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La bunkerización residencial


No podemos negar que a todos nos mantiene permanentemente preocupados las condiciones precarias de seguridad que vivimos en Panamá. Cada vez esta situación se agrava más y sin posibilidades reales de solución. La colombianización agrava la situación a tal punto que, hoy día, difícilmente existe en nuestro medio delito en el que un colombiano no tenga un papel protagónico.
Queremos reproducir, para la consideración de los apreciados lectores, parte del escrito aparecido en fecha pasada en el diario El País de España, que ilustra sobre este fenómeno social. Dice así el mismo, en algunas de sus partes:
"Vivimos en un período de transición. Como casi siempre. Pero esta vez demasiadas cosas se mueven al mismo tiempo. Nos sentimos inseguros. Las viejas certezas ya no nos sirven. Ni el trabajo, ni la escuela, ni los vecinos son lo que eran. Tampoco la familia nos sirve como el asidero de otras veces. Tampoco nos da seguridad ver lo mal que viven por esos mundos y lo bien que vivimos nosotros, ya que las distancias no son tampoco lo que acostumbraban, y las gentes a nuestro alrededor son cada vez más distintas. Sabemos que todo es muy complicado, pero nos gustaría pensar que algo o alguien debería arreglar rápidamente tanto desatino y poner las cosas en su sitio de una vez por todas por simple que pueda parecer, ése es el diagnóstico cada vez más compartido. No es extraño que la inseguridad ciudadana sea hoy vista como uno de los grandes problemas sociales. Ante ello, y a pesar de que no esté nada claro a qué nos referimos cuando hablamos de inseguridad, hay quienes prometen ventilar el tema con un drástico escobazo. Nada mejor en momentos de incertidumbre que sacar del armario las viejas certezas de que, con un poco más de mano dura, todo esto volverá a colocarse en su sitio.
Da igual que las estadísticas nos digan que, si bien ha habido un pequeño incremento de faltas y del pequeño hurto, nada indica que la situación se haya agravado al mismo nivel que la sensación de desconfianza, de sospecha y de miedo. Así, vamos separando delito y miedo al delito, y es esto último lo que lo justifica todo. La mezcla de delitos callejeros y una creciente y visible presencia de inmigrantes es explosiva. Los inmigrantes ocupan así el viejo papel de "clases peligrosas" reservado hace cien años a la clase obrera. Hoy los "desviados", aquéllos a los que es necesario "enderezar", son esencialmente los inmigrantes, junto con los drogodependientes, los marginados sociales, y esa ralea de jóvenes disidentes "botelloneros y batasuneros".
222Nada mejor en momentos de incertidumbre que sacar del armario las viejas certezas de que, con un poco más de mano dura, todo esto volverá a colocarse en su sitio.
"Los delitos y su control son un ámbito privilegiado para el esencialismo. Por un lado, los buenos ciudadanos, cuya única y ocasional falta es una multa de aparcamiento enfrente, "los otros", una mezcla de personas sometidas a las bajas pasiones del alcohol, las drogas, y que además casi siempre son marginados sociales y/o inmigrantes. Los "otros" son aquellos a quienes les faltan los valores que consideramos necesarios, o aquellos que han invertido esos valores. Y va calando en la opinión pública, por otro lado, que muchos de los casos o personas protagonistas de los actos delictivos son irrecuperables y, por tanto, carne de presidio. Así, nos vamos deslizando de la política social a la policía como agente privilegiado de integración social".
"Se empieza a dar por supuesto que todos estamos de acuerdo en la necesidad de implantar una política de "tolerancia cero" en relación a la inseguridad ciudadana, o se llega a afirmar que "la seguridad no es de derechas ni de izquierdas". Hay quien conecta el terrorismo a escala planetaria con el tirón de la esquina. Y así nada mejor que prometer coger la escoba, una gran escoba, y barrer todo lo que molesta e inquieta. Pero, ¿es cierto que la seguridad es un concepto políticamente neutral? ¿No deberíamos preguntarnos cuáles son los costes políticos y sociales de ese inusitado interés por la seguridad total? ¿De qué seguridad hablamos? ¿De la seguridad alimentaria en la que cada vez tenemos más certezas de que no se aplica el principio de precaución? ¿De la seguridad laboral, en un momento de precariedad y subcontratación que multiplica los accidentes e incrementa las muertes? ¿De la seguridad en nuestras pautas de movilidad, donde España no está precisamente en buen lugar? ¿O sólo hablamos de seguridad ante los recién llegados, los peligrosos y desesperados? Y preguntémonos luego qué recetas pensamos aplicar. William Bratton, el artífice del famoso plan de seguridad de Nueva York, decía que la causa del delito no estaba en las condiciones sociales, sino en los malos hábitos de los individuos. Sacar a los malos de las calles con indicadores de productividad policial, impedir que salgan de las cárceles y blindar los barrios residenciales son las recetas a aplicar siguiendo el modelo de "tolerancia cero"".
"¿Resolveremos el tema con más gente en la cárcel por más tiempo? ¿Es un problema del número de policías disponibles? ¿Son los jueces los culpables por ser excesivamente garantistas? No hay soluciones rápidas ni escobas milagrosas. En el fondo, la seguridad no es una verdad a descubrir, sino una construcción social. Y si queremos hablar de seguridad, hablemos de todas las inseguridades y de todas las alternativas que tenemos para combatirlas, y no reduzcamos el tema a los delincuentes. Hemos de recordar que para afrontar la criminalidad se deben combinar, al margen de las medidas estrictamente policiales y judiciales, políticas de redistribución y de reconocimiento. No es necesario insistir en la necesidad de políticas sociales, pero sí que conviene subrayar la necesidad de trabajar con los temas de identidad y de ciudadanía, haciendo sentir a cualquiera que tiene un espacio en nuestra sociedad, reconociendo que no existe una sola forma de "normalidad", aceptando las inseguridades e irregularidades de la sociedad convencional, avanzando en el debate sobre la renta básica de ciudadanía como marco de seguridad en el ingreso, diversificando el concepto de trabajo, y entendiendo que sin espacios públicos compartidos vamos directamente a la bunkerización residencial".
Según nuestro concepto, esa situación ya la vivimos en Panamá y camina en vías de aumento. El ciudadano vive constantemente a la defensiva causando un permanente estrés en la ciudadanía en general que no ha puesto en práctica, en conjunto con sus gobernantes, vías de solución. Esta situación está de más expresar merma la capacidad de producción de la sociedad que tiene que distraer esfuerzos en otros menesteres.
(egrimal@cableonda.net)

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