default

La clave secreta del Dr. Ricardo J. Alfaro


Mi padre Samuel Lewis Arango fue nombrado a principios de 1945, cuando aún se luchaba la Segunda Guerra Mundial en Europa y Asia, embajador de Panamá en Washington.
Por esa época, cuando los diplomáticos presentaban sus Cartas Credenciales, sus esposas eran invitadas a un té en la Casa Blanca con el objeto de que conocieran, en este caso, a la Sra. Roosevelt.
El día señalado para la ceremonia mi padre y mi madre, por separado, se dirigieron a cumplir sus respectivas visitas protocolares a la Casa Blanca. Mi padre fue un gran admirador del presidente Franklin Delano Roosevelt y tanto él como mi madre lo sentían igualmente por la Sra. Roosevelt, quien siempre abogó por las minorías en su país, por los humildes del mundo entero y fue una gran defensora de los derechos humanos. Ella hizo causa común con su esposo en su política del "buen vecino". En la tarde de ese día de la presentación de las Cartas Credenciales de mi padre y la visita de mi madre a la Sra. Roosevelt nos reunimos con ellos mi hermano Gabriel, mi hermana Carmen Teresa y yo para que nos contaran sus impresiones de esa mañana. Mi madre fue la primera en hablarnos y nos manifestó que la Sra. Roosevelt estaba muy preocupada por la salud de su esposo que no tenía apetito, comía muy poco y su impresión era que estaba perdiendo por completo el paladar. Todo le sabía igual. Mi padre nos informó sobre la pobre impresión física que le causó Roosevelt; lo vio demacrado, tembloroso, muy delgado y había perdido inclusive esa contagiosa sonrisa que tanto impactó al norteamericano. Nos dijo con tristeza que él pensaba que ese gran líder del mundo libre no podría vivir por mucho tiempo. También nos contó que en un momento de la conversación el Presidente Roosevelt le preguntó que "cómo estaba su buen amigo, el Dr. Harmodio Arias, por quien sentía gran simpatía", no así por el "Dr. Arnulfo Arias a quien veía como un aliado de Hitler y de los nacional-socialistas alemanes en la América Latina".
Mi padre redactó un mensaje al Presidente de Panamá informándole de su preocupación y la urgencia que significaba para nuestro país el tratar cualquier asunto de prioridad en nuestras relaciones con la gran potencia norteña. Gabriel y yo quedamos en poner en "clave" el mensaje al Presidente de Panamá; "clave" que años atrás había elaborado el Dr. Ricardo J. Alfaro.
Era una "clave" para esa época complicada y a mi hermano y a mí nos tomó varias horas de la noche el transcribir el mensaje. Supimos después de terminado el conflicto que esa "clave" tenían que conocerla los norteamericanos, pues su servicio de espionaje había descubierto otras más secretas y mucho más difíciles de los alemanes y de los japoneses. Esa "clave" que sería una reliquia histórica hoy día, que representó otra de las valiosas contribuciones que ese ilustre panameño, el Dr. Ricardo J. Alfaro, le hizo al país, desapareció.
Traté posteriormente en vano con varios embajadores de Panamá en Washington de localizarla. Nunca la pude encontrar.
Mi padre resultó ser el último embajador en presentarle credenciales al presidente Roosevelt. Este a los pocos días se trasladó a Warms Spring, Georgia, donde el 15 de abril murió repentinamente víctima de un fulminante derrame cerebral.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América