La burocracia informativa
Por razones que deben investigarse sin tardanza, algunas oficinas de información y relaciones públicas de las dependencias públicas no cumplen adecuadamente el trabajo de enlace informativo entre el Estado y los medios de comunicación pública.
Desde la asunción del régimen arnulfista, proliferan vacíos informativos, trabas, barreras, demoras injustificadas, a tal punto que se tiene a menudo la impresión de que se trata de esconder a los ministros y directores y de mediatizar las informaciones oficiales antes que poner en contacto a los funcionarios con la prensa, es decir, en última instancia, con la opinión pública, a cuyo servicio deben estar los funcionarios del Estado.
La casuística que demuestra la ineficiencia ya es vasta y sostenida. Como botones de muestra se puede mencionar, por ejemplo, que los boletines sobre sesiones del gabinete ministerial y el comité económico nacional son inestables y difusos; que se organizan nominalmente charlas de ministros con columnistas y editorialistas, pero en los hechos no estuvieron todos los que son, ni todos los que estuvieron lo son; que hay secretarias que tienen la osadía de decidir por sí y ante sí con quién habla y con quién no habla el ministro o director de la dependencia; que hay relacionistas públicos que tienen la pésima costumbre de prometer y luego no cumplir las solicitudes de información de los medios; que se exigen cartas del director del medio para que se tome fotografías a dependencias, como el mercado de mariscos, nada menos, y que algunos ministros se pronuncian sobre temas sensitivos sin recibir antes información dentro de un contexto veraz, como las críticas a un precandidato presidencial foráneo, cuyos alcances debieron tomarse en cuenta para opinar con fundamento.
En resumen, la falta de profesionalismo se está agravando día a día, con menoscabo de la imagen del gobierno que difunde su obra a medias, con deficiencias o no lo hace. Es una verdad de perogrullo que las oficinas de relaciones públicas se crearon para informar y no para desinformar, para asesorar a los altos funcionarios en materia de difusión de sus obras y ponerlos en contacto con los genuinos profesionales.
Por consiguiente, debe enmendarse las deficiencias, usurpaciones de autoridad, vacíos informativos y en general los lastres antinformativos levantados por la burocracia que, en vez de posibilitar la fluidez de los mensajes los entorpece, abriendo fosos en lugar de tender puentes de comunicación entre el gobierno y el pueblo.
Desde la asunción del régimen arnulfista, proliferan vacíos informativos, trabas, barreras, demoras injustificadas, a tal punto que se tiene a menudo la impresión de que se trata de esconder a los ministros y directores y de mediatizar las informaciones oficiales antes que poner en contacto a los funcionarios con la prensa, es decir, en última instancia, con la opinión pública, a cuyo servicio deben estar los funcionarios del Estado.
La casuística que demuestra la ineficiencia ya es vasta y sostenida. Como botones de muestra se puede mencionar, por ejemplo, que los boletines sobre sesiones del gabinete ministerial y el comité económico nacional son inestables y difusos; que se organizan nominalmente charlas de ministros con columnistas y editorialistas, pero en los hechos no estuvieron todos los que son, ni todos los que estuvieron lo son; que hay secretarias que tienen la osadía de decidir por sí y ante sí con quién habla y con quién no habla el ministro o director de la dependencia; que hay relacionistas públicos que tienen la pésima costumbre de prometer y luego no cumplir las solicitudes de información de los medios; que se exigen cartas del director del medio para que se tome fotografías a dependencias, como el mercado de mariscos, nada menos, y que algunos ministros se pronuncian sobre temas sensitivos sin recibir antes información dentro de un contexto veraz, como las críticas a un precandidato presidencial foráneo, cuyos alcances debieron tomarse en cuenta para opinar con fundamento.
En resumen, la falta de profesionalismo se está agravando día a día, con menoscabo de la imagen del gobierno que difunde su obra a medias, con deficiencias o no lo hace. Es una verdad de perogrullo que las oficinas de relaciones públicas se crearon para informar y no para desinformar, para asesorar a los altos funcionarios en materia de difusión de sus obras y ponerlos en contacto con los genuinos profesionales.
Por consiguiente, debe enmendarse las deficiencias, usurpaciones de autoridad, vacíos informativos y en general los lastres antinformativos levantados por la burocracia que, en vez de posibilitar la fluidez de los mensajes los entorpece, abriendo fosos en lugar de tender puentes de comunicación entre el gobierno y el pueblo.