea que no sabe cómo modificar el tipo de cambio, porque ante la alternativa de modificarlo, el "tipo de cambio" de hecho desaparece. Y los argentinos saben que no hay nada mejor que mantener a los políticos maniatados.

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