La Cinta Costera
Peligroso y desalentador puede ser llegar a la conclusión de que en Panamá la política es reflejo del odio. Al final de la pasada administración, pese a todo, la ciudadanía vio con satisfacción la inauguración de la “Cinta Costera”. No sólo por la solución efectiva a los engorrosos tranques vehiculares, sino por la espectacularidad de la obra. Definitivamente la Cinta le cambió el rostro y marcó a la ciudad, dio espacios abiertos a los ciudadanos que ahora la disfrutan y produjo una imagen con la que viviremos por años. Sorprendentemente, a casi un año de su inauguración, el abandono oficial no le augura un futuro feliz: muchas de las palmeras plantadas se han caído, los “ojos de gato” de la vía han desparecido, parte del césped parece calcinado, el hermoso monumento a Vasco Núñez de Balboa, en las noches navega en la penumbra porque no hay un sólo reflector que lo ilumine. Muchos de los deterioros causados por la alcaldía durante la pasada navidad no se han subsanado. Pareciera que el olvido oficial tuviera un sello político: como lo hizo el gobierno de tal o cual partido, mejor es dejarla que se deteriore aunque la inversión lleve en su médula el aporte de todos los contribuyentes panameños. Nadie asume la responsabilidad por esta plaza tan hermosa. Ni el municipio, ni el Ministerio de Obras Públicas, ni la empresa que la construyó. ¿Incapacidad oficial o indiferencia política? En cualquier caso se reflejan valores muy bajos.