La Caja y su futuro
Los esfuerzos que realiza el Director General de la Caja del Seguro Social por mejorar la situación financiera de la institución son dignos de elogio. Desde su discutido nombramiento al frente de la misma ha iniciado una agresiva campaña por aumentar los ingresos mediante el cobro de cuotas morosas, así como de un mayor rendimiento de sus inversiones. En ambos casos ha recurrido a propuestas novedosas que cambian la acostumbrada pasividad de los anteriores directores frente a problemas que han sido denunciados por muchos años.
Sin embargo, lo planteado hasta el momento no es suficiente. Las expectativas de la comunidad con relación al efecto que tendrán estas medidas sobre el destino financiero de la Caja son mucho mayores que los resultados que prometen producir. Por una parte la anunciada morosidad de 60 millones de balboas que aparece en los libros de la institución, se desvanece cuando los funcionarios comienzan a revisar el contenido de las listas de cuentas por cobrar.
Primero hay que eliminar de esa cuenta la jugosa deuda de 35 millones que mantiene el Gobierno Nacional y que, mediante un intercambio de papeles, ha quedado refinanciada a doce años con fondos provenientes de la misma institución. Después, resulta que la mayor parte del resto de la deuda se reparte entre errores administrativos internos, incluyendo en la lista a patronos que nada adeudan y empresas que ya no existen. Al final es muy probable que tras el escándalo inicial, la cifra recuperable efectivamente estará muy por debajo de los diez millones de balboas.
Algo parecido ocurre con la reciente compra de bonos del Estado que producirá beneficios adicionales a la CSS por el orden de los seis millones de balboas al año, lo que unido a lo anterior representa una cifra total que puede estar alrededor del uno por ciento del presupuesto de la institución y de tres décimos de uno por ciento del déficit actuarial que la misma tiene en su programa de invalidez, vejez y muerte. Esto es solamente una gota de agua en el inmenso mar de necesidades económicas que enfrenta la Caja.
Ahora debería comenzarse un agresivo programa de recorte en gastos, a través de un ataque a la corrupción y de una mayor eficiencia administrativa. Durante administraciones pasadas se ha perdido mucho dinero en licitaciones amañadas y gastos innecesarios que puede rescatarse mediante una política de transparencia y de austeridad en el manejo de los fondos. Sabemos que el actual Director está comprometido con estas medidas y estamos seguros que obtendrá buenos resultados; pero aún con estos ahorros las cantidades disponibles serán ridículas comparadas con las exigidas para rescatar a la institución de una crisis en el futuro cercano.
Al final será inevitable un cambio en el sistema actual de seguridad social si queremos darle estabilidad financiera, eficiencia administrativa y solidaridad social. En ese sentido, las recientes declaraciones de continuar el trabajo adelantado por el informe de la Organización Internacional del Trabajo mediante la reactivación de la Comisión de Contacto y Seguimiento anunciado por la Presidenta de la República, brinda esperanza a los que quieren garantizar para nuestros hijos los beneficios sociales que nosotros recibimos hoy.
Sin embargo, lo planteado hasta el momento no es suficiente. Las expectativas de la comunidad con relación al efecto que tendrán estas medidas sobre el destino financiero de la Caja son mucho mayores que los resultados que prometen producir. Por una parte la anunciada morosidad de 60 millones de balboas que aparece en los libros de la institución, se desvanece cuando los funcionarios comienzan a revisar el contenido de las listas de cuentas por cobrar.
Primero hay que eliminar de esa cuenta la jugosa deuda de 35 millones que mantiene el Gobierno Nacional y que, mediante un intercambio de papeles, ha quedado refinanciada a doce años con fondos provenientes de la misma institución. Después, resulta que la mayor parte del resto de la deuda se reparte entre errores administrativos internos, incluyendo en la lista a patronos que nada adeudan y empresas que ya no existen. Al final es muy probable que tras el escándalo inicial, la cifra recuperable efectivamente estará muy por debajo de los diez millones de balboas.
Algo parecido ocurre con la reciente compra de bonos del Estado que producirá beneficios adicionales a la CSS por el orden de los seis millones de balboas al año, lo que unido a lo anterior representa una cifra total que puede estar alrededor del uno por ciento del presupuesto de la institución y de tres décimos de uno por ciento del déficit actuarial que la misma tiene en su programa de invalidez, vejez y muerte. Esto es solamente una gota de agua en el inmenso mar de necesidades económicas que enfrenta la Caja.
Ahora debería comenzarse un agresivo programa de recorte en gastos, a través de un ataque a la corrupción y de una mayor eficiencia administrativa. Durante administraciones pasadas se ha perdido mucho dinero en licitaciones amañadas y gastos innecesarios que puede rescatarse mediante una política de transparencia y de austeridad en el manejo de los fondos. Sabemos que el actual Director está comprometido con estas medidas y estamos seguros que obtendrá buenos resultados; pero aún con estos ahorros las cantidades disponibles serán ridículas comparadas con las exigidas para rescatar a la institución de una crisis en el futuro cercano.
Al final será inevitable un cambio en el sistema actual de seguridad social si queremos darle estabilidad financiera, eficiencia administrativa y solidaridad social. En ese sentido, las recientes declaraciones de continuar el trabajo adelantado por el informe de la Organización Internacional del Trabajo mediante la reactivación de la Comisión de Contacto y Seguimiento anunciado por la Presidenta de la República, brinda esperanza a los que quieren garantizar para nuestros hijos los beneficios sociales que nosotros recibimos hoy.