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La calumnia parte de la miseria humana


Todo aquel que festina contra el honor de una persona es de intereses mezquinos, egoísta y lo carcome la envidia. Estos seudoindividuos son tan miserables y grandes poseedores en la práctica de la mentira que sienten que inventar falsedades es lo correcto. Lo dañino del asunto es cuando su interlocutor cree la gran mentira y no investiga; entonces, es doblemente culpable y miserable.
La calumnia es mortal si se daña gravemente el honor de una persona, aunque esa misma persona no se entere del daño que se le ha causado.
La calumnia es irreparable cuando deliberadamente e injustamente se menoscaba la reputación de un individuo. Por ejemplo, si a un hombre le robamos su reloj, puede enojarse o entristecerse, pero normalmente al cabo del tiempo quizá compre otro. Pero si lo perdido es su buen nombre o su reputación lo privamos de algo que no podrá comprar con dinero. La calumnia se asocia con la mentira, la injusticia y con la falta de solidaridad, aprecio y amor que corresponde y se le debe a todo ser humano.
La calumnia y la difamación es un juicio temerario, un atropello, una ofensa que afecta. Consiste en dañar la fama ajena manifestando sin causa justa pecados y defectos que no son verdad. Por ejemplo, tildar a otro de demente, por el solo hecho de arrebatarle su posición laboral es fatal y debe ser castigado sin ninguna consideración. Puede que hayan ocasiones, en que, con el fin de prevenir males mayores, se deba revelar los pecados ajenos o, que convenga informar a la autoridad pública las actividades sospechosas de aquel que infringe la ley. Por eso, si no tenemos una causa justa, aunque lo que digamos sea verdad, es ilícito difundir sin necesidad los defectos ajenos.
También hay otras perversiones. Escuchar con gusto la calumnia y difamación, aunque no digamos una palabra, fomenta la difusión de murmuraciones maliciosas. Nuestro deber cuando se ataque la fama de alguien en nuestra presencia, es cambiar la conversación, e incluso intentar sacar a relucir las virtudes del difamado.
La injuria adopta distintas modalidades. Por ejemplo, negarnos a dar al prójimo las muestras de respeto y amistad que le son debidas, al no contestar su saludo o ignorar su presencia, al hablarle de modo altanero o ponerle apodos humillantes. Un pecado parecido de grado menor es esa crítica despreciativa, ese encontrar faltas en todo, criticar por criticar y, sin descanso. Son personas con un carácter impulsivo, de tipo temperamental que no miden las consecuencias de sus críticas y, hacen peligrar la objetividad de sus ideas. Cosa que muchas veces le cuesta luego retractarse de lo que dicen.
Otro caso es el de revelar secretos que nos han sido confiados. Aquí se incluyen leer la correspondencia ajena sin permiso, o escuchar conversaciones privadas detrás de la puerta o por la extensión telefónica. Si perjudicamos a un tercero con alguna mentira, lo difamamos, lo humillamos; o revelamos sus secretos, nuestra falta no estará saldada hasta que compensemos los perjuicios lo mejor posible. Y debemos hacerlo aunque hacer esa reparación nos exija humillarnos o sufrir un perjuicio nosotros mismos.
Si he calumniado, debo decir que me había equivocado radicalmente; si he murmurado, tengo que compensar mi difamación hablando cosas buenas del afectado; si he insultado, debo pedir disculpas, públicamente, sobre todo, si el insulto fue público; si he revelado un secreto, debo reparar lo mejor que pueda las consecuencias de mi imprudencia. Que nunca hablemos del prójimo si no es para alabarlo, y, si tenemos que decir de él algo negativo, lo hagamos obligados por una razón grave y suavizando nuestras palabras con el aceite de la caridad y de la verdad.
Es mejor tener un gran objetivo utópico que no tener ninguno, porque si la tienes a lo mejor caminas hacia ella, quizá no llegues, pero por lo menos avanzas. Paulo Freire lo ejemplificaba con la tensión entre el aquí y el allá. Si estás aquí y no sabes que quieres llegar allá, te puedes quedar en el aquí y este aquí puede ser un círculo vicioso. Ahora, si te ubicas en el allá y te olvidas del aquí, estás cometiendo el mismo error. Es decir, si solamente sueñas sin poner los pies en la tierra, tampoco funciona.
(raulleisr@hotmail.com)

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