La candidatura más social
La estructura que ha de configurarse en la contienda política actual determinará en gran medida el contenido de la política social que ha de dirigirse hacia los sectores más vulnerables del país pasado este gobierno.
Las candidaturas presidenciales, al ser personificadas, generan elementos que vinculan o desvinculan a cada uno de los candidatos más cerca o más lejos de las aspiraciones, necesidades e identificación del pueblo votante.
Toda campaña política requiere de un caudal monetario que le dé sustento y permanencia al mercadeo de la imagen del aspirante; sin embargo, el dinero resulta insuficiente si la estrategia publicitaria no va acompañada de hechos consistentes que permitan hacerse una idea de la trayectoria política de ese candidato.
Hay que recordar que los hechos hablan más que las palabras. En este proceso el electorado panameño, si no es analista de las propuestas, es consciente de las necesidades y realidades que lo agobian, condicionantes de peso que inducen la preferencia hacia la propuesta que mejor se perciba con y desde el pueblo.
Los polos de poder en el ardid son visibles como el día y la noche, los que menos tienen versus los que más tienen y siguen queriendo más; el pueblo con quién se define; los que más tienen pueden comprar el voto, obligar la intención y adquirir el poder para mantener el estatus de siempre; los que menos tienen sólo pueden esperar una conciencia realista que motive al corazón, una intención clasista con una identidad cohesionada sobre elementos de convivencia, vínculos y afinidades de vivencias propias del que surge desde el pueblo y no del que viene, como siempre, por y para el pueblo. ¿Cuál es la afinidad de los pueblos pobres con candidatos ricos?