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La "bendita" democracia y la "mentada" paz


La clase obrera siente la necesidad de fortalecerse para iniciar una contraofensiva, porque la "democracia" y la "paz" la están acabando.
Considerar la clase de "democracia" y de "paz" que no resuelven los graves males sociales que agobian y aniquilan, lentamente, a los humildes, como sinónimo de convivencia pacífica, es hacernos creer, que nos han visto huérfanos de entendimiento, pudor y valor. Pero, se equivocan quienes así piensan, porque los "pacíficos" sabrán darle un alto a tanta burla y engaño, como ya empezaron a demostrarlo el pasado 2 de diciembre.
El obrero panameño es luchador, veterano de muchos combates. Su heróica resistencia a las injusticias lo han hecho merecedor de la admiración y el respeto de las mayorías. Por esta razón, nuestro pueblo ve en los sindicatos su trinchera natural de lucha: los últimos baluartes de dignidad y esperanza con los que puede contar para frenar el avance de sus enemigos, al servicio de los empresarios reaccionarios, las instituciones financieras internacionales y los partidos políticos que desean reformar negativamente todas las cosas que benefician a los pobres. Entiende que sólo la unidad militante de las masas podrá impedir que el número de "bajas" sufridas, hasta ahora, en la lucha por la supervivencia, alcance proporciones de genocidio, pues la embestida del estado mayor de los inversionistas (FMI, Banco Mundial y sus aliados internos) los tiene de espaldas al mar, sin retaguardia táctica. Por ello, el pasado 2 de diciembre, partió de la Plaza Porras hacia el Palacio Presidencial, la gran manifestación contra lo carísimo que está la canastas básica familiar, la esperazada alza de tarifa de los servicios públicos y contra la presencia militar disfrazada norteaméricana, más allá de la 31 de diciembre de 1999.
Esta marcha efectuada por obreros, educadores, estudiantes, sectores de profesionales y demás organizaciones simpatizantes, convirtieron las calles de la capital en campo de prueba de su potencia proletaria. Ellos probaron que realmente son soldados de la patria, lanzando su ataque tendiente a evitar la agudización de su estado de abandono y de explotación, a que lo tienen sometido. Por otra parte, todos juntos deberemos también existir la derogatoria de los decretos y leyes que han motivado el despido injustificado de miles de empleados públicos o que han acrecentado el grado de pauperización de la aguerrida población istmeña.
En esta gran movilización, los panameños en general y los obreros en particular han retomado con plena convicción el espíritu de sacrificio que mostraron sus mártires en aras de los sagrados intereses de la fuerza laboral, con el propósito de contribuir a construir un Panamá sin explotadores ni explotados. Así, entonces, se podrá hacer estallar en añicos la "democracia" y la "paz" que producen guerra e impedir que la guerra destruya la democracia y la paz que sí produce el trabajador para el engrandecimiento y bienestar del país.
El acto celebrado del Parque al Palacio de las Garzas debe constituirse en el momento propicio para desenmascarar la "bendita democracia" y "mentada paz" y declarar formalmente guerra a la insolencia de los usurpadores del esfuerzo ajeno; guerra a los traidores y vende-patria; guerra a los cobardes que quieren entregar la patria por unas monedas; guerra al desempleo, a la falta de vivienda, al analfabetismo, el hambre, a las enfermedades y a las mentiras.
Fuera las tropas de ocupación yanki para siempre. Ni fuerza pública humillada, ni ejército extranjero asesino, a crear un ejército nacional del pueblo.

101 años de Panamá América

 
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