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La Carta Pastoral


Coincidiendo con la Fiesta de la Epifanía, en la clausura del Año Jubilar, los obispos panameños promulgaron, el viernes 5 de enero, la Carta Pastoral de la Conferencia Episcopal, sobre la Justicia Social en Panamá, en la cual se vierten reflexiones que repercuten en la conciencia nacional.
La Carta Pastoral tiene la mayor importancia no sólo para los laicos católicos, sino para todos los panameños. La lectura del documento denota que éste constituye una admonición, con una orientación liminal al inicio del nuevo milenio que comenzó hace apenas quince días.
En términos transparentes, los obispos se refieren al ámbito eclesial, a la vez que adoptan como tema central de sus preocupaciones la Justicia Social en Panamá. En esencia, la Carta Pastoral se presenta como un "aporte en la búsqueda del Panamá, que, entre otros, queremos construir... y con miras a la celebración de nuestro primer centenario como nación independiente."
En sus reflexiones sobre el ¡mbito Social, y muy concretamente sobre el Panorama Socioeconómico, los obispos hacen hincapié en la realidad social y económica. Sin rodeos los prelados señalan que "Los índices anotan una desaceleración de la economía y, lamentablemente, se ven confirmados por realidades que reflejan un panorama de angustia en gran parte de la población: empresas intervenidas por las entidades acreedoras o en proceso de concordato, cierre de fuentes de trabajo, despidos masivos en el sector público y privado con el creciente aumento de la tasa de desempleo, restricciones impuestas por los organismos internacionales, aumento en las tarifas de los servicios públicos, fluctuación en los precios del combustible, aumento del valor de la canasta básica familiar.
A lo anterior, los obispos añaden: la sensación de impotencia y desesperanza de la ciudadanía frente a la inseguridad en la frontera, la violencia generalizada, los suicidios, los asesinatos de taxistas, las pandillas juveniles, la violencia intrafamiliar, los embarazos precoces, la deserción escolar, etc.
Esta enunciación de males que abarcan tanto el plano macroeconómico como el microeconómico, y lo social en todos sus niveles, ha sido hecha y sustentada por la Conferencia Episcopal Panameña, con las firmas de su Presidente Monseñor José Luis Lacunza, Obispo de David; Mons. Uriah Ashley, Obispo de Penonomé; Mons. Fernando Torres Durán, Obispo de Chitré; Mons. José Dimas Cedeño Delgado, Arzobispo Metropolitano de Panamá; Mons. Carlos María Ariz, Obispo de Colón; Mons. Oscar Mario Brown Jiménez, Obispo de Santiago de Veraguas; Mons. José Agustín Ganuza, Obispo de Bocas del Toro; Mons. Marcos Zuloaga, Obispo Emérito de Darién y el Pbro. Vicente Sidera, Vicario Delegado de Darién.
En mi crónica del primer día del nuevo año, hice unos comentarios que coinciden con las preocupaciones, las dificultades y las exhortaciones que la suprema jerarquía católica presenta al país en la Carta Pastoral. Estoy bien consciente de que la descripción de la realidad panameña, configurada en la Carta Pastoral, no se hace con ligereza de ánimo ni con alegría en el corazón. Pero, tampoco se hace, como a veces hemos visto o escuchado de parte de los personeros gubernamentales, simplificando una realidad que es compleja o reduciéndola a una falsa simplicidad. Al tiempo que esos personeros oficiales del gobierno declaran actuar en nombre de los panameños de carne y hueso, parecen olvidar que los panameños "NO HAN CERRADO SUS OJOS, NI TAPADO SUS OIDOS, NI ENDURECIDO SU CORAZ"N" (Mateo 13-15).
Cada panameño debe ser tenido en cuenta en su dignidad particular, la que está amenazada, si no se encuentra en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la calle, los apoyos que lo ayuden a afirmarse por sí mismo y no como miembro de una muchedumbre o de un partido político.
En su campaña electoral, los partidos políticos, hoy en el poder, expresaron en su "Compromiso para el Cambio" que sus propuestas respondían a la doctrina social de la Iglesia Católica. Sin embargo, la realidad es muy distinta vista desde la perspectiva del ejercicio del poder. No se compadece con el cuadro desesperanzador plasmado en la Carta Pastoral, que está muy distante de los objetivos de la Doctrina Social de la Iglesia Católica, que día tras día predican los Obispos de la Conferencia Episcopal panameña.
En mi opinión, hay en el núcleo de la declaración episcopal, una preocupación de que la arcilla de la vida humana no sea manipulada por una voluntad ciega de gobernar ignorando sus propios fines. Hay en la presentación de los obispos una mesura consecuente con la función magisterial de la Iglesia que no considera nunca necesario reconvenir para enseñar el camino correcto.
Las Iglesias siempre prefieren la caridad al rigor, sin dejar de considerar que la caridad no es sustituta de la justicia. La jerarquía eclesiástica no olvida su misión conciliadora. La Carta Pastoral convoca a los panameños y a las panameñas de todos los colores políticos, de todas las vocaciones religiosas y de todos los estratos sociales, a hacerle frente a una situación sombría plagada de angustiosas realidades, tan traumáticas y visibles, que no dan margen ni a la inercia, ni al conformismo, ni a la pasividad.
La Carta Pastoral no le ha puesto carbón a una realidad que se oscurece cada día más, y que hace urgente que el Gobierno actúe sin sectarismos, sin personalismos, sin reclamar obsecuencias y emociones propias de una mística ordinaria.
La realidad que vivimos debería conducir al Gobierno a modernizar sus propósitos programáticos sin confundirlos con propósitos partidarios electoreros, que resultan agobiantes y que a cada rato se escuchan en el discurso de seguidores, discípulos y legatarios.
El Gobierno debe saber qué hacer con una economía que anda dando tumbos y que es imposible rehabilitar con simples medidas de cosméticos, magnificadas en los titulares de periódicos. El Gobierno no puede permitirse hacerle perder al país el tren de la historia empeñándose en un esquema cultural empobrecido que puede llevar a la República a una declinación irreversible.
El cuadro desesperanzador que presentan los obispos es, en esencia, un emplazamiento al Gobierno, es una campanada para la acción urgente. Es, en síntesis, una exhortación tan valiente como severa para que tanto los responsables de la cosa pública, como la empresa privada y la sociedad civil, establezcan un orden de prioridades para hacerle frente a una amenazante situación que asume los perfiles de una grave crisis nacional.

101 años de Panamá América

 
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