La cara oculta del carnaval
El lamentable espectáculo protagonizado por algunos jóvenes durante los carnavales y presentado ante la opinión pública a través de la televisión, nos obliga a reflexionar sobre la formación en valores que está recibiendo la nueva generación de panameños. Como medio de comunicación consciente de nuestra responsabilidad educativa, debemos reaccionar ante lo sucedido tratando de contribuir con nuestra opinión a resolver la crisis moral que se refleja en los actos contra el decoro presenciados por la ciudadanía.
Es cierto que en los carnavales ha sido tradición acostumbrada liberarse de formalismos que la vida social nos obliga a mantener. Se trata de una especie de terapia individual y colectiva que se celebra una vez al año frente a las presiones impuestas por la sociedad sobre el ser humano. En otras épocas de mayor recato los participantes en las fiestas de carnaval escondían estas libertades detrás de una máscara, temerosos de ser reconocidos.
La diversión es necesaria como relajamiento y descanso. La risa, la música, la fiesta y la broma forman parte de ese mundo complejo de sensaciones que complementan una personalidad sana y balanceada. Aún en las interioridades de un convento hay espacio para el relajamiento que expresa la felicidad de compartir esta vida con gestos, cantos, risas y bailes.
Pero una cosa es la diversión y otra la liberación total de las pasiones humanas más bajas y lo que presenciamos durante los pasados carnavales en la pantalla chica fue un desborde de emociones. Jóvenes sin conocimiento bajo la acción del alcohol que eran usados como juguetes, intimidades expuestas al público sin decoro, violencia promovida y burla pública de la miseria humana, fueron revelando la cara oculta de un carnaval que lejos de considerarse diversión se convertía en desenfrenada expresión de las cualidades más primitivas.
Padres de familia y educadores tendrán que evaluar esta realidad de cara al compromiso que tienen de educar. El error no es de los jóvenes sino de la generación de adultos que no ha sabido enseñarles cómo divertirse respetando la dignidad de la persona humana. Ninguna liberación de carnaval puede evadir el compromiso que tiene todo ser humano de continuar siendo responsable en todos los momentos de su vida como ciudadano y ciudadana, como padre y madre y esencialmente como hombre y mujer. Ojalá esta oportunidad nos sirva para ser mejores en el futuro.
Es cierto que en los carnavales ha sido tradición acostumbrada liberarse de formalismos que la vida social nos obliga a mantener. Se trata de una especie de terapia individual y colectiva que se celebra una vez al año frente a las presiones impuestas por la sociedad sobre el ser humano. En otras épocas de mayor recato los participantes en las fiestas de carnaval escondían estas libertades detrás de una máscara, temerosos de ser reconocidos.
La diversión es necesaria como relajamiento y descanso. La risa, la música, la fiesta y la broma forman parte de ese mundo complejo de sensaciones que complementan una personalidad sana y balanceada. Aún en las interioridades de un convento hay espacio para el relajamiento que expresa la felicidad de compartir esta vida con gestos, cantos, risas y bailes.
Pero una cosa es la diversión y otra la liberación total de las pasiones humanas más bajas y lo que presenciamos durante los pasados carnavales en la pantalla chica fue un desborde de emociones. Jóvenes sin conocimiento bajo la acción del alcohol que eran usados como juguetes, intimidades expuestas al público sin decoro, violencia promovida y burla pública de la miseria humana, fueron revelando la cara oculta de un carnaval que lejos de considerarse diversión se convertía en desenfrenada expresión de las cualidades más primitivas.
Padres de familia y educadores tendrán que evaluar esta realidad de cara al compromiso que tienen de educar. El error no es de los jóvenes sino de la generación de adultos que no ha sabido enseñarles cómo divertirse respetando la dignidad de la persona humana. Ninguna liberación de carnaval puede evadir el compromiso que tiene todo ser humano de continuar siendo responsable en todos los momentos de su vida como ciudadano y ciudadana, como padre y madre y esencialmente como hombre y mujer. Ojalá esta oportunidad nos sirva para ser mejores en el futuro.