La Carretera de Gonzalillo a Pedregal
El gobierno de Ernesto Pérez Balladares tuvo la sabia iniciativa de construir una carretera que uniría a Gonzalillo, en las Cumbres, con Pedregal. Pero la dejó a medio camino. El trazado de piedra actual está invadido por la maleza que amenaza con echar a perder lo que se ha avanzado de la vía, que es mucho, y que incluye un puente del trayecto. Sería una lástima y pérdida de dinero no completarla. Con la vía se beneficiarían centenares de miles de habitantes de la urbe metropolitana. Por un lado están quienes viven o trabajan en los populosos corregimientos de Chilibre, Alcalde Díaz, las Cumbres y alrededores, y por el otro los de Pedregal y Tocumen.
Del mismo modo, con la vía también se beneficiarían los vehículos que llevan mercancías entre Tocumen y Colón, que ahora, al igual que el resto de los ciudadanos, se ven obligados a transitar por la Transístimica hacia el paso elevado vehicular de San Miguelito en su intersección con la Ricardo J. Alfaro. A cualquier hora del día, el flujo de automóviles por esa intersección y vías concurrentes es asfixiante.
La carretera de Gonzalillo hacia Pedregal serviría de desahogo, al igual que la segunda fase del Corredor Norte, ahora en construcción. Y bien se haría en comunicar ambas entre sí. La ciudad capital necesita muchas vías alternas porque su intenso tráfico está atrapado a diario en un inmenso embudo, sin alternativas. La reversión del área canalera permite construir más calles de descongestionamiento, pero será en el futuro. Por lo pronto, tenemos una obra concreta que está por terminar, pendiente de un impulso final.
Se trata de un tramo corto, de solo 6.1 kilómetros, pero de una utilidad extraordinaria. Si se dividiera su costo por kilómetro entre la cantidad de habitantes a que sirve, las autoridades se darían cuenta del enorme beneficio que presta a tan bajo costo que en total es de unos B/.4.2 millones. Los planos de la obra prevén una superficie de concreto cubierta de asfalto, con 3.35 metros de ancho y 1.50 metros de hombros, incluyendo su mantenimiento por cinco años.
El nuevo ministro de Obras Públicas, Eduardo Quirós, ha manifestado su propósito de terminar la obra, para lo cual ha coordinado lo necesario con la contratista, Asfaltos Panameños, S.A. Pueda ser que intereses aviesos no se interpongan.
Hablamos de los dueños y promotores de la segunda fase del Corredor Norte que construye más al sur la atribulada constructora mexicana Pycsa. Son dos vías necesarias que no compiten entre sí sino que se complementan. La intercomunicación entre ambas posibilitaría esta condición. La ciudad capital sería la ganadora.
Ayudaría mucho salir con un poco más de tiempo de casa y no estar tan apurados al conducir. Aquellos que siempre practican el “juega vivo” en el camino generalmente producen tranques y retrasos, tratemos de ser más conscientes y olvidémonos de eso lo más posible.
Sé que una golondrina no hace verano, pero si esta golondrina no hace públicos sus pensamientos, intenciones ideas nadie tendrá un comentario para seguir o por lo menos para pensar. Creo que si este escrito lo leen miles de personas por lo menos algunas lo pensarán, lo valorarán y, en el mejor de los casos, lo pondrán en práctica y ya no seré una golondrina, tal vez lleguemos a ser bandada.
No soy escritora, sólo tengo una gran consternación y soy una madre que no quiere llorar por estos motivos, pudiéndolos evitar de una manera fácil.
Del mismo modo, con la vía también se beneficiarían los vehículos que llevan mercancías entre Tocumen y Colón, que ahora, al igual que el resto de los ciudadanos, se ven obligados a transitar por la Transístimica hacia el paso elevado vehicular de San Miguelito en su intersección con la Ricardo J. Alfaro. A cualquier hora del día, el flujo de automóviles por esa intersección y vías concurrentes es asfixiante.
La carretera de Gonzalillo hacia Pedregal serviría de desahogo, al igual que la segunda fase del Corredor Norte, ahora en construcción. Y bien se haría en comunicar ambas entre sí. La ciudad capital necesita muchas vías alternas porque su intenso tráfico está atrapado a diario en un inmenso embudo, sin alternativas. La reversión del área canalera permite construir más calles de descongestionamiento, pero será en el futuro. Por lo pronto, tenemos una obra concreta que está por terminar, pendiente de un impulso final.
Se trata de un tramo corto, de solo 6.1 kilómetros, pero de una utilidad extraordinaria. Si se dividiera su costo por kilómetro entre la cantidad de habitantes a que sirve, las autoridades se darían cuenta del enorme beneficio que presta a tan bajo costo que en total es de unos B/.4.2 millones. Los planos de la obra prevén una superficie de concreto cubierta de asfalto, con 3.35 metros de ancho y 1.50 metros de hombros, incluyendo su mantenimiento por cinco años.
El nuevo ministro de Obras Públicas, Eduardo Quirós, ha manifestado su propósito de terminar la obra, para lo cual ha coordinado lo necesario con la contratista, Asfaltos Panameños, S.A. Pueda ser que intereses aviesos no se interpongan.
Hablamos de los dueños y promotores de la segunda fase del Corredor Norte que construye más al sur la atribulada constructora mexicana Pycsa. Son dos vías necesarias que no compiten entre sí sino que se complementan. La intercomunicación entre ambas posibilitaría esta condición. La ciudad capital sería la ganadora.
Ayudaría mucho salir con un poco más de tiempo de casa y no estar tan apurados al conducir. Aquellos que siempre practican el “juega vivo” en el camino generalmente producen tranques y retrasos, tratemos de ser más conscientes y olvidémonos de eso lo más posible.
Sé que una golondrina no hace verano, pero si esta golondrina no hace públicos sus pensamientos, intenciones ideas nadie tendrá un comentario para seguir o por lo menos para pensar. Creo que si este escrito lo leen miles de personas por lo menos algunas lo pensarán, lo valorarán y, en el mejor de los casos, lo pondrán en práctica y ya no seré una golondrina, tal vez lleguemos a ser bandada.
No soy escritora, sólo tengo una gran consternación y soy una madre que no quiere llorar por estos motivos, pudiéndolos evitar de una manera fácil.