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La Caja burocrática


Al buscar causas de la crisis de la seguridad social, se acusa a los empleadores y a los trabajadores autoempleados de evadir la inscripción en la Caja de Seguro Social. De lo que no se habla es del engorro que es incorporar a alguien al sistema.
Cada vez que se desea registrar a un trabajador nuevo en la Caja de Seguro Social, el empleador y el trabajador tienen que atravesar una burocracia monumental; pero no por ser digna de un monumento a su eficiencia, sino por la monumental cantidad de papeles que presentar, despachos que recorrer y tiempo que perder hasta que el trabajador, finalmente, aparezca en la planilla oficial y pueda comenzar a cotizar.
No puede ser que en ésta, la era de la informática, la Caja siga operando como ha venido trabajando desde hace 60 años. Para afiliarse hay que llenar, al menos, cuatro formularios, cada uno en un papel distinto, de diferentes tamaños y hasta colores.
Aunque se presentan en una ventanilla única, esos papeles parecen recorrer el país entero, ya que no es hasta semanas, y a veces meses, que el empleador y el empleado pueden hacer su primer aporte.
Pareciera que en el fondo la Caja no quisiera nuevos afiliados. Para salvar al Seguro requerimos de una solución integral. Sabemos que para lograrla, todos deberemos aportar sacrificios, pero la administración y los funcionarios de la Caja también tienen que poner de su parte, modernizando los sistemas, agilizando y facilitando los trámites. No se atraen las moscas con hiel, sino con miel.

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