La ciencia de la destrucción
A pesar que la guerra sigue siendo, como afirmó John S.C. Abbot, "la ciencia de la destrucción", un grito recorre el mundo: ¡No a la guerra! Como escribía recientemente el Premio Nobel de Literatura, José Saramago: "No hay ninguna exageración en decir que la opinión pública mundial contra la guerra se ha convertido en una potencia con la cual el poder tiene que contar. Nos enfrentamos deliberadamente a los que quieren la guerra, les decimos "NO", y si aún así siguen empecinados en su demencial afán y desencadenan una vez más los caballos del Apocalipsis, entonces les avisamos desde aquí que esta manifestación no es la última, que continuaremos las protestas durante todo el tiempo que dure la guerra, e incluso más allá, porque a partir de hoy ya no se tratará simplemente de decir "No a la guerra", se tratará de luchar todos los días y en todas las instancias para que la paz sea una realidad, para que la paz deje de ser manipulada como un elemento de chantaje emocional y sentimental con que se pretende justificar guerras".
Sin embargo, hemos de tener presente que no fuimos educados para la paz ni para la protección de los derechos humanos, se nos educa más para destruir que para construir. Se prefiere enseñarnos a dejar atrás todos los progresos innumerables alcanzados por la inteligencia humana, a olvidar las cosas que nos engrandecen y ennoblecen, a no apreciar las bellezas cotidianas que nos ayudan a ser más humanos para darle paso a la guerra, olvidando entre muchas otras enseñanzas, aquélla de John F. Kennedy: "El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Si no, la guerra establecerá un final para la humanidad".
La guerra que se desarrolla hoy en Irak nos obliga, entonces, a recordar que la tarea permanente de construcción de la paz, de la defensa de la dignidad y del respeto humano está nuevamente frente a nosotros. La coalición Bush-Blair-Aznar desarrolla la invasión de Irak con un bombardeo abrumador y constante.
Miles de misiles y bombas de todo tamaño caen diariamente sobre instalaciones militares, defensas aéreas y sistemas de comunicaciones, pero también sobre la población civil indefensa. El "conflicto breve" que quería el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor del Pentágono, general Richard Myers, al igual que "el colapso del sistema" parece demorar más de lo previsto. La razón de la fuerza busca imponerse sobre la fuerza de la razón de las decenas de millones de hombres y mujeres que en todo el mundo clamamos por la paz.
El propio general Myers, manifestó que ésta sería "una guerra muy, muy diferente" a la del Golfo; con un bombardeo 10 veces más intenso que el de 1991, con "rápidas incursiones terrestres"; "con ataques aéreos para quebrar todo espíritu de resistencia en el enemigo", al tiempo que las tropas de tierra buscarían "destruir en las horas iniciales los sistemas que el ejército iraquí podría utilizar para lanzar las armas químicas y biológicas" que, según Washington, guarda en lugares secretos.
Por su parte, el jefe directo de la operación militar, general Tommy Franks, expresó hace poco más de una semana: "Haremos todo lo posible por evitar víctimas civiles" "Es imposible predecir, sin embargo, si habrá más o menos víctimas, en ambos bandos, que en la guerra del Golfo; eso dependerá de las decisiones que tome el Gobierno de Bagdad, y de si quiere exponer a su población y utilizar escudos humanos", explicó el jefe de la operación.
En 1991, según la versión oficial del gobierno de Irak, murieron en el bando iraquí unos 75,000 soldados y unos 45,000 civiles. Según Estados Unidos, las bajas militares fueron 100,000, y las civiles, 3,000. En el bando de la coalición vencedora hubo 148 muertos estadounidenses, 24 británicos, dos franceses, un italiano y 39 de países árabes. Sirvan esas estadísticas, antes que lleguen las del actual conflicto, para recordar con Jefferson que "la guerra es castigo tanto para el victorioso como para el vencido", y nos decidamos todos los amantes de la paz, de una vez por todas, a asumir nuestras responsabilidades como seres humanos para lograr lo mejor: la paz; para rechazar lo peor: la guerra.
(mabernal@sinfo.net)
Sin embargo, hemos de tener presente que no fuimos educados para la paz ni para la protección de los derechos humanos, se nos educa más para destruir que para construir. Se prefiere enseñarnos a dejar atrás todos los progresos innumerables alcanzados por la inteligencia humana, a olvidar las cosas que nos engrandecen y ennoblecen, a no apreciar las bellezas cotidianas que nos ayudan a ser más humanos para darle paso a la guerra, olvidando entre muchas otras enseñanzas, aquélla de John F. Kennedy: "El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Si no, la guerra establecerá un final para la humanidad".
La guerra que se desarrolla hoy en Irak nos obliga, entonces, a recordar que la tarea permanente de construcción de la paz, de la defensa de la dignidad y del respeto humano está nuevamente frente a nosotros. La coalición Bush-Blair-Aznar desarrolla la invasión de Irak con un bombardeo abrumador y constante.
Miles de misiles y bombas de todo tamaño caen diariamente sobre instalaciones militares, defensas aéreas y sistemas de comunicaciones, pero también sobre la población civil indefensa. El "conflicto breve" que quería el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor del Pentágono, general Richard Myers, al igual que "el colapso del sistema" parece demorar más de lo previsto. La razón de la fuerza busca imponerse sobre la fuerza de la razón de las decenas de millones de hombres y mujeres que en todo el mundo clamamos por la paz.
El propio general Myers, manifestó que ésta sería "una guerra muy, muy diferente" a la del Golfo; con un bombardeo 10 veces más intenso que el de 1991, con "rápidas incursiones terrestres"; "con ataques aéreos para quebrar todo espíritu de resistencia en el enemigo", al tiempo que las tropas de tierra buscarían "destruir en las horas iniciales los sistemas que el ejército iraquí podría utilizar para lanzar las armas químicas y biológicas" que, según Washington, guarda en lugares secretos.
Por su parte, el jefe directo de la operación militar, general Tommy Franks, expresó hace poco más de una semana: "Haremos todo lo posible por evitar víctimas civiles" "Es imposible predecir, sin embargo, si habrá más o menos víctimas, en ambos bandos, que en la guerra del Golfo; eso dependerá de las decisiones que tome el Gobierno de Bagdad, y de si quiere exponer a su población y utilizar escudos humanos", explicó el jefe de la operación.
En 1991, según la versión oficial del gobierno de Irak, murieron en el bando iraquí unos 75,000 soldados y unos 45,000 civiles. Según Estados Unidos, las bajas militares fueron 100,000, y las civiles, 3,000. En el bando de la coalición vencedora hubo 148 muertos estadounidenses, 24 británicos, dos franceses, un italiano y 39 de países árabes. Sirvan esas estadísticas, antes que lleguen las del actual conflicto, para recordar con Jefferson que "la guerra es castigo tanto para el victorioso como para el vencido", y nos decidamos todos los amantes de la paz, de una vez por todas, a asumir nuestras responsabilidades como seres humanos para lograr lo mejor: la paz; para rechazar lo peor: la guerra.
(mabernal@sinfo.net)