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La casa quedó sucia


El tema de los polígonos de tiro sigue generando controversias, porque el sector norteamericano no se ha hecho responsable de las áreas que dejó contaminadas al considerar, como lo ha dicho el Embajador de Estados Unidos en Panamá, Simón Ferro que han cumplido hasta donde es viable, lo cual puede hacer que Panamá, de no lograrse un acuerdo de manera satisfactoria por la vía diplomática con Estados Unidos, solicite un arbitraje que resuelva este problema que a todas luces demuestra que la casa quedó sucia, y eso es algo que lamentablemente afecta el medio ambiente panameño.
Los polígonos de tiro son una forma de contaminación que existe en suelo panameño y eso no debe pasar por desapercibido, ya que es algo que a todos atañe, porque se trata ya de víctimas que han pisado algunos artefactos explosivos que no distinguieron, porque a simple vista no son visibles, están alojados bajo tierra y la sensibilidad de los mismos puede producir el desmembramiento de extremidades y hasta la muerte.
Ironía del destino, porque cada paso que da cualquier persona que esté en el teatro real del problema, corre el riesgo de convertirse en nada, ante el poder destructor de una de estas bombas que no explotaron. Ironía, porque fueron muchos los años esperados para que todos estos territorios fueran nuestros y ahora pareciera que el futuro se vuelve en contra al no albergarnos en estos sitios, que inevitablemente han quedado vedados.
Es como jugar a la ruleta rusa, porque en cualquier momento le puede tocar a alguien, quizá una persona conocida, un familiar, un amigo, un extraño, pero de todos modos es una vida humana, que sabrá Dios, si la nación norteña ha asumido la responsabilidad de indemnizar a quienes pagaron con sus vidas estos desaciertos militares.
Como un panameño más, doy mi voto, para que las autoridades panameñas encargadas inicien, si fuese necesario, una demanda internacional para que Estados Unidos acceda a limpiar los polígonos de tiro. Pero como toda democracia y derecho internacional asiste a cada Nación, debemos esperar una respuesta formal por el conducto diplomático del Departamento de Estado y que Estados Unidos defina su postura o anuencia ante la determinación panameña de exigir esta limpieza de las áreas contaminadas por el Ejército de ese país.
Se está a la espera de que la Secretaria de Estado de Estados Unidos, Madeline Albright, anuncie o defina de manera formal la posición norteamericana frente a este delicado tema que urge de la solidaridad y respaldo internacional a favor de Panamá, que no pidió para nada ningún polígono de tiro contaminado, ni prácticas con armas químicas, como ocurrió en la Isla San José, la cual fue utilizada por el ejército estadounidense para pruebas durante la Segunda Guerra Mundial.
Vemos como positiva la actitud asumida por el canciller José Miguel Alemán, al realizar gestiones al respecto, advirtiendo sobre posibles alternativas que puede buscar el Gobierno de Panamá si no se recibe respuesta satisfactoria por la vía diplomática, donde se podría recurrir al arbitraje o a los foros internacionales a presentar la denuncia.
También es vista con buenos ojos la gestión que lleva adelante el embajador de Panamá en Washington, Guillermo Ford, sobre la solicitud efectuada al gobierno norteamericano, para que cumpla con el saneamiento de los polígonos de tiro, donde se espera, en un tiempo prudente de dos meses, se emita una respuesta por parte del gobierno estadounidense.
Es cierto que la casa quedó sucia, pero quienes dejaron ese rastro de peligro por semejante inmundicia de pertrechos militares deben reconocer y recordar siempre que quien ensucia, limpia; y no continuar indiferentes ante una nación y su pueblo que les dio alojamiento por muchas décadas, porque de lo contrario pasarían a la historia como los inquilinos indeseables.

101 años de Panamá América

 
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