"La bestia"
La Organización Mundial del Comercio (OMC) es el único organismo internacional que se ocupa de las normas que rigen el comercio entre los países. Su principal propósito, al menos en teoría, es asegurar que las corrientes comerciales circulen con la máxima facilidad y libertad posible.
Los pilares sobre los que descansa este sistema son los acuerdos de la OMC, que han sido negociados y firmados por la gran mayoría de los países que participan en el comercio mundial y ratificados por sus respectivos parlamentos. Esos acuerdos establecen las normas jurídicas fundamentales del comercio internacional. Son esencialmente contratos que garantizan a los países miembros "importantes derechos" en relación con el comercio y que, al mismo tiempo, obligan a los gobiernos a mantener sus políticas comerciales dentro de unos límites convenidos "en beneficio de todos". Según los técnicos de la OMC aunque esos contratos son negociados y firmados por los gobiernos, los acuerdos tienen por objeto ayudar a los productores de bienes y de servicios, los exportadores y los importadores a llevar adelante sus actividades.
Pero la realidad parece ser otra muy distinta, ya que los propósitos de la OMC no son otros que liberizar por completo el comercio en franco provecho de la globalización neoliberal y en total ignorancia de los efectos sociales y medioambientales que produce.
Las disposiciones de la OMC, por ejemplo, impiden la importación de productos fabricados por niños y son 250 millones de niños los que se ven obligados a trabajar a nivel mundial y además reclaman la desaparición de toda discriminación derivada de los usos de producción de cada Estado, es decir, que no aceptan limitaciones a la producción en defensa del medio ambiente y trata de soslayar las consideraciones en materia de derechos humanos.
Los conocedores de las interioridades de la OMC no vacilan en expresar que es un hecho que la OMC se encuentra controlada por las grandes empresas transnacionales que ejercen sus presiones a través de los Estados correspondientes y como ejemplo citan la cumbre de la OMC, realizada en Seattle, donde fueron las empresas las que redactaron el borrador sobre patentes y financiaron la reunión.
Se argumenta que en la Ronda de Uruguay, la OMC permitió que los 48 países más pobres perdieran cada año entre 300 y 600 millones de dólares por efecto de la reducción operada en sus exportaciones y de la necesidad de incrementar las importaciones de alimentos. La secuela no fue otra que una dramática pérdida de ingresos aduaneros en países que necesitaban de éstos de forma perentoria y que se tradujo en un debilitamiento adicional de sus ya precarios sectores públicos.
Con comercio desleal, EU y estados europeos estafan a países del tercer mundo mediante prácticas desleales de comercio, con las cuales les ocasionan pérdidas anuales por 96 mil millones de dólares, según análisis de Oxfam, organización humanitaria británica, ubicada en la siguiente dirección de internet http://www.oxfam.org.uk/. Por cada dólar que llega a los países pobres en concepto de ayuda, las naciones industrializadas les roban dos dólares a través de prácticas comerciales desleales, señaló la directora de Oxfam, Bárbara Stocking. Esta denunció que las leyes comerciales injustas cuestan a los países, en vías de desarrollo, más que la suma de todos los ingresos que perciben por concepto de ayuda de parte de los países desarrollados. El comercio está arreglado en contra de los pobres, manteniéndolos en la pobreza y aumentando la brecha entre ricos y pobres. Puso como ejemplo que en la última década 5 por ciento de la población más empobrecida del mundo perdió casi un cuarto de su ingreso real, mientras 5 por ciento de los habitantes de países más ricos lo incrementaron 12 por ciento. Sólo el año pasado, los países pobres vendieron casi 20 por ciento más café que en 1998, pero obtuvieron por su producto 45 por ciento menos dinero. Señaló también que las naciones desarrolladas, tratan de privar a los países pobres de toda posibilidad de dejar atrás su pobreza. Ellos dicen, "ustedes desregulen, nosotros subsidiamos. Ustedes abran sus mercados, nosotros les pondremos restricciones para que no puedan acceder a los nuestros".
Oxfam entiende por mercado libre lo siguiente: "Fair Trade is about giving poor people power: by paying producers a fair price for their work, helping them gain the skills and knowledge they need to develop their businesses, and challenging ways of trading which keep people poor. Fair Trade means that many of the people who rely on selling crafts and textiles for a living, or who produce food items such as tea, coffee, honey and chocolate, now have the chance to work their way out of poverty".
No han faltado aquellos que han comparado la OMC a la figura profética de "la bestia" y aducen que las cuatro cabezas de la bestia está compuesta por el águila (América), el león en pie (Inglaterra), el oso (Rusia), y el leopardo cuyas muchas manchas representan una unión, (la Unión Europea). Estas naciones comprenden una Bestia con cuatro cabezas que ha organizado un mando único sustentado en lo militar con la Alianza del Tratado Atlántico Norte y económicamente con la OMC. El propósito de la bestia es dar fuerza a barreras del comercio y sanciones económicas que previenen a los países al comprar y vender en el mercado global a menos que se rinda culto a la imagen de la bestia.
Como consecuencia de esa premisa, ni los panameños ni los colombianos pueden comprar comida ni ropa en El Real o en Yaviza para llevar a Punusa, como tampoco aceite o sal, porque se piensa que es para la guerrilla.
Tanto es así que una joven fue torturada por la Policía, que la acusaba de guerrillera. Le pusieron una bolsa plástica en la cabeza y casi muere asfixiada. No volvió a salir de Punusa por estar aterrorizada.
Si los nativos transportan en sus botes a algún desplazado, tienen problemas con los agentes policiales, sin importar que ese desplazado esté enfermo o tenga una cita médica en Boca de Cupe.
El Panamá América pudo comprobar que en esa población hay dos personas, entre éstas un menor de 14 años, que repentinamente quedaron paralizadas sin poder caminar. No saben a qué se debe su mal. Una es indígena y el joven es colombiano.
Contrariamente, los pobladores se quejan de que no hay seguridad policial cerca de su poblado y, por tanto, pueden ser presa fácil de los paramilitares.
Ya se ha dicho que en Punusa conviven dos etnias con costumbres muy distintas. Pero una de ellas, la latina, se ha adaptado de manera muy particular al estilo de vida de su comunidad receptora.
Un ejemplo de ello son Nora y Pepe, una pareja que destila por sus poros amor y empatía, aún en las circunstancias aciagas que le ha tocado vivir.
Tienen cuatro hijos de 19, 7, 2 y un año de edad. Llegaron en 1997 a Darién, cuando la primera incursión masiva de desplazados. No tienen aún estatus de refugiados y por eso tienen a Punusa por cárcel.
Trabajan sus montes y complementan su alimentación con animales que logran cazar, como monos y conejos.
Su vivienda está construida a la usanza indígena, asentada sobre horcones y sin paredes ni divisiones, a excepción de un pequeño cuarto donde la ausencia de camas salta a la vista.
Tampoco hay letrina ni baño. El río Tuira suple esas necesidades.
Muy cerca de Pepe y Nora vive Víctor Vargas, abuelo de Kelly, quien junto a sus amiguitos Erica Paola y Christian, se mostró muy interesada en aprender a cantar los pollitos. Formaron un coro y practicaron la canción para no olvidarla.
Vargas también huyó de Río Ciego (que desemboca en Salaquí), Colombia. Vivía tranquilo en su finca donde criaba puercos, gallinas y vacas.
Un día, el 24 de febrero de 1997, empezaron los bombardeos del ejército a la comunidad. La tierra temblaba y con ella los pobladores.
Fueron evacuados hacia Pavarandó en Antioquia. Pasado un tiempo, el gobierno llegó a un acuerdo con los evacuados y regresaron a sus tierras, sólo para encontrarse en un lugar totalmente inseguro.
Los paramilitares incursionaron, mataron a algunos y saquearon sus fincas. Decidieron salir en burros. Su esposa no aguantó. Estaba recién operada y murió. Fue sepultada en un pueblo cercano.
Se encaminaron a Darién y se introdujeron en la trocha del río Susugantí, que llega a Punusa, recorrida en parte por este medio.
Allí vive ahora, cinco años después, en calidad de refugiado temporal. “En silencio estamos presos”, dice en alusión a que no puede salir de la población a vender los productos que cosechan con tanto esfuerzo. Como alternativa los venden a la orilla del río, pero con resultados no muy halagüeños.
Allá en Punusa quedaron todos llevando un estilo de vida de supervivencia, pero convencidos de que sólo unidos, pese a las diferencias culturales, pueden lograr sobrevivir.
Los pilares sobre los que descansa este sistema son los acuerdos de la OMC, que han sido negociados y firmados por la gran mayoría de los países que participan en el comercio mundial y ratificados por sus respectivos parlamentos. Esos acuerdos establecen las normas jurídicas fundamentales del comercio internacional. Son esencialmente contratos que garantizan a los países miembros "importantes derechos" en relación con el comercio y que, al mismo tiempo, obligan a los gobiernos a mantener sus políticas comerciales dentro de unos límites convenidos "en beneficio de todos". Según los técnicos de la OMC aunque esos contratos son negociados y firmados por los gobiernos, los acuerdos tienen por objeto ayudar a los productores de bienes y de servicios, los exportadores y los importadores a llevar adelante sus actividades.
Pero la realidad parece ser otra muy distinta, ya que los propósitos de la OMC no son otros que liberizar por completo el comercio en franco provecho de la globalización neoliberal y en total ignorancia de los efectos sociales y medioambientales que produce.
Las disposiciones de la OMC, por ejemplo, impiden la importación de productos fabricados por niños y son 250 millones de niños los que se ven obligados a trabajar a nivel mundial y además reclaman la desaparición de toda discriminación derivada de los usos de producción de cada Estado, es decir, que no aceptan limitaciones a la producción en defensa del medio ambiente y trata de soslayar las consideraciones en materia de derechos humanos.
Los conocedores de las interioridades de la OMC no vacilan en expresar que es un hecho que la OMC se encuentra controlada por las grandes empresas transnacionales que ejercen sus presiones a través de los Estados correspondientes y como ejemplo citan la cumbre de la OMC, realizada en Seattle, donde fueron las empresas las que redactaron el borrador sobre patentes y financiaron la reunión.
Se argumenta que en la Ronda de Uruguay, la OMC permitió que los 48 países más pobres perdieran cada año entre 300 y 600 millones de dólares por efecto de la reducción operada en sus exportaciones y de la necesidad de incrementar las importaciones de alimentos. La secuela no fue otra que una dramática pérdida de ingresos aduaneros en países que necesitaban de éstos de forma perentoria y que se tradujo en un debilitamiento adicional de sus ya precarios sectores públicos.
Con comercio desleal, EU y estados europeos estafan a países del tercer mundo mediante prácticas desleales de comercio, con las cuales les ocasionan pérdidas anuales por 96 mil millones de dólares, según análisis de Oxfam, organización humanitaria británica, ubicada en la siguiente dirección de internet http://www.oxfam.org.uk/. Por cada dólar que llega a los países pobres en concepto de ayuda, las naciones industrializadas les roban dos dólares a través de prácticas comerciales desleales, señaló la directora de Oxfam, Bárbara Stocking. Esta denunció que las leyes comerciales injustas cuestan a los países, en vías de desarrollo, más que la suma de todos los ingresos que perciben por concepto de ayuda de parte de los países desarrollados. El comercio está arreglado en contra de los pobres, manteniéndolos en la pobreza y aumentando la brecha entre ricos y pobres. Puso como ejemplo que en la última década 5 por ciento de la población más empobrecida del mundo perdió casi un cuarto de su ingreso real, mientras 5 por ciento de los habitantes de países más ricos lo incrementaron 12 por ciento. Sólo el año pasado, los países pobres vendieron casi 20 por ciento más café que en 1998, pero obtuvieron por su producto 45 por ciento menos dinero. Señaló también que las naciones desarrolladas, tratan de privar a los países pobres de toda posibilidad de dejar atrás su pobreza. Ellos dicen, "ustedes desregulen, nosotros subsidiamos. Ustedes abran sus mercados, nosotros les pondremos restricciones para que no puedan acceder a los nuestros".
Oxfam entiende por mercado libre lo siguiente: "Fair Trade is about giving poor people power: by paying producers a fair price for their work, helping them gain the skills and knowledge they need to develop their businesses, and challenging ways of trading which keep people poor. Fair Trade means that many of the people who rely on selling crafts and textiles for a living, or who produce food items such as tea, coffee, honey and chocolate, now have the chance to work their way out of poverty".
No han faltado aquellos que han comparado la OMC a la figura profética de "la bestia" y aducen que las cuatro cabezas de la bestia está compuesta por el águila (América), el león en pie (Inglaterra), el oso (Rusia), y el leopardo cuyas muchas manchas representan una unión, (la Unión Europea). Estas naciones comprenden una Bestia con cuatro cabezas que ha organizado un mando único sustentado en lo militar con la Alianza del Tratado Atlántico Norte y económicamente con la OMC. El propósito de la bestia es dar fuerza a barreras del comercio y sanciones económicas que previenen a los países al comprar y vender en el mercado global a menos que se rinda culto a la imagen de la bestia.
Como consecuencia de esa premisa, ni los panameños ni los colombianos pueden comprar comida ni ropa en El Real o en Yaviza para llevar a Punusa, como tampoco aceite o sal, porque se piensa que es para la guerrilla.
Tanto es así que una joven fue torturada por la Policía, que la acusaba de guerrillera. Le pusieron una bolsa plástica en la cabeza y casi muere asfixiada. No volvió a salir de Punusa por estar aterrorizada.
Si los nativos transportan en sus botes a algún desplazado, tienen problemas con los agentes policiales, sin importar que ese desplazado esté enfermo o tenga una cita médica en Boca de Cupe.
El Panamá América pudo comprobar que en esa población hay dos personas, entre éstas un menor de 14 años, que repentinamente quedaron paralizadas sin poder caminar. No saben a qué se debe su mal. Una es indígena y el joven es colombiano.
Contrariamente, los pobladores se quejan de que no hay seguridad policial cerca de su poblado y, por tanto, pueden ser presa fácil de los paramilitares.
Ya se ha dicho que en Punusa conviven dos etnias con costumbres muy distintas. Pero una de ellas, la latina, se ha adaptado de manera muy particular al estilo de vida de su comunidad receptora.
Un ejemplo de ello son Nora y Pepe, una pareja que destila por sus poros amor y empatía, aún en las circunstancias aciagas que le ha tocado vivir.
Tienen cuatro hijos de 19, 7, 2 y un año de edad. Llegaron en 1997 a Darién, cuando la primera incursión masiva de desplazados. No tienen aún estatus de refugiados y por eso tienen a Punusa por cárcel.
Trabajan sus montes y complementan su alimentación con animales que logran cazar, como monos y conejos.
Su vivienda está construida a la usanza indígena, asentada sobre horcones y sin paredes ni divisiones, a excepción de un pequeño cuarto donde la ausencia de camas salta a la vista.
Tampoco hay letrina ni baño. El río Tuira suple esas necesidades.
Muy cerca de Pepe y Nora vive Víctor Vargas, abuelo de Kelly, quien junto a sus amiguitos Erica Paola y Christian, se mostró muy interesada en aprender a cantar los pollitos. Formaron un coro y practicaron la canción para no olvidarla.
Vargas también huyó de Río Ciego (que desemboca en Salaquí), Colombia. Vivía tranquilo en su finca donde criaba puercos, gallinas y vacas.
Un día, el 24 de febrero de 1997, empezaron los bombardeos del ejército a la comunidad. La tierra temblaba y con ella los pobladores.
Fueron evacuados hacia Pavarandó en Antioquia. Pasado un tiempo, el gobierno llegó a un acuerdo con los evacuados y regresaron a sus tierras, sólo para encontrarse en un lugar totalmente inseguro.
Los paramilitares incursionaron, mataron a algunos y saquearon sus fincas. Decidieron salir en burros. Su esposa no aguantó. Estaba recién operada y murió. Fue sepultada en un pueblo cercano.
Se encaminaron a Darién y se introdujeron en la trocha del río Susugantí, que llega a Punusa, recorrida en parte por este medio.
Allí vive ahora, cinco años después, en calidad de refugiado temporal. “En silencio estamos presos”, dice en alusión a que no puede salir de la población a vender los productos que cosechan con tanto esfuerzo. Como alternativa los venden a la orilla del río, pero con resultados no muy halagüeños.
Allá en Punusa quedaron todos llevando un estilo de vida de supervivencia, pero convencidos de que sólo unidos, pese a las diferencias culturales, pueden lograr sobrevivir.