La carta de la dignidad
El 16 de marzo pasado regresé al despacho de la Dirección de los Servicios y Prestaciones Médicas de la Caja de Seguro Social (CSS) con la carta de destitución firmada por el Director General encargado, Dr. Rolando Villalláz Guerra.
En la misma se aducían las razones que todos conocemos: mis denuncias a las graves irregularidades que se han dado en la adquisición de cuatro tomógrafos y un aparato de cineangiógrafo para la institución. Me esperaba mi equipo técnico. Les indiqué que tenían la plena libertad para actuar de acuerdo a sus mejores criterios y que de ninguna forma sintieran ningún compromiso conmigo. La respuesta no se dejó esperar: iban a renunciar irrevocablemente a sus puestos. Nos despedimos. No volví a las oficinas.
Al siguiente día me leyeron la carta. ¿Por qué cinco profesionales de la medicina se despiden en un santiamén de un sobresueldo importante? Todos ellos viven de sus trabajos. Una vida modesta, sin pretensiones. ¿Por qué dejan ir con tanta facilidad las tentaciones del poder?
El trabajo tesonero de ellos se orientó a la implementación de un nuevo Modelo de Atención destinado a demostrar que la CSS podía mejorar sus prestaciones médicas dentro de la esfera pública. A demostrar también que la medicina es una profesión humana; que la clave para su desarrollo es el vínculo amical entre el médico y el paciente (Médico de Cabecera). Ya se había adscrito al programa en el área metropolitana y en la región de San miguelito más de la mitad de la población de responsabilidad.
El día anterior habíamos extendido el Modelo en el interior del país. ¿Por qué renunciaron? Lo digo con esa mezcla de sentimientos que ocupan los espacios profundos de nuestra interioridad:
"Dada la precaria situación de crisis de valores, económicos y de gestión que caracteriza nuestra institución en los actuales momentos". Tome nuestro cheque, señor director, nuestra dignidad no tiene precio. Hemos venido a implementar un proyecto de salud, que los mezquinos e irresponsables intereses de los que realmente mandan en la CSS, han deteriorado de un solo plumazo. No podemos permanecer, con puestos de mando, en una institución cuyos jerarcas desprecian los intereses de los asegurados.
Es una carta corta. Once líneas. Cuando la decencia se expresa no necesita cantidades. ¿Cómo me sentí cuando la Dra. Vielka de Oviedo me la leyó? ¿Cómo me sentí cuando me describieron los pormenores de la entrevista con el Director General en la que le explicaban la razón de ser de su renuncia?
Tengo que ser honesto. Esa mezcla extraña de orgullo y alegría que sentí tiene poco valor. Lo que sí tiene valor es el papel que tendrá la dignidad cuando se inicie la verdadera depuración de la CSS. Allí estará la Dra. Mariela Beleño, el Dr. Leopoldo Santamaría, el Dr. Manuel Escala, la Dra. Vielka de Oviedo, la Dra. Betty de Riquelme y el Dr. Felix Luciani, asesor de la Dirección Nacional de los Servicios y Prestaciones Médicas, quien también renunció de inmediato. Gracias a ellos por demostrar, en este mundo que lo ahoga la corrupción, que la dignidad ocupa un lugar ejemplar.
En la misma se aducían las razones que todos conocemos: mis denuncias a las graves irregularidades que se han dado en la adquisición de cuatro tomógrafos y un aparato de cineangiógrafo para la institución. Me esperaba mi equipo técnico. Les indiqué que tenían la plena libertad para actuar de acuerdo a sus mejores criterios y que de ninguna forma sintieran ningún compromiso conmigo. La respuesta no se dejó esperar: iban a renunciar irrevocablemente a sus puestos. Nos despedimos. No volví a las oficinas.
Al siguiente día me leyeron la carta. ¿Por qué cinco profesionales de la medicina se despiden en un santiamén de un sobresueldo importante? Todos ellos viven de sus trabajos. Una vida modesta, sin pretensiones. ¿Por qué dejan ir con tanta facilidad las tentaciones del poder?
El trabajo tesonero de ellos se orientó a la implementación de un nuevo Modelo de Atención destinado a demostrar que la CSS podía mejorar sus prestaciones médicas dentro de la esfera pública. A demostrar también que la medicina es una profesión humana; que la clave para su desarrollo es el vínculo amical entre el médico y el paciente (Médico de Cabecera). Ya se había adscrito al programa en el área metropolitana y en la región de San miguelito más de la mitad de la población de responsabilidad.
El día anterior habíamos extendido el Modelo en el interior del país. ¿Por qué renunciaron? Lo digo con esa mezcla de sentimientos que ocupan los espacios profundos de nuestra interioridad:
"Dada la precaria situación de crisis de valores, económicos y de gestión que caracteriza nuestra institución en los actuales momentos". Tome nuestro cheque, señor director, nuestra dignidad no tiene precio. Hemos venido a implementar un proyecto de salud, que los mezquinos e irresponsables intereses de los que realmente mandan en la CSS, han deteriorado de un solo plumazo. No podemos permanecer, con puestos de mando, en una institución cuyos jerarcas desprecian los intereses de los asegurados.
Es una carta corta. Once líneas. Cuando la decencia se expresa no necesita cantidades. ¿Cómo me sentí cuando la Dra. Vielka de Oviedo me la leyó? ¿Cómo me sentí cuando me describieron los pormenores de la entrevista con el Director General en la que le explicaban la razón de ser de su renuncia?
Tengo que ser honesto. Esa mezcla extraña de orgullo y alegría que sentí tiene poco valor. Lo que sí tiene valor es el papel que tendrá la dignidad cuando se inicie la verdadera depuración de la CSS. Allí estará la Dra. Mariela Beleño, el Dr. Leopoldo Santamaría, el Dr. Manuel Escala, la Dra. Vielka de Oviedo, la Dra. Betty de Riquelme y el Dr. Felix Luciani, asesor de la Dirección Nacional de los Servicios y Prestaciones Médicas, quien también renunció de inmediato. Gracias a ellos por demostrar, en este mundo que lo ahoga la corrupción, que la dignidad ocupa un lugar ejemplar.