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La caída de Fidel


Su rótula derecha quedó fragmentada en infinitas piezas. Las más grandes fueron trabajosamente soldadas, como armando un complejo rompecabezas por más de ocho horas. Las más pequeñas fueron retiradas. El hueso, producto de la avanzada edad, estaba cristalizado. Algunos especialistas sostienen que nunca volverá a caminar como antes del aparatoso accidente en el que dio un traspiés en una tarima pública y cayó cual largo es.
Uno de los huesos del antebrazo, el húmero, sufrió también una fisura, pero no se quebró, lo cual sanará con ayuda de un simple cabestrillo, aunque tomará meses por razón de los 78 años que lleva a cuestas el dictador.
Cierto, una caída puede sufrirla cualquiera, pero el líder cubano dista de ser cualquier persona. Tiene 45 años en el poder y ha resistido un brutal bloqueo económico y comercial de Estados Unidos, el cual se ha agudizado tras la disolución de la Unión Soviética hace 15 años.
La caída del señor Castro dramatiza y hace recordar lo que muchos venimos repitiendo desde hace tiempo, que el problema tendrá una solución biológica en cualquier momento y que, por tanto, no es menester someter más al pueblo cubano a las muchas privaciones inherentes al embargo comercial.
Por el contrario, el bloqueo económico lo único que hace es favorecer al régimen que tiene en el mismo un pretexto perfecto para suprimir las libertades e imponer un permanente estado de guerra. Hemos opinado muchas veces que Castro puede soportar décadas de bloqueo, pero no 10 meses de McDonald"s. Es el intercambio comercial lo que puede presionar a favor de la democracia, no el aislamiento. Es el ejemplo que nos enseña China, que gracias al comercio y al intercambio registra paulatinos, pero continuos avances hacia un régimen de mayor libertad.
Así parecen haberlo entendido las naciones de la Unión Europea, cuyo parlamento se reunirá el próximo 21 de noviembre para discutir, entre otras cosas, la conveniencia o no de mantener la política de aislamiento acordada hace algunos años, a raíz de el encarcelamiento de varias decenas de disidentes en la isla. Algunos parlamentarios europeos alegan que dicha política no ha arrojado beneficio alguno para el pueblo de Cuba y para la causa de mejoramiento de las libertades individuales. Y lo más interesante es que este planteamiento sobreviene después que tres de los parlamentarios fueran expulsados de la isla tras intentar pasar de incógnitos para reunirse con la disidencia interna de ese país.
En sentido opuesto se mantiene Estados Unidos bajo la presidencia de George Bush hijo, que ha endurecido el embargo, al punto de restringir los envíos de dinero y las visitas de parientes y turistas a la isla.
Lo que debiera hacerse, tras el accidente sufrido por Castro, es actualizar las medidas a tomar en la era de post-dictadura, de modo que tenga efecto una transición pacífica hacia la democracia la cual, por causas naturales, se ve cada vez más cercana.

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