La capital de América Latina
La ciudad de Miami se proclama la "Capital de América Latina", la puerta de entrada a los Estados Unidos; y el estado de la Florida se promueve como la "Meca del entretenimiento y el turismo" para los latinoamericanos más afluentes. "Los Estados Unidos en donde se habla español" hizo de ellos el destino natural para las elites del subcontinente. Pero las restricciones migratorias, producto tanto de la Ley Patriótica sumadas al debate nacional sobre la Ley Migratoria, han hecho cada vez más difícil ir a Miami desde el sur.
Se calcula que sólo en Brasil hay más de 400 mil turistas potenciales que no consiguen visa para los Estados Unidos, y si a todo lo anterior agregamos la inestabilidad que aqueja periódicamente nuestros vecinos y que produce el deseo de sus elites a buscar un lugar más seguro para su familia, nos encontramos con una gran oportunidad para destinos alternativos.
La ciudad de Panamá, en particular, y ciertas áreas del interior como Boquete, Bocas del Toro y la zona de las playas del Pacífico, se han convertido en magnetos para los retirados norteamericanos y europeos que buscan un lugar seguro, pero más barato que sus lugares de origen, para pasar sus años dorados.
Las ventajas de conectividad del transporte y las comunicaciones, de una moneda fuerte, de una relativamente buena seguridad y de costo de vida todavía muy inferior al de sus países de origen, hacen de nuestro país un lugar atractivo. Esas mismas características hacen de Panamá un destino natural para las familias de quienes piensan que vivir en Venezuela, Colombia o Ecuador es de futuro incierto.
Panamá se está convirtiendo en la alternativa a Miami y esto tiene sus oportunidades y peligros. Oportunidades de bienestar gracias a una masiva y constante inversión extranjera y de atraer actividades, empresariales, culturales y sociales de Primer Mundo para atender a una población con esos estándares que ya habría constituido junto a los panameños una "Masa Crítica"; pero también los peligros inherentes a la elevación del costo de vida y la sofisticación de la criminalidad sin habernos preparado para enfrentarlos exitosamente.
Pero hay un peligro adicional, y es que cada vez que Panamá se constituye en competidor serio para alguna actividad de Miami, empiezan las campañas de desprestigio contra nuestro país. No obstante, a pesar de todo, Panamá es un país bendito, y así sea por "serendipia" vamos camino a convertirnos en la nueva Capital de América Latina.