La cigarra y la hormiga
Cuenta la fábula de Esopo que las hormigas disfrutaban un día de invierno secando los granos que habían recolectado durante el verano. Una cigarra, muriéndose de hambre, pasaba por allí y pidió un poco de alimento. Una de las hormigas le preguntó, "¿por qué no guardaste algo de comida durante el verano?" La cigarra contestó: "No tuve tiempo pues pasaba el día cantando". Las hormigas, al unísono, contestaron, "si fuiste lo bastante tonto para cantar durante todo el verano, tendrás que ponerte a bailar sin comer durante todo el invierno". La moraleja es que quien no prevé lo que viene, se arriesga a quedar desprovisto. Salvo que se trate de gobiernos republicanos que saben que su mandato es breve y hacen exactamente lo contrario.
Algo parecido sucede en Panamá. Los gobiernos, especialmente el actual, no contento con recabar enormes fondos por razón de las privatizaciones, ha tomado tantos préstamos nuevos como le ha sido posible, al mismo tiempo que ha estado recortando todos los presupuestos de las diferentes reparticiones del Estado que le ha sido posible y hasta donde resultaba controversial y perjudicial a la salud bucal de la población, como fue el caso de la eliminación del flúor del agua potable cuya decisión, admitidamente, tenía más que ver con las disponibilidades de fondos que con las consideraciones aducidas.
En otras palabras, en vez de disminuir la deuda pública y aliviar el peso de la misma sobre las siguientes generaciones de panameños, les deja a los gobiernos futuros la mayor carga financiera de su historia y al pueblo panameño un legado fatal.
Alan Greenspan, Presidente de la Junta Directiva del Federal Reserve (el Banco Central de Estados Unidos) testificando ante el Senado, (The Washington Post - en El Universal del 30 de enero de 1999) resumía su consejo de este modo: "Según desciende la deuda, así descienden las tasas de interés a largo plazo y por tanto también las tasas de interés para hipotecas, y ciertamente el crecimiento económico resulta materialmente mejorado como consecuencia de ello".
Su consejo al gobierno estadounidense fue que destinara los superávit a disminuir la deuda pública. Sin duda un consejo muy sano y previsor.
Comparemos esto con lo que ocurre en Panamá y nos daremos cuenta que aquí no se trata de ser previsores, sino de recabar lo más posible ahora y endeudarse al máximo en todos los frentes. Que vengan las próximas generaciones a pagar por todo ello. Ya la dictadura nos lo hizo, dejándonos una deuda tremenda, al mismo tiempo que el índice de pobreza alcanzaba su más alta expresión.
En efecto, al ocurrir el golpe de Estado que dio inicio a la dictadura que duró 21 años, la deuda pública de Panamá no pasaba de 300 millones de dólares. Al terminar el dominio de la dictadura, la deuda pública ya pasaba de los 4 mil millones y en la actualidad, según la Controlaría General, ("Panamá en Cifras 1993-1997") a fines de 1997 la deuda pública es de 7.429.169 (o sea 7 mil 429 millones 169 mil dólares). El gobierno actual ha estado repitiendo paso a paso ese proceso con similar resultado. Todavía no hay cifras para 1998, pero es fácil estimar que pasará de 8 mil millones y que, al terminar la gestión del gobierno actual, estaremos más cerca de los 10 mil millones que de los 9 mil millones.
Mientras tanto, el desempleo y la pobreza siguen creciendo con similar tendencia.
Algo parecido sucede en Panamá. Los gobiernos, especialmente el actual, no contento con recabar enormes fondos por razón de las privatizaciones, ha tomado tantos préstamos nuevos como le ha sido posible, al mismo tiempo que ha estado recortando todos los presupuestos de las diferentes reparticiones del Estado que le ha sido posible y hasta donde resultaba controversial y perjudicial a la salud bucal de la población, como fue el caso de la eliminación del flúor del agua potable cuya decisión, admitidamente, tenía más que ver con las disponibilidades de fondos que con las consideraciones aducidas.
En otras palabras, en vez de disminuir la deuda pública y aliviar el peso de la misma sobre las siguientes generaciones de panameños, les deja a los gobiernos futuros la mayor carga financiera de su historia y al pueblo panameño un legado fatal.
Alan Greenspan, Presidente de la Junta Directiva del Federal Reserve (el Banco Central de Estados Unidos) testificando ante el Senado, (The Washington Post - en El Universal del 30 de enero de 1999) resumía su consejo de este modo: "Según desciende la deuda, así descienden las tasas de interés a largo plazo y por tanto también las tasas de interés para hipotecas, y ciertamente el crecimiento económico resulta materialmente mejorado como consecuencia de ello".
Su consejo al gobierno estadounidense fue que destinara los superávit a disminuir la deuda pública. Sin duda un consejo muy sano y previsor.
Comparemos esto con lo que ocurre en Panamá y nos daremos cuenta que aquí no se trata de ser previsores, sino de recabar lo más posible ahora y endeudarse al máximo en todos los frentes. Que vengan las próximas generaciones a pagar por todo ello. Ya la dictadura nos lo hizo, dejándonos una deuda tremenda, al mismo tiempo que el índice de pobreza alcanzaba su más alta expresión.
En efecto, al ocurrir el golpe de Estado que dio inicio a la dictadura que duró 21 años, la deuda pública de Panamá no pasaba de 300 millones de dólares. Al terminar el dominio de la dictadura, la deuda pública ya pasaba de los 4 mil millones y en la actualidad, según la Controlaría General, ("Panamá en Cifras 1993-1997") a fines de 1997 la deuda pública es de 7.429.169 (o sea 7 mil 429 millones 169 mil dólares). El gobierno actual ha estado repitiendo paso a paso ese proceso con similar resultado. Todavía no hay cifras para 1998, pero es fácil estimar que pasará de 8 mil millones y que, al terminar la gestión del gobierno actual, estaremos más cerca de los 10 mil millones que de los 9 mil millones.
Mientras tanto, el desempleo y la pobreza siguen creciendo con similar tendencia.