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La celebración del carnaval capitalino


Para quienes recuerdan los carnavales de épocas ya bastante lejanas, los de ahora se les quedan muy atrás, a pesar de que de tiempo en tiempo tanto autoridades oficiales como representantes de los sectores privados, han dedicado muy meritorios esfuerzos para tratar de devolverles el esplendor perdido.
Este año, al igual que todos los precedentes, el pueblo capitalino volvió a volcarse sobre la Vía España en espera del milagro que no llega. Por haber estado en Panamá hasta el sábado de carnaval pude ver, como ha ocurrido en años anteriores, las multitudes de panameños que desde muy temprano acuden a esa avenida con el deseo de integrarse a una fiesta que no compensa sus expectativas.
En un artículo que por estas épocas escribí el año pasado, señalaba con pesar que nuestra versión del sambódromo carioca bien podría ser llamada el "chupódromo nacional". Me sigue pareciendo que el nombre viene bien puesto, por cuanto lo que predomina en la Vía España, y de forma apabullante, son las casetas dedicadas a la venta de cerveza y otras bebidas alcohólicas. Tal pareciera que la fiesta estuviera dedicada a la exaltación del consumo de licor.
En otro artículo, que también escribí el año pasado, me permití presentar para la consideración de las autoridades y sectores privados envueltos en el tema de la organización del carnaval una idea que pienso podría contribuir a rescatarlos.
Estimo que el pueblo espera dos cosas básicas del carnaval capitalino: 1) que en las calles en las que se desarrolla el carnaval impere una sana alegría de la que pueda participar y 2) que los desfiles resulten atractivos por el número y calidad de los carros alegóricos y de las comparsas que participen. Si ambas expectativas se logran, creo que la satisfacción y no la frustración sería el resultado beneficioso.
¿Cómo lograr satisfacer esas dos aspiraciones básicas? Creo que la idea a la que me refería podría contribuir a ese propósito y, por tanto, me permito repetirla. Mi propuesta es que mediante premios en efectivo, pero buenos premios, se incentive la participación de las comparsas, los carros alegóricos, las reinas (en plural) y de los disfraces, cuya presencia es la base de la alegría del carnaval.
Concretamente sugiero que se destine una suma anual, que estimo puede ser de un millón de balboas, para incentivar la participación de esos protagonistas esenciales. Y así, por ejemplo, que se establezcan 10 premios para las mejores comparsas, el primero de B/.100.000.00, el segundo de B/.80,000.00, el tercero de B/.50,000.00, el cuarto de B/.40,000.00, el quinto de B/.30,000.00; y B/.20,000.00 y B/.10,000.00, para las otras comparsas participantes que reúnan los requisitos mínimos que se establezcan.
El otro medio millón de balboas debe dedicarse a incentivar y premiar la participación de carros alegóricos, reinas, polleras y disfraces, en proporciones adecuadas. Si la idea encontrará eco, lo importante es que el anuncio de los premios se haga con mucha antelación al carnaval del próximo año, para que los interesados se preparen con tiempo.
El dinero debe provenir de fondos públicos y de donaciones de la empresa privada que se beneficiará, como es obvio, de la mayor afluencia de público que se producirá y del turismo que, con toda seguridad, aumentaría.

101 años de Panamá América

 
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