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La ciudad enferma


Aquellos extranjeros que tienen la oportunidad de visitar por unos días la capital de Panamá, quedan maravillados por el empuje de su aparente desarrollo. La vigorosa construcción de rascacielos, con las innumerables grúas que desafían las alturas, es una muestra de la indudable pujanza de la ciudad de Panamá, dicen con orgullo los promotores inmobiliarios.

Pero ningún cuerpo puede crecer si no lo hace con lógica y en adecuada proporción de todas sus partes. Cuando en un ser vivo se produce el crecimiento desordenado de alguno de sus componentes, se considera que padece de alguna enfermedad, causante de la malformación.

Pues bien, eso es lo que parece estar sucediendo con la muy noble y leal ciudad de Panamá.

Sin avenidas suficientes, sin infraestructura adecuada y sin planificación, se han venido otorgando permisos para construir torres de apartamentos y oficinas en áreas que no fueron diseñadas originalmente para soportar la carga adicional que aquellos edificios representan.

Lo grave de la enfermedad que padece la ciudad es que hasta ahora parece ser incurable. ¡Trágico!

101 años de Panamá América

 
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