La ceguera de una nación
El panameño (a) le gusta el juego, la lotería, y no darse cuenta de la falta de conciencia que se está amontonando en los hogares, como la apatía para saber la verdad de un gobierno actual que, con fecha 5 de julio del presente año, le informa a la Defensoría del Pueblo que la entrevista de la Mandataria con mi persona, concerniente a la enseñanza errónea de varios temas por parte del Ministerio de Educación, queda pendiente hasta que haya espacio en la agenda de la señora Presidenta, pero sí tiene tiempos para viajes al extranjero, para aprobar otra ley tirando a mordaza contra los medios de comunicación social y acepta que el Ministerio de Educación incumpla ilegalmente el Decreto 379 de 7 de diciembre de 1953, habiendo yo aclarado sobre el particular en diversos artículos y enviado notas al Ministerio mencionado. Señora Presidenta: acójase a dicho decreto y sancione a la ministra de Educación por estar actuando ilegalmente en dicho aspecto.
Por otro lado, el Presidente del Consejo Municipal del distrito de Panamá recibió nota de la Defensoría del Pueblo para que se me proporcione cortesía de sala y aclarar sobre el cuatro de noviembre de 1903, la fecha exacta cuando Panamá se independiza de Colombia. Los documentos originales se están deteriorando y prontamente los errados historiadores pondrán en libros actos que no se llevaron a cabo, para que la ciudadanía no sepa lo que realmente aconteció en Panamá, y prueba de ello es la violencia desatada en los colegios públicos, la falta de tacto del panameño.
En opinión, de 4 de marzo de 1992, menciono en un artículo lo que a la ciudadanía le falta en Panamá, y el Gobierno Nacional no toma las debidas medidas culturales. Nuestra sociedad está enferma por las disculpas y olvida que el gobierno debe ser responsable para el bien común y no aparecen, sino en la televisión, comunicados, charlas de políticos unos contra otros, anuncios y propagandas que enriquecen las cadenas empresariales y no dan al público mensajes reales de que Panamá se deteriora con un Seguro Social sin medicinas adecuadas, siendo costosos los medicamentos en las farmacias; la droga consume todos los estratos sociales; los gremios obreros y profesionales adoptan medidas para el bien de ellos y no se busca la solución para acabar con la asfixiante pobreza que consume a la mayoría de la población.
Pareciera que a los políticos les interesa que el común ciudadano sea un analfabeto para perpetrarse en el poder. Por otro lado, muchos autos de lujo, casas y construcciones en la capital elevadas, pero cada día más necesidades del pueblo. La justicia pareciera que no camina adecuadamente. El alimento muy caro. El pueblo padeciendo de una necesidad educativa que eleve el nivel de estabilidad moral que poco a poco decae ante la vista sin importarle a los políticos, ni entidades cívicas, porque cada cual busca el bienestar personal y no común.
La televisión con programas violentos, enseña malas costumbres a la población, y la Junta de Censura y el Ministerio de la Familia no les importa en verdad remediar el mal que está carcomiendo a la población: Falta una adecuada moral en la ciudadanía. No ha habido un presidente en Panamá desde 1903 que haya desempeñado el cargo con un real interés social.
Peor desde la dictadura militar-legal de Omar Torrijos. Noriega desbocó el país y el pueblo salía a tomar licor costeado por los gobiernos militares-legales. Y algo muy espantoso sucedio. El Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa deseó implantar Tribunales Militares para juzgar a guardias y oficiales que infringían las leyes y fueron los civiles quienes se opusieron a dicha medida. El panameño (a) pareciera no saber qué realmente desea y será muy tarde cuando se entere que hay que remediar los males desde sus raíces, en vez de consumir drogas o emborracharse casi todos los días desde la juventud, porque la corrupción empieza por casa y es aceptada socialmente.
Ninguna entidad gubernamental o civil hace algo constructivo para solucionar los males que van destruyendo nuestra nacionalidad, porque los divorcios son alarmantes; los hijos (as) sin padre o madre aumentan; y la ceguera vaticina un caos. O los alcaldes toman medidas drásticas en favor de sus comunidades, o el Ministerio de Educación no toma una enseñanza verdaderamente urgente para saber lo que de verdad fue Panamá y el ciudadano en vez de tornarse ciego ante el mal, exige el remedio prontamente, nuestro país sufrirá consecuencias desastrosas. Pocos panameños leen libros de literatura y aceptan que estos sean costosos. Nada bueno es barato en nuestro país. Impera el dólar, una ideología de varias culturas extranjeras, porque es el foráneo quien rige el mayor comercio en Panamá y el nacional no tiene una idiosincrasia nacional definida. Por todo lo anterior, señora Presidenta, inicie usted, que Panamá tenga una cultura-enseñanza nacional o real. La ceguera de Panamá se vuelve alarmante. El país nos pertenece a todos.
Por otro lado, el Presidente del Consejo Municipal del distrito de Panamá recibió nota de la Defensoría del Pueblo para que se me proporcione cortesía de sala y aclarar sobre el cuatro de noviembre de 1903, la fecha exacta cuando Panamá se independiza de Colombia. Los documentos originales se están deteriorando y prontamente los errados historiadores pondrán en libros actos que no se llevaron a cabo, para que la ciudadanía no sepa lo que realmente aconteció en Panamá, y prueba de ello es la violencia desatada en los colegios públicos, la falta de tacto del panameño.
En opinión, de 4 de marzo de 1992, menciono en un artículo lo que a la ciudadanía le falta en Panamá, y el Gobierno Nacional no toma las debidas medidas culturales. Nuestra sociedad está enferma por las disculpas y olvida que el gobierno debe ser responsable para el bien común y no aparecen, sino en la televisión, comunicados, charlas de políticos unos contra otros, anuncios y propagandas que enriquecen las cadenas empresariales y no dan al público mensajes reales de que Panamá se deteriora con un Seguro Social sin medicinas adecuadas, siendo costosos los medicamentos en las farmacias; la droga consume todos los estratos sociales; los gremios obreros y profesionales adoptan medidas para el bien de ellos y no se busca la solución para acabar con la asfixiante pobreza que consume a la mayoría de la población.
Pareciera que a los políticos les interesa que el común ciudadano sea un analfabeto para perpetrarse en el poder. Por otro lado, muchos autos de lujo, casas y construcciones en la capital elevadas, pero cada día más necesidades del pueblo. La justicia pareciera que no camina adecuadamente. El alimento muy caro. El pueblo padeciendo de una necesidad educativa que eleve el nivel de estabilidad moral que poco a poco decae ante la vista sin importarle a los políticos, ni entidades cívicas, porque cada cual busca el bienestar personal y no común.
La televisión con programas violentos, enseña malas costumbres a la población, y la Junta de Censura y el Ministerio de la Familia no les importa en verdad remediar el mal que está carcomiendo a la población: Falta una adecuada moral en la ciudadanía. No ha habido un presidente en Panamá desde 1903 que haya desempeñado el cargo con un real interés social.
Peor desde la dictadura militar-legal de Omar Torrijos. Noriega desbocó el país y el pueblo salía a tomar licor costeado por los gobiernos militares-legales. Y algo muy espantoso sucedio. El Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa deseó implantar Tribunales Militares para juzgar a guardias y oficiales que infringían las leyes y fueron los civiles quienes se opusieron a dicha medida. El panameño (a) pareciera no saber qué realmente desea y será muy tarde cuando se entere que hay que remediar los males desde sus raíces, en vez de consumir drogas o emborracharse casi todos los días desde la juventud, porque la corrupción empieza por casa y es aceptada socialmente.
Ninguna entidad gubernamental o civil hace algo constructivo para solucionar los males que van destruyendo nuestra nacionalidad, porque los divorcios son alarmantes; los hijos (as) sin padre o madre aumentan; y la ceguera vaticina un caos. O los alcaldes toman medidas drásticas en favor de sus comunidades, o el Ministerio de Educación no toma una enseñanza verdaderamente urgente para saber lo que de verdad fue Panamá y el ciudadano en vez de tornarse ciego ante el mal, exige el remedio prontamente, nuestro país sufrirá consecuencias desastrosas. Pocos panameños leen libros de literatura y aceptan que estos sean costosos. Nada bueno es barato en nuestro país. Impera el dólar, una ideología de varias culturas extranjeras, porque es el foráneo quien rige el mayor comercio en Panamá y el nacional no tiene una idiosincrasia nacional definida. Por todo lo anterior, señora Presidenta, inicie usted, que Panamá tenga una cultura-enseñanza nacional o real. La ceguera de Panamá se vuelve alarmante. El país nos pertenece a todos.