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La Caja


EN LA mitología griega Pandora y su marido Epimeteo vivían en una situación paradisíaca junto a los demás hombres. Un día, ellos reciben de Mercurio una caja en custodia. Pandora no puede resistir la tentación y abre la caja de la cual emergen todas las pestes y los males para aquejar la humanidad.
Los panameños recibimos una caja en custodia, la Caja del Seguro Social, y a pesar de que sabíamos que no debíamos hacerlo, la abrimos, y de esa violación a nuestro deber fiduciario han salido todo tipo de males.
Ya la caja está abierta y tenemos que salvar nuestra responsabilidad con las presentes y futuras generaciones. Todos sabemos que tenemos que aportar en proporción a lo que recibiremos de ella y a un factor de solidaridad proporcional a nuestra riqueza individual. Con esta conciencia no comprendemos por qué el Gobierno Nacional demora tanto en presentar las propuestas de reestructuración del sistema de seguridad social.
Los grupúsculos retardatarios interesados en que no se resuelva el problema para luego cosechar de la anarquía social y del colapso de nuestra economía, no deben ser la excusa para la demora. Los que más tienen que perder si no se hace nada son los más pobres que no tienen capacidad de ahorro y para los cuales tarde o temprano, ellos, sus hijos y sus nietos, requerirán de una pensión, de servicios médicos y hospitalarios, así como de medicinas cuyos costos no podrían sufragar de otra manera.
Tenemos que entender que gracias a Dios, hoy en día vivimos más que cuando se diseñó el sistema. En 1904 la expectativa de vida en los Estados Unidos era de 47 años, en los años cuarenta era de unos 65 años y hoy en día de unos 72 años, pero los bebés que están naciendo tendrán una de 103 años. Si no ajustamos el sistema como ya lo han hecho países como Francia, Alemania o Brasil, por ejemplo, a las nuevas realidades, la Caja de Seguro Social simplemente quebrará y cerrará sus puertas. Eso no lo podemos permitir ni tampoco podemos posponer la solución. Cada día que pasa perdemos un millón de balboas más, y cada año que dejemos pasar obliga a aumentar la cuota obrero patronal en 1.25% adicional.
Una vez que todos los males salieron de la Caja de Pandora para asolar al Mundo, Epimeteo escuchó una voz que pedía que la sacaran de la caja. Pensando que ya nada podía ser peor Epimeteo la abrió y salió la Esperanza a quien los dioses habían agregado en la caja junto a todos los males para darle entereza a la humanidad. Grandes males aquejan a nuestra seguridad social pero todavía queda la Esperanza.
Después, puso en mis manos un anillo de oro en filigrana, con un pequeño brillante.
Ella lo había pagado poco a poco.
Mi madre tenía 40 años de no ir a Medellín, Colombia, su tierra natal. "Vamos a buscar mis raíces" le dije, cuando ya yo me había casado. En una semana arreglamos todo.
Caminando por una de esas plazas tropezamos con una señora; se parecía tanto a mi madre que se abrazaron.
Era su prima, mi madre me dijo "hija, hoy mi amor por ti se desborda porque haz hecho realidad mi sueño.
Aquel lazo de amor ha permanecido a través del tiempo porque ese querer hasta nunca terminar que ella me enseño jamás se ha desvanecido.
Por un buen rato hubo un varón y cuatro mujeres que componía la descendencia familiar. El era el mayor y nosotros, por celos, sentíamos que era el preferido.
Una tarde mi madre nos reunió y nos dijo: "los celos corroen el alma y nubla el pensamiento. El yo se diluye en manifestaciones opacas que el corazón sufre por falta de oxígeno. Yo soy humilde pero hablo claro. Nosotros somos como la Rosa Té que crece en ramos; no como la Flor Española que se promueve solita".
Mi madre murió de una larga y penosa enfermedad; pero yo la recuerdo llena de vida, trabajando para su prole numerosa.
En cuanto a mí, como madre, abuela y bisabuela he aprendido que por cada noche oscura de terror, hay un crepúsculo de esperanza.

101 años de Panamá América

 
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