La carta democrática y Venezuela
En abril de 2002, a raíz del golpe de Estado que depuso al presidente Chávez, se aplicó por primera vez la Carta Democrática aprobada por aclamación por todos los estados miembros de la Organización de los Estados Americanos en Lima, Perú, el 11 de septiembre de 2001, el mismo día de los ataques terroristas contra los Estados Unidos. La Carta Democrática Interamericana, sin duda el instrumento de mayor relevancia política adoptado por la OEA desde su creación, culminó un proceso que tomó su impulso definitivo en la asamblea general celebrada en Chile en 1991, en la que se aprobó el denominado "Compromiso de Santiago con la Democracia". El mérito de la Carta es que en ella se consagra que la democracia es un derecho de los pueblos del continente americano y se adoptan los mecanismos para prevenir su interrupción o restaurarla cuando sea alterada la institucionalidad democrática.
La adopción por unanimidad de la Carta Democrática fue posible porque en todos los estados miembros de la OEA, excepción hecha de Cuba cuyo gobierno está excluido del Sistema Interamericano, existen regímenes democráticos. Ese mismo hecho asegura el compromiso de contribuir colectivamente a preservar la democracia y a defenderla cuando sea amenazada. La defensa de la institucionalidad democrática, establecida como obligación de los estados americanos, no admite espacio para la duda. Por eso en la situación que vivió y vive Venezuela el marco obligado de referencia para la posición que deben adoptar la OEA, y sus estados miembros es el de la Carta Democrática.
Cuando, el pasado mes de abril una acción golpista interrumpió el proceso institucional democrático en Venezuela, los países del Grupo de Río, primero y el resto de los estados miembros de la OEA, después, expresaron su rechazo al golpe y apoyaron el restablecimiento del orden constitucional en ese país. Y en las circunstancias actuales la OEA, nuevamente, y porque no podía ser de otra manera, también se ha pronunciado a favor del mantenimiento de la institucionalidad democrática, y ha respaldado una solución negociada de la crisis, dentro del único marco que cabe, que es el del diálogo que coordina el Secretario General, el doctor César Gaviria.
Como organización dedicada a preservar y fortalecer el sistema democrático de gobierno, la OEA deberá seguir siempre el mismo camino, que es el que señala la Carta Democrática. Desde luego que al ceñirse a ese marco, que es el compromiso que se ha impuesto sus estados miembros se convierte en blanco de quienes adversan, en este caso, al régimen del presidente Chávez. Pero ellas no pueden apartarla de la misión que le corresponde. La OEA debe continuar facilitando el diálogo entre las partes, sin expresar preferencias ni tomar partido en la mesa de diálogo.
La decisión adoptada por el Consejo Permanente de la OEA el pasado 17 de diciembre, aparte de reclamar nuevamente el respeto a la institucionalidad democrática, ratifica su apoyo a la gestión del Secretario General. Si esas gestiones fracasar o llegan a ser inefectivas, entonces podrían explorarse otros niveles de mediación ya sea por una comisión de Cancilleres o de Jefes de Estado, pero siempre dentro del marco de la Carta Democrática. Y la salida que finalmente se busque deberá ser de acuerdo también al marco constitucional venezolano. Esperar cosa distinta equivaldría a un desconocimiento del compromiso que constituye la Carta Democrática.
Vita: Esta es la Vida Eterna
Te: Que te conozcan a ti el Dios Verdadero.
Nati: Y a Jesucristo a quien has enviado.
Entonces, la Nativitate no es más que la oportunidad que tenemos los seres humanos para conocer y aceptar al único Dios verdadero, por medio de Jesucristo Salvador del mundo, a través de un simple arrepentimiento.
Así, pues, en esta Navidad, considerando que la vida del hombre como dice la Palabra de Dios "no consiste en comidas y bebidas sino en poder, gozo, paz y amor en el espíritu", hagamos un espacio dentro de nuestra agenda para acercarnos confiadamente a Dios con plena conciencia de lo que representa esta celebración y operar así un cambio en la humanidad.
La adopción por unanimidad de la Carta Democrática fue posible porque en todos los estados miembros de la OEA, excepción hecha de Cuba cuyo gobierno está excluido del Sistema Interamericano, existen regímenes democráticos. Ese mismo hecho asegura el compromiso de contribuir colectivamente a preservar la democracia y a defenderla cuando sea amenazada. La defensa de la institucionalidad democrática, establecida como obligación de los estados americanos, no admite espacio para la duda. Por eso en la situación que vivió y vive Venezuela el marco obligado de referencia para la posición que deben adoptar la OEA, y sus estados miembros es el de la Carta Democrática.
Cuando, el pasado mes de abril una acción golpista interrumpió el proceso institucional democrático en Venezuela, los países del Grupo de Río, primero y el resto de los estados miembros de la OEA, después, expresaron su rechazo al golpe y apoyaron el restablecimiento del orden constitucional en ese país. Y en las circunstancias actuales la OEA, nuevamente, y porque no podía ser de otra manera, también se ha pronunciado a favor del mantenimiento de la institucionalidad democrática, y ha respaldado una solución negociada de la crisis, dentro del único marco que cabe, que es el del diálogo que coordina el Secretario General, el doctor César Gaviria.
Como organización dedicada a preservar y fortalecer el sistema democrático de gobierno, la OEA deberá seguir siempre el mismo camino, que es el que señala la Carta Democrática. Desde luego que al ceñirse a ese marco, que es el compromiso que se ha impuesto sus estados miembros se convierte en blanco de quienes adversan, en este caso, al régimen del presidente Chávez. Pero ellas no pueden apartarla de la misión que le corresponde. La OEA debe continuar facilitando el diálogo entre las partes, sin expresar preferencias ni tomar partido en la mesa de diálogo.
La decisión adoptada por el Consejo Permanente de la OEA el pasado 17 de diciembre, aparte de reclamar nuevamente el respeto a la institucionalidad democrática, ratifica su apoyo a la gestión del Secretario General. Si esas gestiones fracasar o llegan a ser inefectivas, entonces podrían explorarse otros niveles de mediación ya sea por una comisión de Cancilleres o de Jefes de Estado, pero siempre dentro del marco de la Carta Democrática. Y la salida que finalmente se busque deberá ser de acuerdo también al marco constitucional venezolano. Esperar cosa distinta equivaldría a un desconocimiento del compromiso que constituye la Carta Democrática.
Vita: Esta es la Vida Eterna
Te: Que te conozcan a ti el Dios Verdadero.
Nati: Y a Jesucristo a quien has enviado.
Entonces, la Nativitate no es más que la oportunidad que tenemos los seres humanos para conocer y aceptar al único Dios verdadero, por medio de Jesucristo Salvador del mundo, a través de un simple arrepentimiento.
Así, pues, en esta Navidad, considerando que la vida del hombre como dice la Palabra de Dios "no consiste en comidas y bebidas sino en poder, gozo, paz y amor en el espíritu", hagamos un espacio dentro de nuestra agenda para acercarnos confiadamente a Dios con plena conciencia de lo que representa esta celebración y operar así un cambio en la humanidad.